Karra Elejalde regresa el viernes a los cines.

Repasamos la filmografía del actor cuando regresa a la comedia con "Ocho apellidos vascos".

Palmarés XXIII Premios de la Unión de Actores.

"Caníbal", de Manuel Martín Cuenca, una de las vencedoras con 2 premios.

17º Festival de Málaga. Cine Español.

La Sección Oficial está compuesta por 15 largometrajes muy esperados para este 2014.

17º Festival de Málaga. Cine Español.

Seis títulos integran la sección paralela, competitiva, Zonazine, el espacio independiente.

17º Festival de Málaga. Cine Español.

Málaga Premiere y Estrenos Especiales completan la oferta de novedades del certamen.

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lunes, 20 de enero de 2014

Nuevos estrenos confirmados para este primer semestre del 2014.

La semana pasada, la consultora Rentrak desvelaba las fechas de estreno confirmadas de nuevos y esperados títulos de nuestra cinematografía, rellenando un poco más el vacío calendario de estrenos previsto para los próximos meses. A falta de conocer los títulos que formarán parte de la 17ª edición del Festival de Málaga y que, muy probablemente, se rifarán su fecha de estreno en el segundo trimestre del año, estas son las tres películas que cuentan ya con fecha definida para su llegada a las salas.

Cry/Fly (No llores, vuela), de Claudia Llosa.
Estreno: 28 de marzo de 2014.


Seleccionada para formar parte de la Sección Oficial del prestigioso Festival de Berlin, Cry/Fly (No llores, vuela) es el nuevo largometraje de la directora peruana afincada en España, Claudia Llosa, que ya ganó el Oso de Oro en el mismo certamen con La teta asustada (2009), por la que también fue nominada al Oscar en la categoría de mejor película extranjera. Se trata de un film protagonizado por Jennifer Connelly, Cillian Murphy, Mélanie Laurent y Oona Chaplin, una producción de José María Morales (Wanda Vision) e Ibón Cormenzana (Arcadia), con la participación de TVE, CANAL+ y TV3. Coproducida por Canada y Francia y rodada íntegramente en Canadá, en ella, a través de una madre (Jennifer Connelly) y un hijo (Cillian Murphy), nos sumergimos en el pasado, marcado por un accidente que les separa. Ella se convertirá en una famosa artista y sanadora, él en un peculiar cetrero que vive marcado por las huellas de una doble ausencia. En el presente, una joven periodista (Mélanie Laurent) propiciará un encuentro entre ambos que nos hará cuestionarnos el sentido de la vida y del arte, para plantearnos la posibilidad de asumir una vida plena a pesar de las incertidumbres.

Perdona si te llamo amor, de Joaquín Llamas.
Estreno: 20 de junio de 2014.


A punto de iniciar la estación estival llegará a las salas la nueva adaptación de uno de los referentes del género romántico en la literatura, el italiano Federico Moccia, de quién el realizador televisivo Joaquín Llamas adaptará Perdona si te llamo amor, tratando de repetir el éxito que cosecharon en la taquilla española sus anteriores adaptaciones a cargo de Fernando González Molina, Tres metros sobre el cielo (2010) y Tengo ganas de ti (2012). Producida por Telecinco Cinema, se trata de un remake de una primera adaptación que ya firmara el propio autor de la novela en 2008 en Italia, en la que Álex es un ejecutivo publicitario de éxito, que lo tiene todo: es atractivo, inteligente y brillante, pero a sus 37 años aún no ha alcanzado la estabilidad emocional que tanto ansía. Incapaz de asumir el rechazo de su novia a su propuesta de matrimonio, su idílica vida comienza a desmoronarse. Es en ese momento cuando irrumpe en su camino como un vendaval Niki, una joven estudiante de tan solo 17 años que no sólo consigue seducir y enamorar a Álex, sino dar un giro total a su vida. El actor italiano Daniele Liotti y la revelación Paloma Bloyd encabezan un reparto en el que también figuran Cristina Brondo, Adrià Collado, Andrea Duro, Jan Cornet, Irene Montalà, Pep Munné y Oriol Vila.

Blockbuster, de Tirso Calero.
Estreno: 6 de junio de 2014.


Vista en la Sección Oficial del último Festival de Gijón, de donde no arrancó muy buenos comentarios de la prensa, en junio verá la luz por fin en las salas Blockbuster. Se trata de la segunda película de Tirso Calero, tras su desapercibida y de estilo casi amateur Carne cruda (2011). Un homenaje cinematográfico a los actores y al séptimo arte, siguiendo los pasos de un veterano actor (Manolo Zarzo), una auténtica gloria nacional, aquejado de una enfermedad terminal, que decide participar en un corto de ciencia-ficción que dirigen unos jóvenes 'frikis'. Rodada a caballo entre Alicante y Galicia, la película recupera además para la gran pantalla a otros tantos veteranos de nuestro cine: Luis Varela, María José Alfonso, Jesús Guzmán, Guillermo Montesinos o Fernando Esteso. Además, ofrecerá un protagonista cinematográfico a una de las revelaciones jóvenes surgidas de la pequeña pantalla en los últimos años: Adam Jeziersky, famoso gracias a la serie adolescente Física o química. La película está producida por Digital Cine Media, Gold Tower Producciones y GoldStudio Lab.

    miércoles, 20 de noviembre de 2013

    Mala acogida crítica para "Blockbuster", de Tirso Calero, en Gijón.


    El único título nacional presente en la Sección Oficial a concurso de la 51ª edición del presente Festival Internacional de Cine de Gijón ha visto por fin la luz. Se trata de Blockbuster, de Tirso Calero, cinta rodada en blanco y negro, que cuenta la historia de un viejo y olvidado actor que se resiste a no actuar más y quiere morir con las botas puestas aunque tenga que embarcarse en una arriesgada aventura. Se trata de un film de bajo presupuesto, de aire melancólico y tono crepuscular sobre el universo de los actores y, en particular, sobre las viejas glorias caídas en el olvido.


    Protagonizada por un veterano de la categoría de Manolo Zarzo, con una trayectoria artística que se remonta a los años 50 del pasado siglo, estrella de la gran pantalla durante las décadas de los sesenta y setenta, y por el joven y televisivo Adam Jezierski, a los que secundan un catálogo de reputados intérpretes nacionales de históricos recorridos como son Luis Varela, María José Alfonso, Jesús Guzmán, Fernando Esteso o Guillermo Montesinos, la recepción crítica recibida por la película ha sido, lamentablemente, mala.

    Las tres crónicas de la cuarta jornada del certamen que hemos consultado aportan opiniones que rozan el desastre sobre la cinta de Calero. Así, en Cinemanía, señalan que "lo que podría ser una exploración del oficio se transforma en un bochornoso quiero y no puedo que se ahoga en referencias pop (Clerks, Chuck Norris) y abusa de un humor que dejó de tener gracia hace más de dos décadas. Como curiosidad, Fernando Esteso se interpreta a sí mismo en un cameo tan gratuito como desaprovechado, buscando la complicidad del espectador con planos fijos de sus ojos llorosos. No lo logra".


    En Videodromo, son incluso más severos, repartiendo leña hasta a los encargados de seleccionar las películas del certamen, diciendo que "con todo el respeto y admiración que merece un Festival de Cine de esta categoría, hay que escribir unas líneas bastante críticas con la selección de una cinta en competición oficial que lastra muchísimo el buen hacer que desarrolló el equipo de selección de películas tanto el año pasado como lo que habíamos visto hasta ahora en el presente certamen", para a continuación comentar, respecto a Blockbuster, que "todo el artificio que la compone es tan flojo, se mire por donde se mire, que ni la presencia de Fernando Esteso o un esforzado Adam Jezierski logran sacar una mueca de sonrisa ingeniosa. Ni el gran Manolo Zarzo, en quien recae el peso de interpretar a un trasunto de sí mismo, ni otros olvidados que merecen reconocimiento por su gran trayectoria (el citado Esteso, Jesús Guzmán, Maria José Alfonso, Mirta Miller…) pueden salvar una película que podría estar en Gijón, sí, pero en cualquier sección paralela o de otro tipo. Nunca en una competición oficial".

    Por último, en Cinema ad hoc, rizan el rizo y, aparte de acordarse de la pobre calidad media de nuestro cine seleccionado en la edición del año pasado, comparan a Blockbuster con "una piñata de ideas a la que su director y guionista, Tirso Calero, atizara con palos de ciego sin saber muy bien qué va a caer de tal invento (...) la obsesión por tomarse en serio incluso cuando hace bromas, la necesidad de explicitar cada momento de vergonzante sensiblería (tan diferente, ay, al verdadero sentimiento) en fin, desastre absoluto, sin paliativos ni enmiendas".


    Malos augurios, por tanto, para una cinta que tiene previsto un estreno reducido en salas a partir del 29 de noviembre.

    lunes, 21 de octubre de 2013

    "Blockbuster", de Tirso Calero, único filme español en el Festival Internacional de Cine de Gijón.




    Este fin de semana se desvelaban los nombres de las películas seleccionadas para competir en la 51ª edición del Festival Internacional de Cine de Gijón, sin lugar a dudas, la cita más importante en territorio nacional del cine independiente, que se desarrollará del 15 al 23 del próximo mes de noviembre. Sólo 15 películas han sido las escogidas para competir en la Sección Oficial y, de todas ellas, sólo una es española: Blockbuster, segundo largometraje de Tirso Calero.

    Rodada a caballo entre Alicante y Galicia, Blockbuster se verá las caras con cintas muy potentes, procedentes de diversos lugares del mundo, entre las que destacan la norteamericana Enough Said (Sobran las palabras), comedia de Nicole Holofcener, que contiene la penúltima interpretación del fallecido James Gandolfini; la francesa Le passé (El pasado), del ganador de un Oscar Asghar Farhadi y que supuso el Premio a la mejor actriz para su protagonista, Bérénice Bejo, en el pasado Festival de Cannes; o la co-producción entre Venezuela y España La distancia más larga, de Claudia Pinto Emperador, que cuenta con el protagonismo de la española Carme Elias.



    Aunque nos pese que sólo uno de los títulos seleccionados sea de nacionalidad española, hay que congratularse de que Blockbuster tenga por fin la oportunidad de ver la luz en una pantalla grande, dada la dudosa distribución que parecía cernirse sobre ella. Rodada en blanco y negro, cuenta la historia de un viejo y olvidado actor que se resiste a no actuar más y quiere morir con las botas puestas aunque tenga que embarcarse en una arriesgada aventura. Se trata de un film intimista, de aire melancólico y tono crepuscular sobre el universo de los actores y, en particular, sobre las viejas glorias caídas en el olvido.

    Para la ocasión, Calero ha puesto al mando de su reparto a un veterano de la categoría de Manolo Zarzo, con una trayectoria artística que se remonta a los años 50 del pasado siglo, estrella de la gran pantalla durante las décadas de los sesenta y setenta. Junto a él, el joven y televisivo Adam Jezierski y un catálogo de reputados intérpretes nacionales de históricos recorridos como son Luis Varela, María José Alfonso, Jesús Guzmán, Fernando Esteso o Guillermo Montesinos.

    lunes, 17 de junio de 2013

    "Blockbuster", con Manolo Zarzo, ya tiene tráiler.



    Blockbuster, la película que podría este año significar la primera nominación al Goya de un astro de la interpretación de la categoría de Manuel Zarzo, ya tiene tráiler. Se trata de la segunda película de Tirso Calero, tras su desapercibida y de estilo casi amateur Carne cruda (2011). Un homenaje cinematográfico a los actores y al séptimo arte, siguiendo los pasos de un veterano actor (Zarzo), una auténtica gloria nacional, aquejado de una enfermedad terminal, que decide participar en un corto de ciencia-ficción que dirigen unos jóvenes 'frikis'.

    Rodada a caballo entre Alicante y Galicia, la película recupera además para la gran pantalla a otros tantos veteranos de nuestro cine: Luis Varela, María José Alfonso, Jesús Guzmán, Guillermo Montesinos o Fernando Esteso, dos años después de estar en boca de todos por su regreso en tono autoparódico en Torrente 4 (2011), de Santiago Segura. Además, supone la gran oportunidad del popular Adam Jeziersky, famoso gracias a la serie adolescente Física o química, de efectuar su primer protagonista neto en el cine.

    jueves, 23 de mayo de 2013

    José Sazatornil se impuso justamente como el Mejor Actor Secundario de 1988.


    La tercera edición de los Premios Goya, que se encargaba de premiar los mejores trabajos cinematográficos del año 1988, incorporó una celebrada novedad al ampliar el número de candidatos por categoría de los tres iniciales de las anteriores ediciones a cinco. Una decisión que, a priori, permitiría que fuesen olvidados menos trabajos significativos en la terna por un Goya, algo realmente lamentable en la edición anterior. A pesar de esto, los cinco finalistas definitivos al Goya al mejor actor secundario de, ésta, la tercera edición volvieron a dejar constancia, en algunos de los casos, del incomprensible y cuestionable criterio selectivo de los académicos, pues vistos con ojos actuales, sólo dos de los cinco contendientes merecían formar parte de la pugna goyesca; aunque, eso sí, el nivel de los cinco trabajos seleccionados superaba, con creces, al de las ediciones precedentes. Así, no es de extrañar, que el tercer Goya al mejor actor secundario sea, además, uno de los más justos en la historia de estos galardones.


    Y es que se premió el rescate definitivo, a nivel artístico, que se había producido ese año con Espérame en el cielo, de Antonio Mercero, sobre la excelsa y mil veces desperdiciada figura de un grande como José Sazatornil, que por fin se permitía el lujo de llevar a cabo una actuación que rayaba en lo excepcional como ese Alberto Sinsoles, miembro del equipo de propaganda franquista encargado de instruir convenientemente al futuro doble de Franco. Desenvolviéndose a lo largo de toda su, por fortuna casi protagónica, intervención con entusiasmo fervoroso y siempre dentro de esa impertérrita rigidez militar que define eficazmente a su personaje, la actuación de ‘Saza’ no está exenta de un corrosivo sentido de la ironía, perfecto para alcanzar el tono adecuado de su rol dentro de una película que es, esencialmente, amable. Logrando esquivar la parodia, recurso facilón y nada conveniente en el que habría sido fácil caer, este experimentado intérprete logró hacerse inolvidable en la película de Mercero, haciendo hincapié en la soberana y altiva dignidad de su devoto personaje, que venera al generalísimo equiparándole a un Dios, ayudado por un espléndido ejercicio vocal y un rictus facial de estudiado y divertido espíritu marcial. En suma, un soberbio trabajo que permitió obtener a este inigualable característico del cine español el reconocimiento que tan largo tiempo le había dado la espalda, materializado en la consecución de un merecidísimo Goya al mejor actor de reparto, que significaba además el primer premio importante logrado por José Sazatornil ‘Saza’ en su fecunda carrera cinematográfica.


    Su máximo rival o, por decirlo de otra manera, el otro candidato realmente fuerte aquél año se resarcía de su olvido el año anterior con ésta, su primera nominación al Goya gracias a uno de los papeles principales en el prestigioso éxito Remando al viento, de Gonzalo Suárez, como el frustrado médico y secretario personal de Lord Byron, John William Polidori, a través del que José Luis Gómez expone sin complejos la insondable sensación de tristeza impotente que asola a su histórico personaje cuando se ve sometido a las continuas burlas del que cree su amigo y considera su modelo a seguir en su nada oculta aspiración de convertirse en un gran escritor. Así, mientras declama con majestuosa belleza y encomiable perfección punzantes e irónicas réplicas a cada uno de sus interlocutores, logra transmitir con sencilla caligrafía ese estado de desaliento ante una velada frustración manifestada a través de ese leve y vergonzoso pinchazo que sacude al orgullo propio ante la constatación de que su talento como escritor queda muy lejos de los  imponentes “amigos” que le rodean y que se escapa por los intensos e hipnóticos ojos del actor. O el indigno sentimiento de culpa que golpea a su personaje tras haber envenenado al perro de Byron, expuesto ante la cámara con profundo patetismo en esa gloriosa borrachera que protagoniza enredándose por todo el cuerpo la cadena del can y que finaliza con su estremecedor encuentro con “el monstruo”, donde el trabajo de José Luis Gómez se imbuye de un palpable e inhóspito horror, que transforma todo su cuerpo, paralizándolo, y se escapa por unos ojos que se humedecen consternados, para inculcarnos a nosotros, desconcertados espectadores, un miedo escalofriante y perturbador, siendo mérito absoluto de Gómez y no de la puesta en escena de Suárez, el que una escena como ésta resulte tan terroríficamente efectiva. Candidato al Fotogramas de Plata aquella temporada, José Luis Gómez se ganaba una merecida y aplaudida nominación al Goya en la categoría de reparto. Huelga decir que resulta imprescindible visionar este trabajo en su versión original en inglés.


    El siguiente en la lista de los favoritos es, sin lugar a dudas, Guillermo Montesinos, pero más que por su trabajo interpretativo, por desarrollarse éste en la película finalmente ganadora del año, Mujeres al borde de un ataque de nervios, de Pedro Almodóvar. Su taxista estrafalario, erigido en muy poco tiempo en su personaje más característico y reconocible por el gran público, resulta una intervención de pocos pero divertidísimos minutos, que el intérprete aprovecha para lucir ese estilo cómico chulesco y desinhibido que le caracteriza, no exento en esta ocasión de una reconfortante dulzura que encuentra su perfecta exposición en el inolvidable juego artístico que ejecuta con la protagonista. Ese luego afamado conductor del Mambo-Taxi, con tinte amarillo en el pelo y mil y un productos que ofertar a la atribulada protagonista de la formidable persecución final, le brindó a Guillermo Montesinos el alcanzar la cima de su trayectoria artística al quedar seleccionado entre los finalistas a este Goya que para ganarlo no fue suficiente con el tirón de votos recibidos por la película como flamante triunfadora final.

    Menos posibilidades tenía de resultar vencedor Ángel de Andrés López, por mucho que la Academia de Cine se dejara seducir por su trabajo en el thriller Baton Rouge, de Rafael Moleón, de una manera algo inesperada. Muestra de la definitiva consolidación del intérprete dentro del cuadro actoral de la industria del cine español gracias a este nuevo empeño de policía, ahora en un registro descaradamente influenciado por el mejor cine negro, Ángel de Andrés López acometía con aplomo y serenidad su intervención, bordando su pequeño pero decisivo cometido de inspector inquisitivo y avispado que trata de unir las inconexas piezas del puzle criminal escrito por Moleón y su guionista, un joven Agustín Díaz Yanes. El limitado y acartonado dibujo de su personaje quedaban superados por la voluntad férrea del actor, que se imponía a sus algo estereotipadas secuencias derrochando con su sola presencia no poca autoridad, siendo buen ejemplo de esto su corto speech acerca de una foto del torero Manolete ante un acorralado Antonio Banderas en la comisaría.

    Tampoco partía con muchos puntos a su favor el quinto y último de los candidatos, un joven Jorge Sanz que lograba aquí su segunda nominación al Goya, la primera como secundario, gracias a haberse estrenado a las órdenes del director que más partido ha sabido sacarle hasta el momento al intérprete. Hablamos de Vicente Aranda. Con él debutó en El Lute II (mañana seré libre), donde Sanz daba vida al hermano menor del protagonista titular, en un trabajo colmado de naturalidad, con algún que otro lapsus corporal o vocal, pero efectivo y consecuente con ese personaje ingenuo y entregado que admira sobremanera la figura de su hermano, erigido para él casi en su propio padre. La química que se establece en este sentido entre Sanz y el intérprete de El Lute, Imanol Arias, es quizás el motivo por el que la actuación del primero resulta mejor acabada y más sincera que la de, por ejemplo, Ángel Pardo, actor que incorpora al otro hermano del protagonista. Aún sin ser del todo un trabajo redondo y aún no poseyendo ningún tipo de característica que lo eleve de la mera corrección, Jorge Sanz se sumaba una segunda nominación al Goya sin haber cumplido aún los 20 años.

    Los Olvidados.

    Aunque aumentaran el número de candidatos para esta edición, la Academia no pudo evitar dejar fuera de la competición trabajos verdaderamente conseguidos y que no desmerecían el haber llegado a una final por el Goya. Como es el caso del enorme Francisco Rabal, al que en El aire de un crimen, de Antonio Isasi-Isasmendi, se le encomendaba la función de dar credibilidad fílmica al personaje del Coronel Olvera, preso en un cuartel, a pesar de que su ilustre porte y su exquisito comportamiento nada ayuden a equipararlo con alguien realmente peligroso. Sin embargo, la inabarcable sapiencia y el espléndido talento de Rabal pronto nos exhortan a indagar en una personalidad que, tal y como la expone el actor, deja entrever una doble dimensión, que intuimos gracias a la desorbitada carga de dobles sentidos con la que la estrella refuerza sus parlamentos y al añadido de un trabajo corporal repleto de misterio y que acerca por momentos su actuación al mito fílmico de un gángster. Adquieren sus intervenciones en la adaptación de la novela de Juan Benet la magnífica cualidad de despertar al espectador de su letargo y devanarse los sesos buscando alguna explicación, intentando anticiparse a los hechos, alzándose así el trabajo de Rabal como una de las grandes virtudes de la que sería la última película de Isasi-Isasmendi, que no logró nominación alguna para ninguno de sus intérpretes, ni siquiera este espléndido secundario ofrecido por Francisco Rabal, en una tercera edición de los Premios Goya donde la película injustamente sólo quedó finalista en el apartado de mejor guión original.

    Tampoco hubiera desmerecido una nueva candidatura al Goya el primer actor en conseguirlo de la Historia, Miguel Rellán, gracias a Jarrapellejos, donde el actor se imponía sobre el atractivo grupo de compañeros en esta película de Antonio Giménez Rico, aunque no resultaba difícil estar por encima de otros intérpretes cuando algunos de ellos se limitaban a exagerar las esquemáticas líneas esbozadas sobre sus respectivos papeles en el guión y otros, sencillamente, no actuaban, desfilando por la pantalla como si tal cosa. Rellán es un férreo actor, de esos que se fusionan con su personaje (sea éste el que sea) y desaparece de la vista del espectador exhibiendo en pantalla absolutamente todas las aristas (buenas y malas) que definan a su rol sin ningún tipo de miramientos ni coartadas. Así se explica que desde que hace su aparición en la película a uno le dé náuseas observarle por la despreciable e insolente actitud que le acompaña. Su campesino guardián o sereno es un hombre de comportamientos primarios, casi salvajes, que sólo conoce un tipo de moral y esa es la honra, y cuándo ésta queda manchada se vuelve en un ser sin escrúpulos, capaz de testificar en falso contra un vecino con tal de saciar su sed de venganza. Su Gato tiene malas ideas y las pone de manifiesto en esa ejemplar escena al lado de Antonio Ferrandis, en la que entre ambos tejen una enrevesada acusación contra un inocente. Tiene tan dentro de sí a su personaje, que Rellán se come enterito a su partenaire: su cuerpo permanece rígido, en palpable tensión, mientras su rostro mira a su amo confiado, tanto que en ciertos momentos parece estar retándole a un duelo de espadas para limpiar su honor, mientras son perceptibles las estrategias que se van formando en su cabeza para justificar la culpabilidad del vecino. Sólo este momento bastaba para tenerle presente a la hora de seleccionar a los candidatos al Goya, pero la película nos proporciona otros: esa escena de servilismo absoluto y vergonzante ante los señoritos del pueblo en el bar que regenta, el posterior acoso vejatorio con consecuencias trágicas a las dos mujeres o la declaración ante el juez en la que el intérprete hace uso de un descaro inmenso dejándole en ridículo. Por si esto fuera poco, Miguel Rellán incluye en su rostro el hambre y la necesidad de cumplir con las órdenes, voluntades o caprichos de los ricos para granjearse un buen futuro para su hija, lo cual terminará siendo mostrado muy superficialmente por su director, pese al esfuerzo del intérprete en que no se juzgara a su personaje únicamente por sus actos malvados. Fue, de lejos, el cometido más significativo y el más redondo de todos los ejecutados por el intérprete más pluriempleado en aquel curso cinematográfico.

    El chileno Nelson Villagra también se alza como uno de los grandes olvidados aquél año gracias a su cometido en Viento de cólera, de Pedro de la Sota. Es de suponer la enorme presión psicológica padecida por todo el equipo técnico y artístico de esta ópera prima, bienintencionado intento de construir un film histórico de aventuras localizado en el pasado medieval y rural español llevado a cabo con cierta impericia por su debutante director. Las duras condiciones de rodaje a las que fueron expuestos los actores dada la naturaleza de las localizaciones reales, pudo tener algo que ver con el pobre resultado alcanzado por algunos de ellos, siendo especialmente reseñable la equivocada sobreactuación de un Juan Echanove protagonista. Por contra, el intérprete Nelson Villagra se mantiene apegado a una gratificante línea realista durante toda la peripecia, imponiéndose con holgura como lo mejor de la función. Su papel del viejo Balanzategui, el dueño de las tierras por cuyos derechos el acartonado protagonista inicia un descorazonador acoso. Dibujado como un personaje noble, justo e íntegro, un hombre que carga en el pecho con los antepasados de los que heredó sus pertenencias, Villagra aporta una hondura humana a su rol encomiable, lo que da pie al espectador a identificarse rápidamente con él y con su sufrimiento, ese que le provoca el sentimiento de pérdida de lo que es suyo, de lo único que tendrán sus hijas para vivir. La controlada parsimonia con la que el intérprete da sus primeros pasos en el relato, la calibrada precisión con la que pronuncia sus primeras frases frente al cura y la inteligente ausencia de efectismos en su expresión, son los pilares en los que Nelson Villagra fundamenta el retrato base de su personaje, ese que debe dar al espectador la primera y fundamental información necesaria del mismo y que en esta ocasión se halla genialmente transmitida. El amoroso cuidado que ejerce sobre sus hijas y la creciente preocupación a la que se ve expuesto debido al acoso sufrido por los 'malos' son elementos que el actor va incorporando después, según lo vaya disponiendo el guión a lo largo de un metraje cansino, a pesar de todo. Su final explosión, cargada de una rabia visiblemente contenida, dada la tensión a la que somete su cuerpo y que ilustra a la perfección un miedo latente, se ve en cierto modo perjudicada por la pobre planificación que el realizador efectúa de esa lucha cuerpo a cuerpo entre Villagra y Echanove. No obstante, estamos ante un trabajo notable, de lograda comunicabilidad dramática precisamente por el escaso énfasis del intérprete en cada una de sus intervenciones.

    Fiel a su fama de característico eficaz y carismático, en la desconcertante Diario de invierno, de Francisco Regueiro, Francisco Algora ejecutaba con tino y brillantez a ese siervo fiel, descarado y deslenguado, experto culebrero, encerrado en una celda al principio, que suelta sus frases con endiablada lucidez y estudiada caligrafía, gracias a un dominio excelso de su aparato vocal, y que deambulaba más tarde a sus anchas por esa casucha destartalada en la que acompaña al padre protagonista en su repugnante trabajo, ejerciendo de un contrapunto casi cómico ante la turbiedad que domina el conjunto de la obra de Regueiro y protagonizando la escena más trágica de la película, sin perder ni un ápice de compostura humorística. Llevaba a cabo un extraordinario trabajo de difícil catalogación que, inesperadamente, no obtuvo su correspondiente recompensa con una nominación al Goya en el apartado de reparto.

    Y si el ganador fue finalmente un grande de nuestro cine, la Academia se olvidó aquél año de incluir entre los candidatos a un grande también, aunque esta vez del teatro, que como solía acostumbrar, volvía a ser lo único bueno de una película. En este caso, Soldadito español, desatinado drama de Antonio Giménez Rico al que la presencia de ese Luis Escobar en la piel del abuelo enfermo, metido en la cama o postrado en su silla de ruedas, lo que no le impide lanzar punzantes dardos a toda su familia en un tono decididamente recriminatorio, aporta unas sanísimas gotas de tronchante humor, generando en el espectador el ansia por asistir a nuevas y jocosas intervenciones del intérprete, que se hace muy fácilmente inolvidable mientras arremete contra su nuera fingiéndose enfermo, refunfuña ante la estricta moralidad de sus hijos o disfruta como un crío de unos chipirones en su salsa en la boda de su nieto, ayudado por un confeso vicio al vino. Momentos breves y pasajeros que, de no haber sido por la poco conseguida altura artística final del filme, hubieran sido más que suficientes para proporcionar a Luis Escobar una nominación al Goya.

    La cinta perdedora aquella edición también hubiera merecido colar entre los intérpretes candidatos a uno de los actores de su abultado reparto. Concretamente a Francisco Merino, que volvía a ser olvidado por la Academia por su capitán Alonso Esteban, el guía español de la tiránica aventura narrada en El Dorado, la película más cara de la historia del cine español hasta el momento, debida a Carlos Saura. Sus secuencias al lado del protagonista, el actor italiano Omero Antonutti, dan debida cuenta del talento interpretativo de Merino y dejan en pañales la vergonzosa falta de registros de la estrella italiana, valga de ejemplo su brillante ejecución de borracho visionario en la secuencia sobre el bergantín que, por sí sola, hubiese justificado la presencia del intérprete entre los finalistas al Goya.

    Por último, no nos olvidamos del mítico Fernando Rey por uno de los dos trabajos que le dieron la Concha de Plata del Festival de San Sebastián, en este caso nos referimos al realizado en El aire de un crimen, otra breve intervención, de nuevo como hombre cultivado, tal y como acostumbraba, esta vez un exiliado republicano que en sus continuas idas y venidas por el hotel en el que se hospeda, se va haciendo eco de todos y cada uno de los rumores que salpican al nutrido grupo de protagonistas y de los que irá dando buena cuenta ante su antiguo y buen amigo el médico, interpretado por Miguel Rellán. Un trabajo escueto, en términos estrictamente interpretativos, aunque resuelto con la soberana elegancia y la clase magistral que eran ya comunes a los cometidos de Don Fernando y que no hubiera desmerecido en modo alguno una nominación al Goya para la estrella en el apartado de reparto, aunque teniendo en cuenta que fue él quien ganaría precisamente el Goya de aquél año en la categoría principal, no queda otra que calificar su olvido aquí como un mal menor.

    lunes, 6 de mayo de 2013

    Manuel Zarzo podría aspirar por primera vez al Goya.



    El 'efecto Sacristán' podría repetirse este año nuevamente en los Premios Goya. Y es que Manuel Zarzo, actor de larguísima y reputada trayectoria, nunca nominado por la Academia, podría estarlo en la próxima edición, y en categoría principal, gracias a Blockbuster, segunda película de Tirso Calero, que tras su desapercibida y de estilo casi amateur Carne cruda (2011), intenta poner en pie un homenaje cinematográfico a los actores y al séptimo arte, siguiendo los pasos de un veterano actor (Zarzo), una auténtica gloria nacional, aquejado de una enfermedad terminal, que decide participar en un corto de ciencia-ficción que dirigen unos jóvenes 'frikis'.


    Rodada a caballo entre Alicante y Galicia, los responsables de Blockbuster acaban de hacer público el cartel definitivo de una película cuya fecha de estreno aún es desconocida y que tiene como principal propósito servir de tardío reconocimiento a la trayectoria de Zarzo (en un papel que en un principio iba a interpretar el finado Sancho Gracia), pero que también se permite el lujo de recuperar para la gran pantalla a otros tantos veteranos de nuestro cine: Luis Varela, María José Alfonso, Jesús Guzmán, Guillermo Montesinos o Fernando Esteso, dos años después de estar en boca de todos por su regreso en tono autoparódico en Torrente 4 (2011), de Santiago Segura.



    Formado guionista de series de televisión como Amar en tiempos revueltos o Bandolera, Calero sabe a la perfección que el éxito de los presentes proyectos cinematográficos parten de la televisión y ha procurado darle la oportunidad al popular Adam Jeziersky, famoso gracias a la serie adolescente Física o química, de efectuar su primer protagonista neto en el cine, erigiéndose en el gran gancho comercial de una película que, esperemos, proporcione un buen material que permita a Zarzo luchar por primera vez por un Goya.