
Situarse ante un film como Ayer no termina nunca, lo último en llegar a las salas de Isabel Coixet, no es fácil. Primero por la propia condición del mismo, una película intimista, de bajo coste, de base visiblemente teatral (dos personajes, un único escenario) y que además comulga con el estado de indefensión e impotencia de la sociedad española actual sometida bajo presión constante ante esta demoledora crisis que llevamos a cuestas. Pero,...