Hoy, 22 de marzo, cumple años
Lena Olin, concretamente 57. Y no puedo pasar la oportunidad de repasar la trayectoria de una actriz como ella, sin duda, uno de los talentos más injustamente mal aprovechados por Hollywood en toda su historia. Nacida en Estocolmo, perteneciente a una familia de artistas de renombre en su país natal, Suecia, puesto que su padre no es otro que
Stig Olin, cantante, compositor y, sobre todo, actor de algunos títulos imprescindibles del director sueco por excelencia,
Ingmar Bergman. Su madre, por cierto,
Britta Holmberg también es actriz y su hermano,
Mats Olin, un conocido cantante en Suecia. Sin embargo, fue Lena la que mayor repercusión popular obtendría fuera de las fronteras del país nórdico, en el que cobró notoriedad al representar sobre los escenarios los repertorios de autores tan célebres como
Henrik Ibsen o
August Strindberg, llegando a trabajar en el Teatro Nacional de Estocolmo nada menos que a las órdenes de Bergman, quien le daría, además, pequeños papeles en dos de sus mejores obras cinematográficas:
Cara a cara, al desnudo (Ansikte mon ansikte) (1976) y, sobre todo,
Fanny y Alexander (Fanny och Alexander) (1982).