Karra Elejalde regresa el viernes a los cines.

Repasamos la filmografía del actor cuando regresa a la comedia con "Ocho apellidos vascos".

Palmarés XXIII Premios de la Unión de Actores.

"Caníbal", de Manuel Martín Cuenca, una de las vencedoras con 2 premios.

17º Festival de Málaga. Cine Español.

La Sección Oficial está compuesta por 15 largometrajes muy esperados para este 2014.

17º Festival de Málaga. Cine Español.

Seis títulos integran la sección paralela, competitiva, Zonazine, el espacio independiente.

17º Festival de Málaga. Cine Español.

Málaga Premiere y Estrenos Especiales completan la oferta de novedades del certamen.

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viernes, 24 de mayo de 2013

"La última isla": una aventura sin magia ni argumento.


Las referencias al clásico de Lewis Carroll están decididamente patentes a lo largo y ancho de todo el transcurso del debut de la sevillana Dácil Pérez de Guzmán en la realización de largometrajes. La última isla toma no sólo el nombre de la protagonista de la inmortal "Alicia en el país de las maravillas" sino, además, quiere lanzar una baza a favor y en defensa del poder de la imaginación, como contrapunto nihilista a la marcianada vida robótica que nos han dicho que hemos de vivir. Por ello, decide mandar a su caprichosa y mimada protagonista, una niña habituada a una gran ciudad como Barcelona, absolutamente repelente, a pasar sus vacaciones estivales a la lejana, extraña y bellísima isla de El Hierro, con una tía lejana y donde el progreso lo representa un anticuado teléfono colgado de un poste en medio de la carretera, en medio de ninguna parte. A la infeliz de Alicia, literal y metafóricamente hablando, no le quedará otra que echar mano de su imaginación para hacer de tan desventurada situación una experiencia inolvidable. Y, por supuesto, lo consigue.


Todo el planteamiento de La última isla posee no poca atmósfera a cuento mágico, que se desprende por la evocadora e intrigante fotogenia del paisaje que sirve de contexto a la historia, así como también al concurso de unos personajes secundarios bastante peculiares, desde esa tía adusta al principio y que dicen que es bruja hasta unos niños que viven y disfrutan de su armonía con la naturaleza, pasando por ese hombretón estrafalario tratando de aprenderse de memoria las palabras de un enorme diccionario mientras aspira a dar caza al dragón que esconde la isla. Pero La última isla descubre pronto que todo lo que se nos antojaba atrayente y sugestivo de su premisa, no está convenientemente sustentado por un desarrollo profundo y caval. Ninguno de los personajes tiene más bagaje interno que el esbozado en las líneas descriptivas anteriores y ni tan siquiera el paisaje ejerce la influencia mágica que se nos pronosticaba. Y, lo que es aún peor de todo, esta ópera prima revela en seguida que no posee una verdadera trama cinematográfica que sustente tanta extrañeza.



De este modo, la película se convierte pronto en un apresurado viaje a un mundo fantástico generado por la imaginación de sus personajes protagonistas pero que nunca llega a ser plasmado, ni siquiera esbozado, ante la cámara. La cinta la componen un encadenado de secuencias rápidas, como anecdóticas, que sí fomentan la extrañeza del espectador, pero únicamente por encubrir la ausencia de verdadera consistencia en una trama excesivamente exigua, absolutamente testimonial. Por ello, al final, la resolución del conflicto se nos antoja no ya precipitada, sino totalmente gratuita, y no por falta de previsibilidad (pues todo el conjunto, además, adolece de una flagrante incapacidad para la sorpresa), sino por el escaso desarrollo y entramado de las distintas historias, principales y secundarias, que salpican el metraje de La última isla, dando como resultado una película que como cinta familiar no funciona, al no proporcionar en ningún momento puntos de ruptura en su lánguido acontecer, no propiciando ni la intriga ni la emoción que se hubieran necesitado para satisfacer a grandes y pequeños; pero tampoco sirve como metáfora de la gris existencia de la realidad frente a las maravillas de la imaginación, al existir una absoluta falta de riesgo en la lineal y convencional planificación de toda la película y al optar, siempre, por describirlo todo en un tono molestamente ñoño y reblandecido.



Por ello, y aún elogiando las buenas y poco pretenciosas intenciones de sus responsables, hay que incluir a esta cinta en el innumerable listado de las ocasiones perdidas y/o mal aprovechadas de nuestro cine. Porque lo que podría haber generado una envolvente fábula deviene en un desvaído concurrir de tópicos sacados del cine para niños más rancio y comercial, y que, encima, no nos ahorra la inevitable moraleja final. Aunque, sin duda, lo que más hay que lamentar de esta cinta es que ni tan siquiera sus experimentados intérpretes adultos logran dar algo de enjundia a un producto finalmente soporífero. Así, Julieta Serrano apenas puede hacer más que incorporar a la causa su incombustible presencia, eso sí, con un extraño acento. Lo mismo le sucede a Eduardo Velasco, cuya doble labor ofrecía buenas posibilidades de lucimiento que el guión, esquemático y lleno de clichés le resta sin paliativos. Por no hablar de un Antonio Dechent absolutamente invisible o una Maite Sandoval estereotipadísima. Del trabajo de la debutante y protagonista Carmen Sánchez casi mejor no hablar, debido al innumerable catálogo de tics, aspavientos y mohines con el que la niña recorre tan aséptica aventura.


Puntos fuertes a los Goya 2014:
- Mejor Dirección de Fotografía: Alberto López Palacios.

viernes, 17 de mayo de 2013

"El cosmonauta" aterriza para revolucionar la cartelera.

¡¡¡Ya es viernes!!! Y esta semana parece que todo es Cannes y su recién inaugurada edición del 2013 con, prácticamente lo mejorcito del año, a punto de ver la luz dentro de su programación. Pero no, aquí en España, debemos seguir atentos a la actualidad cinematográfica, en vista de que este año no nos han seleccionado ningún filme para competir en el festival de festivales, y ésta pasa por renovar la cartelera con los nuevos estrenos que van a intentar hacerse notar en las marquesinas. Mucho cine español llega este viernes, concretamente tres títulos, uno de ellos inesperado hasta hace unos pocos días y otro, por el contrario, bastante anhelado desde hace bastantes meses.

La(s) peli(s) del finde.


Iniciamos este repaso a las novedades del fin de semana con el esperado estreno en salas de El cosmonauta, de Nicolás Alcalá, de la que ya os habíamos informado en nuestro pertinente y previo repaso a los estrenos nacionales del mes. Se trata del primer filme financiado casi exclusivamente a través del (ya os debería sonar el nombre) crodwfunding, un sistema de microdonaciones en el que cualquier persona podía convertirse en productor de la película aportando desde, tan sólo, 2 insignificantes euros. El cosmonauta, que narra la historia de un joven que se pierde en el espacio durante siete meses y que, al regresar a la Tierra, la encuentra inhabitada, es el primer proyecto "transmedia" que se hacen en España, lo que quiere decir que además de su exhibición en cines, el sábado día 18 de mayo el público podrá visionarla de manera simultánea a través de Internet, DVD y televisión de pago. Las previsiones de éxito de la cinta, debido a la falta de antecedentes, no están claras, lo que sí que llama la atención es la intención manifiesta de desafiar el sistema establecido con semejante opción para su distribución y exhibición. ¿Repercutirá el ejemplo de El cosmonauta en la forma de consumir Cine a partir de ahora?


Por vías convencionales llega este viernes a los cines la ópera prima de Dácil Pérez de Guzmán, La última isla, una cinta de marcado corte familiar que ha supuesto para su debutante directora andaluza un auténtico esfuerzo llevar a cabo y es que, además de directora, también es su productora. Con el apoyo del Gobierno de Canarias y de la Junta de Andalucía, además del concurso de las productoras Sakai Films (andaluza), Rainbow Films & Video (canaria) y Fausto Producciones (catalana), De Guzmán ha logrado por fin sacar adelante una película de la que, también, es co-guionista. En ella, nos cuenta la historia de Alicia (la detutante cinematográfica Carmen Sánchez), una niña mimada y egoísta que está loca por los videojuegos y a la que su madre decide mandar a una isla donde vive la vieja tía Belinda. Sin agua corriente ni electricidad, junto al mar y al pie de volcán, Alicia teme que las vacaciones sean un muermo. Por añadidura, se rumorea que su tía es bruja, que hay un hombre que persigue dragones y dos niños muy extraños. Algo misterioso y magnético emana de la montaña. Con reminiscencias a la "Alicia" de Lewis Carroll, pero según el crítico Joaquín Torán (en el nº433 de Dirigido por...) también al escritor de fantasía alemán Michael Ende, La última isla llega a las salas para proponernos un cuento mágico, intentando con ello abrir nuevas vías para el cine español actual. La intención les honra y, además, la película cuenta con presencias secundarias del calibre de Julieta Serrano, Antonio Dechent, Eduardo Velasco o Maite Sandoval.


El último de los estrenos nacionales en aterrizar este viernes en las pantallas lo conocimos hace apenas una semana y es Ali (2012), debut en la dirección de Paco R. Baños. Inicialmente previsto su estreno para el pasado 26 de abril, Ali, que lleva más de un año esperando ser estrenada comercialmente (participó en la Sección Oficial del Festival de Málaga 2012), logra por fin llegar a las salas, eso sí, con poca campaña promocional a su espalda, lo que repercutirá (lamentablemente) en una más que invisible carrera comercial. De nuevo, contamos con otro protagonismo femenino, esta vez adolescente, llamado Alicia, una chica que vive en "el país de Ali", un lugar donde no es frágil ni vulnerable. Tiene dieciocho años, una madre, dos amigas, un vecino y un trabajo en un supermercado. Aunque piensa que lo controla todo, ahora Ali se ha enamorado y tiene que atreverse a abandonar el país de Ali para asomarse al país de Alicia. La película, que se pudo ver también en el reciente Atlántida Film Fest de este año y que organizaba Filmin, ha gustado en general a quienes la han visto, como leemos en Cine Maldito, Blog de Cine o en No Solo Cine, precisamente por su evidente sencillez. Es una lástima que, un título como éste, llegue tan de tapadillo a las carteleras nacionales, por muy independiente que sea. También por contener el primer papel protagonista en el cine de la encantadora Nadia de Santiago, muy bien acompañada por Julián Villagrán y Verónica Forqué, en la que supone su primera actuación para el cine en el último lustro.

¿Bienvenido, Mr. Marshall?

De primeras, para nada. Y es que desembarca en las salas españolas uno de las más sonados bodrios estadounidenses de los últimos años: Dark Tide (Marea Letal) (2012), de John Stockwell, un tío especialista en películas con ambientación submarina, aunque lo que parece que de verdad le pone no es sólo meter la cámara bajo el agua, sino meter con ella a alguna tía buena de turno, con el bikini más diminuto que sea posible, y hacerla pasar un mal rato. En esta ocasión le tocó a una desorientadísima Halle Berry, que desde que ganara el Oscar nunca más supo qué hacer con su trayectoria. Le acompaña el inexpresivo Olivier Martínez en este película sobre una monitora de buce que, tras nueve años después de sufrir el ataque de un gran tiburón blanco, decide enfrentarse al miedo y volver a bucear en aguas profundas junto al gran escualo cuando le hacen una oferta irrechazable para nadar entre tiburones. Sí, amigos y amigas, es un bodrio. Y no hace falta pararse a leer las críticas vertidas en Estados Unidos, donde no llegó ni a estrenarse en salas, pasando directamente al VOD (Video On Demand), vídeo a la carta por la Televisión por Cable americana. Aunque si alguno siente curiosidad por saber cómo se las gastan los especialistas despachando semejantes productos como éste, atentos a las publicadas en su día en Variety, en The New York Times o en The Hollywood Reporter. Lo más cabreante de todo es que, hablando mal y rápido, algo con lo que han vomitado en los Estados Unidos, nosotros lo vamos a estrenar por todo lo alto, copando bastante espacio en nuestras marquesinas y dándoles pasta a mansalva. ¿Nos toman el pelo o qué?

El otro estreno netamente estadounidense del finde es lo nuevo de Rob Zombie, The Lords of Salem (2012), que como viene siendo habitual en él se adscribe de nuevo al género fantástico. Esta vez para contarnos que hace mucho tiempo, Salem (Massachusets) era el centro neurálgico del mal, el lugar donde las brujas celebraban sus aquelarres. En la actualidad es, al menos en apariencia, una ciudad normal. Heidi presenta un popular programa de radio centrado en el rock duro; un día, recibe un vinilo promocional de una banda llamada The Lords. La música, extraña y siniestra, la deja profundamente turbada, provocándole pesadillas y alucinaciones. La cinta ha dividido por completo a la crítica estadounidense, así leemos comentarios positivos en Time Out o en The Hollywood Reporter, pero también algunos bastante condenables desde Entertainment Weekly o The New York Times. En nuestro país, uno de los primeros en posicionarse fue el crítico Tomás Fernández Valentí en su blog, de quien os dejamos la siguiente observación, extraída de su crítica en el nº433 de la revista Dirigido por...: "Zombie firma su obra más radical y provocativa con The Lords of Salem, un film de terror de bajo presupuesto pero pletórico de inventiva que confirma la gran categoría que su realizador ostenta en el contexto del actual cine fantástico norteamericano".

Y ahora llegamos, por fin, al título más destacado de todos los que se estrenan esta semana en las carteleras. Sí, no podíamos hablar de cualquier otro si no de The Great Gatsby (El gran Gatsby), adaptación de la novela homónima de F. Scott Fitzgerald en la que se nos cuenta cómo en la alta sociedad norteamericana de los años 20 del pasado siglo, llama la atención la presencia de Gatsby, un hombre misterioso e inmensamente rico, al que todos consideran un advenedizo, lo que no impide que acudan a sus fastuosas fiestas mientras Gatsby vive obsesionado con la idea de recuperar al amor de su juventud. Estamos ante la tercera versión cinematográfica de tan célebre obra literaria y no siendo ninguna de las dos anteriores obras maestras en absoluto (ni siquiera están cerca de serlo), ¿iba a poder el australiano Baz Luhrmann, responsable de esta nueva revisión, lograr transmitir con imágenes el poderoso sentido de las palabras de Fitzgerald? La película, que ha inaugurado el presente Festival de Cannes (fuera de concurso) parece erigirse en la gran decepción cinematográfica del año. Y es que, reconozcámoslo, el sentido cinematográfico sumamente estrafalario, recargado y fastuoso del director de, por ejemplo, el Moulin Rouge del 2001, poco adecuado se presentaba para llevar a buen puerto la puesta en imágenes de una novela de tamaño calibre. La pregunga a continuación es la que sigue: ¿era necesario una nueva visita al personal e inadaptable universo Fitzgerald? Según Carlos Boyero, desde Cannes, no. Pero es que la prensa especializada extranjera se ha dividido casi por completo ante esta videoclipera nueva película de Luhrmann, así encontramos opiniones para todos los gustos, desde los que encuentran motivos para recomendarla, como en The New York Times o en The Hollywood Reporter, hasta los que directamente la atacan como una película para público adolescente, como leemos en The New Yorker, o escandalosamente ruidosa, como en The Wall Street Journal. Lo mejor que se puede decir de El gran Gatsby, versión 2013, es el protagonismo de un entregado Leonardo DiCaprio, como siempre inmerso en algunos de los proyectos más decididamente importantes del Hollywood actual, bien acompañado (parece) por Tobey Maguire y una encantadora Carey Mulligan.

Y, para cerrar este repaso a los estrenos de ficción del fin de semana, Kauwboy (2012), de Boudewijn Koole, que parece llegar a las salas para confirmarnos eso de que el buen cine siempre llega de fuera de los Estados Unidos. Al menos, esta máxima se ha cumplido esta semana. A priori, esta cinta holandesa se nos presenta como el estreno foráneo más sugestivo del finde. La película nos pone en la piel de Jojo, un niño que tiene unos diez años y vive con su padre, casi siempre ausente debido a su trabajo. Según Jojo, su madre – una cantante country– está de gira. Su padre no pasa por un buen momento y Jojo oscila entre una precoz independencia y la necesidad de contención. La cinta, que ha encandilado a la prensa extranjera, como leemos en Time Out y en The Hollywood Reporter, es una pieza pequeña, de esas que cautivan con pocos elementos, y que fue la encargada de representar a su país en los últimos Premios Oscar. Al final no resultó nominada, pero eso no quiere decir que no estemos ante una pequeña joya cinematográfica que no deberíamos perdernos y que se une a otras obras recientes, como Tomboy (2011), de Céline Sciamma, como radiografías honestas y sencillas, sin florituras de ningún tipo, de esa etapa tan marcadamente significativa en las vidas humanas como es la de la infancia.


Vamos a intentar levantar un poco los ánimos de la taquilla este fin de semana, ¿no? Buenas ofertas hay y si no, siempre podéis (mal)gastar el dinero en ver las últimas superproducciones alienantes que nos brinda generosamente la Meca del Cine. Yo os aconsejaría inclinarse por la Versión Original Subtitulada y no creo que la distribuidora de un título como Marea letal ponga en circulación ninguna copia de su engendro en tales condiciones.

¡¡Un saludo, Sinvergüenzas!!

miércoles, 15 de mayo de 2013

Mario Casas crece como actor en "La mula".


Probablemente, nuestra opinión sobre un filme como La mula distaría mucho de la que es tras su visionado si ésta hubiera llegado a las salas en la forma y en el fondo en los que la había concebido su autor original, el director británico Michael Radford. Cierto es que su toque, entre sentimental y academicista, se deja ver en buena parte del metraje, se intuye y se adivina en la concepción de algunas partes de la película, pero no en todas. Ahí radica el principal defecto de la película, en que los problemas y tensiones que provocaron la retirada del director diez días antes de concluir el rodaje de la película se hacen patentes en notorios y poco disimulados errores técnicos que salpican toda la puesta en escena de La mula. Son especialmente llamativos algunos fallos de raccord, discontinuidades espaciales desconcertantes y confusas, incómodos cambios en las texturas y la iluminación de unas cuantas imágenes, que por momentos, dan la impresión de pertenecer a películas distintas. En cierto modo es así, al menos pertenecen a directores distintos y el montaje final, debido a una experta en el campo como es Teresa Font (El día de la bestia, Días contados), acusa en exceso la parcheada concordancia entre el material original, rodado por Radford, y el añadido, atribuido a Sebastián Grousset.


Esto y un guión que estira sin demasiada inspiración una premisa argumental que más que trama debe llamarse MacGuffin, pues sólo hace las veces de pretexto para invitarnos a acompañar a ese joven acemilero jienense en pleno frente de batalla, más preocupado por el bienestar de su mula y por su romance sentimental, que por los olores a guerra y la batalla ideológica que dividía al país. De este modo, el guión, basado en la novela homónima de Juan Eslava Galán, desaprovecha escandalosamente las infinitas posibilidades que la historia le ofrecía de efectuar un certero y desmitificador retrato de la Guerra Civil española, y que al no profundizar en las diversas situaciones que nos plantea, ni tan siquiera hace un mínimo esfuerzo en ahondar en las voluntades y los ánimos de los diversos personajes que jalonan el metraje, da de sí un nada hiriente paseo por la contienda. Todo está en La mula cogido como con pinzas y falto de verdadero interés cinematográfico, pues resulta demasiado evidente la escasa voluntad autoral de sus imágenes, que no emocionan ni conmueven y simplemente se suceden dejándonos imperturbables en nuestras butacas.


Y, sin embargo, a pesar de todo ello, La mula no es una mala película. Pues sobre tanta adversidad, siempre prevalecen las múltiples virtudes de un filme que resulta loable y valiente. Loable por lograr mantener intacta la atmósfera algo naif que impregnaba ya el original literario y porque esté toda la puesta en escena de la cinta salpicada de un aura verdaderamente entrañable y candoroso. Planteada bajo los estilemas de la comedia romántica tradicional, La mula logra traspasar los tópicos y pervivir como una simpática, que no divertida, mirada a una trágica contienda fratricida, alejándose desde su mismo arranque de la, tan socorrida por nuestro cine, actitud panfletaria y apologética. Sin siquiera tener la intención de llegar al despiece satírico de Berlanga y Azcona en La vaquilla (1985), La mula obtiene buenos resultados en la materia al ironizar desde una base oportunamente ternurista sobre los leit-motivs de la barbarie bélica, lo que la convierte en una película en cierto modo valiente. También porque, por primera vez en mucho tiempo en una cinta española, se afronta la Guerra Civil desde dentro de las mismas trincheras, donde los bombardeos y las balas perdidas son el pan de cada día, siendo estos momentos los más certeramente conseguidos de toda la película, gracias a la intensidad y a la verosimilitud que contienen las imágenes, a lo que ayuda definitivamente la renuncia del film a utilizar un escenario ranciamente recreado.


Esta apuesta por la utilización de localizaciones realistas dota a la película de la garra y el empuje del que carece el libreto que la sustenta, algo que también sucede en el campo interpretativo, donde es el trabajo actoral el que otorga sustancia y entidad a unos personajes demasiado lineales, en apariencia superficialmente bosquejados. El gran pilar sobre el que se sostiene toda la película es, de lejos, la labor de su protagonista, un Mario Casas absolutamente empático y convincente en la piel de ese descreído e inocente cabo que supone el mejor empeño interpretativo del actor hasta la fecha. Su acemilero se nos presenta imprevistamente matizado siempre, incluso allí donde hubiera sido fácil salir airoso tirando de tics y viciados hábitos interpretativos, Casas responde con notable entereza y no poco encanto. A su lado, María Valverde, pizpireta, juguetona, ilumina la pantalla, irradia frescura, pero no logra solventar el que su personaje no sea más que un mero elemento decorativo en la función. Es, por el contrario, Secun de la Rosa el otro intérprete que ha de recibir más parabienes, tirando de su contrastado buen hacer en cometidos similares se impone pronto como el elemento cómico del relato, evolucionando con entusiasta soltura y campechanía. Tanto ellos como el resto de un aplicado y correcto reparto, donde se hace obligado destacar el concurso de Pepa Rus, Luis Callejo, Jesús Carroza, Eduardo Velasco y Maite Sandoval, todos con ejemplares acentos, elevan al final la inconexa y ensimismada ligereza corrosiva del conjunto consiguiendo que merezca la pena detenerse a contemplar La mula.


Puntos fuertes a los Goya 2014:
- Mejor Actor: Mario Casas.
- Mejor Actor Secundario: Secun de la Rosa.
- Mejor Dirección Artística: Jonathan McKinstry.
- Mejor Diseño de Vestuario: Nereida Bonmatí.
- Mejor Sonido: Licio Marcos de Oliveira y Jordi Rossinyol Colomer.
- Mejores Efectos Especiales: Reyes Abades.