Karra Elejalde regresa el viernes a los cines.

Repasamos la filmografía del actor cuando regresa a la comedia con "Ocho apellidos vascos".

Palmarés XXIII Premios de la Unión de Actores.

"Caníbal", de Manuel Martín Cuenca, una de las vencedoras con 2 premios.

17º Festival de Málaga. Cine Español.

La Sección Oficial está compuesta por 15 largometrajes muy esperados para este 2014.

17º Festival de Málaga. Cine Español.

Seis títulos integran la sección paralela, competitiva, Zonazine, el espacio independiente.

17º Festival de Málaga. Cine Español.

Málaga Premiere y Estrenos Especiales completan la oferta de novedades del certamen.

Mostrando entradas con la etiqueta Petra Martínez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Petra Martínez. Mostrar todas las entradas

viernes, 10 de enero de 2014

"Stockholm" y "Vivir es fácil con los ojos cerrados", las favoritas para el CEC con 7 nominaciones.


Pues ya están aquí, con un día de retraso en virtud de la fecha establecida (el 9 de enero), las nominaciones por parte del Círculo de Escritores Cinematográficos a lo mejor del año, las prestigiosas Medallas del CEC. Un premio que ya existía antes de los Goya y que, con el transcurrir de los años, ha ido modificando su aspecto para alzarse en la más fiel antesala con la que podrían contar los Premios de la Academia si, por una mera cuestión de calendario, su anuncio de candidatos se ofreciera con anterioridad al de los Goya. Como ha venido siendo habitual en los últimos tiempos, las Medallas del CEC han vuelto a coincidir con los definitivos candidatos a los Goya en lo esencial, con algunas que otras sorpresas (casi siempre gratas) y que alzan la voz en favor de algunas de las muchas ausencias injustificadas que se dan cita en los llamados máximos galardones cinematográficos de nuestra industria.


Como en los Goya, también aquí se ha nominado de manera algo excesiva a 15 años y un día, la cinta de Gracia Querejeta, que compite por 6 medallas (tres de ellas en apartados interpretativos). Eso sí, las grandes nominadas a los 'cabezones' de la Academia, han pasado casi sin pena ni gloria por estas nominaciones: La gran familia española, de Daniel Sánchez Arévalo, sólo figura candidata a dos premios (interpretativos) y Las brujas de Zugarramurdi, de Álex de la Iglesia, salvo la cantada a Terele Pávez, ha obtenido tres candidaturas más, todas técnicas. De este modo, se ha producido una estimable brecha entre los gustos académicos y de los escritores e informadores del cine español, que han erigido como máximas candidatas a sus premios a dos cintas, más pequeñas y logradas, como son Vivir es fácil con los ojos cerrados, de David Trueba, y (primera sorpresa agradable del listado) Stockholm, de Rodrigo Sorogoyen. Las dos compiten por siete medallas, algunas de ellas técnicas que alaban el tino de los miembros del Círculo en dicha materia.


Caníbal, de Manuel Martín Cuenca, vuelve a figurar entre las máximas aspirantes también a estos premios, como ocurría en los Goya, logrando haber sido nominada en 6 apartados. Las siguientes buenas sorpresas las hallamos en la categoría de dirección novel, donde ha sido incluido Diego Quemada-Díez, por La jaula de oro, y en la de guión original, donde también está presente Juan Cavestany, por Gente en sitios (una de las grandes olvidadas en los Goya).


En el ámbito de los desatinos (que los hay y son garrafales), aparte de las mencionadas nominaciones en los grandes apartados de 15 años y un día, los del Círculo han olvidado nominar a lo grande a una de las mejores películas del año: La herida, de Fernando Franco, presente sólo en dos categorías (las obvias, dirección novel y actriz). Siendo también excesivamente discutible la elección de Eugenio Mira en el apartado a la mejor dirección, por Grand Piano. O la del guión 'adaptado' de Zipi y Zape y el club de la canica, de Óskar Santos.


En el terreno interpretativo, la ausencia más notable la protagoniza Eduard Fernández, sorprendentemente olvidado por su magistral recital en Todas las mujeres, de Mariano Barroso, más aún cuando tres de sus actrices figuran candidatas a la mejor actriz secundaria (un acierto en este sentido, las de Petra Martínez y Nathalie Poza, pero ¿Michelle Jenner? ¿Estando Marta Larralde por la misma película?). En lugar de Fernández, la cuarta plaza, junto a los 'goyescos' Antonio de la Torre, Javier Cámara y Tito Valverde, la ostenta Mario Casas, por La mula. Desconcertante elección, por lo que repercute en el olvido del protagonista de Todas las mujeres, que ha de verse como un digno reconocimiento a la esforzada labor de la estrella a lo largo de todo el curso cinematográfico.


Como actores secundarios, repiten tres de los candidatos al Goya (Roberto Álamo, Carlos Bardem -también nominado por el guión de Alacrán enamorado- y Juan Diego Botto), pero el buen juicio no ha errado en esta ocasión y también ha sido nominado el espléndido trabajo de Sergi López en Ismael. Película con cuatro nominaciones, todas interpretativas: además de estas dos al mejor actor secundario, también ha logrado colar a Belén Rueda, como actriz principal, y a Ella Kweku, como revelación. Para terminar con las interpretaciones masculinas, en la categoría revelación, ha habido también un apreciable consenso en favor de Javier Pereira, Hovik Keuchkerian y Berto Romero, a los que se suma el joven David Solans, por Hijo de Caín, nominado este año a los Gaudí al mejor actor.


En las categorías femeninas se han producido numerosos empates, lo que explica el que en la principal hayan sido nominadas 5 actrices y en las otras dos hasta 6. A las también nominadas al Goya y esperadas candidatas Natalia de Molina, Olimpia Melinte y Belén López, se unen, aparte de la ya mencionada Kweku, dos reconfortantes alegrías en revelación: la inclusión de la colombiana Karen Martínez, por La jaula de oro, y el justo reconocimiento a una de nuestras favoritas en la carrera a los Premios Goya en esta categoría, Virginia Rodríguez, por Esto no es una cita. Por otro lado, a las tres actrices ya mencionadas de Todas las mujeres y a la multinominada Pávez, los miembros del Círculo han incluido en la terna final también a Maribel Verdú y a Verónica Echegui.


Las cinco candidatas a mejor actriz han sido las de siempre, es decir: Aura Garrido, Marian Álvarez, Nora Navas e Inma Cuesta, junto a una Belén Rueda que, para nosotros, ocupa un lugar que debería haber sido para Candela Peña, por Ayer no termina nunca. Precisamente, Navas es la única candidatura con la que cuenta Todos queremos lo mejor para ella, de Mar Coll, otro de los importantes títulos del año ninguneados por el Círculo de Escritores Cinematográficos, aunque no tanto como La por (El miedo), de Jordi Cadena, de la que no nos cansaremos de hablar en términos de una de las mejores cintas del pasado 2013, ausente en la presente temporada de premios (salvo los Gaudí).

Mejor Película:

  • 15 años y un día, de Gracia Querejeta.
  • Caníbal, de Manuel Martín Cuenca.
  • Vivir es fácil con los ojos cerrados, de David Trueba.
  • Stockholm, de Rodrigo Sorogoyen.

Mejor Director:

  • Gracia Querejeta, por 15 años y un día.
  • Manuel Martín Cuenca, por Caníbal.
  • David Trueba, por Vivir es fácil con los ojos cerrados.
  • Eugenio Mira, por Grand Piano.

Mejor Director Revelación:

  • Rodrigo Sorogoyen, por Stockholm.
  • Fernando Franco, por La herida.
  • Manuel Sicilia, por Justin y la espada del valor.
  • Diego Quemada-Díez, por La jaula de oro.

Mejor Guión Original:
  • David Trueba, por Vivir es fácil con los ojos cerrados.
  • Antonio Santos Mercero y Gracia Querejeta, por 15 años y un día.
  • Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen, por Stockholm.
  • Juan Cavestany, por Gente en sitios.

Mejor Guión Adaptado:

  • Alejandro Hernández y Manuel Martín Cuenca, por Caníbal.
  • Santiago A. Zannou y Carlos Bardem, por Alacrán enamorado.
  • Alejandro Hernández y Mariano Barroso, por Todas las mujeres.
  • Francisco Roncal y Jorge A. Lara, por Zipi y Zape y el club de la canica.

Mejor Actor:

  • Antonio de la Torre, por Caníbal.
  • Javier Cámara, por Vivir es fácil con los ojos cerrados.
  • Tito Valverde, por 15 años y un día.
  • Mario Casas, por La mula.

Mejor Actriz:

  • Aura Garrido, por Stockholm.
  • Marián Álvarez, por La herida.
  • Nora Navas, por Todos queremos lo mejor para ella.
  • Inma Cuesta, por 3 bodas de más.
  • Belén Rueda, por Ismael.

Mejor Actor Secundario:

  • Carlos Bardem, por Alacrán enamorado.
  • Sergi López, por Ismael.
  • Juan Diego Botto, por Ismael.
  • Roberto Álamo, por La gran familia española.

Mejor Actriz Secundaria:

  • Terele Pávez, por Las brujas de Zugarramurdi.
  • Maribel Verdú, por 15 años y un día.
  • Verónica Echegui, por La gran familia española.
  • Michelle Jenner, por Todas las mujeres.
  • Petra Martínez, por Todas las mujeres.
  • Nathalie Poza, por Todas las mujeres.

Mejor Actor Revelación:

  • Javier Pereira, por Stockholm.
  • David Solans, por Hijo de Caín.
  • Hovik Keuchkerian, por Alacrán enamorado.
  • Berto Romero, por 3 bodas de más.

Mejor Actriz Revelación:

  • Natalia de Molina, por Vivir es fácil con los ojos cerrados.
  • Olimpia Melinte, por Caníbal.
  • Belén López, por 15 años y un día.
  • Karen Martínez, por La jaula de oro.
  • Ella Kweku, por Ismael.
  • Virginia Rodríguez, por Esto no es una cita.

Mejor Fotografía:

  • Pau Esteve Birba, por Caníbal.
  • Kiko de la Rica, por Las brujas de Zugarramurdi.
  • Daniel Vilar, por Vivir es fácil con los ojos cerrados.
  • Alejandro de Pablo, por Stockholm.

Mejor Montaje:

  • José Luis Romeu, por Grand Piano.
  • Pablo Blanco, por Las brujas de Zugarramurdi.
  • Alberto de Toro, por 3 bodas de más.
  • Alberto del Campo, por Stockholm.

Mejor Música:

  • Víctor Reyes, por Grand Piano.
  • Pat Metheny, por Vivir es fácil con los ojos cerrados.
  • Alberto Iglesias, por Los amantes pasajeros.
  • Joan Valent, por Las brujas de Zugarramurdi.

Mejor Largometraje Documental:

  • Guadalquivir, de Joaquín Gutiérrez Acha.
  • Mary’s Land – Tierra de María, de Juan Manuel Cotelo.
  • El efecto K. El montador de Stalin, de Valentí Figueres.
  • Encierro, de Olivier van der Zee.

Mejor Largometraje de Animación:

  • Justin y la espada del valor, de Manuel Sicilia.
  • Futbolín, de Juan José Campanella.
  • El extraordinario viaje de Lucius Dumb, de Maite Ruiz de Austri.
  • Gigantes, la leyenda de Tombatossals, de Manuel J. García.
  • Hiroku. Defensores de Gaia, de Saúl Barreto Ramos y Manuel González Mauricio.

Mejor Película Extranjera:

  • Gravity, de Alfonso Cuarón (Estados Unidos).
  • 12 años de esclavitud, de Steve McQueen (Estados Unidos).
  • Una familia de Tokio, de Yôji Yamada (Japón).
  • Amor, de Michael Haneke (Francia-Austria-Alemania).

Por número de nominaciones:

  • Vivir es fácil con los ojos cerrados = 7 candidaturas.
  • Stockholm = 7 candidaturas.
  • 15 años y un día = 6 candidaturas.
  • Caníbal = 6 candidaturas.
  • Ismael = 4 candidaturas.
  • Todas las mujeres = 4 candidaturas.
  • Las brujas de Zugarramurdi = 4 candidaturas.
  • Grand Piano = 3 candidaturas.
  • 3 bodas de más = 3 candidaturas.
  • Alacrán enamorado = 3 candidaturas.
  • La herida = 2 candidaturas.
  • Justin y la espada del valor = 2 candidaturas.
  • La jaula de oro = 2 candidaturas.
  • La gran familia española = 2 candidaturas.
  • La mula = 1 candidatura.
  • Todos queremos lo mejor para ella = 1 candidatura.
  • Hijo de Caín = 1 candidatura.
  • Esto no es una cita = 1 candidatura.
  • Gente en sitios = 1 candidatura.
  • Zipi y Zape y el club de la canica = 1 candidatura.
  • Los amantes pasajeros = 1 candidatura.

martes, 31 de diciembre de 2013

Nuestras 10(+1) mejores actrices del 2013.


2013 ha sido el año en el que nos dejaron actrices como la copa de un pino, tales como María Asquerino, Amparo Rivelles, Amparo Soler Leal o Anna Lizarán, la estrella por antonomasia de nuestro cine más castizo, Sara Montiel, o una de las más queridas intérpretes de la pequeña pantalla, Mariví Bilbao. Pero también ha sido el año del merecido primer Premio Donostia a una de las nuestras, Carmen Maura, y de la Medalla de Oro entregada por la Academia a modo de justo reconocimiento a toda su labor a Ángela Molina, y del tan ansiado Goya de Honor a la gran Concha Velasco. Y, además, ha sido el año en el que hemos constatado, una vez más, la extraordinaria categoría del cuadro interpretativo femenino de nuestro cine, donde un selecto grupo de actrices han dispuesto de un jugoso lucimiento, con personajes eficazmente construidos, a través de los que han podido sentar cátedra y ofrecer verdaderas lecciones de arte dramático. Terminamos nuestro repaso a lo mejor del 2013 con nuestra selección de las mejores actrices del año:

10. Olimpia Melinte, por Caníbal.


Lejos de toda duda, la rumana Melinte debe figurar entre las más destacadas revelaciones del curso cinematográfico que hoy concluye, gracias a Caníbal, la magnífica película de Manuel Martín Cuenca. La actriz, que en doble papel logra dar forma a un trabajo sensitivo y verdaderamente emotivo, que sin perder ni un ápice de frescura, se alza como una de las grandes actuaciones femeninas del año, modélica y sumamente medida y contenida, recibió excelentes críticas por su trabajo desde que la cinta se proyectase en San Sebastián. Protagonista femenina indiscutible de una de las mejores películas del año, Olimpia Melinte aporta a la inhóspita cinta el calor y la sensibilidad de la que parece estar exenta, erigiéndose en la frágil heroína de un cuento de amor absolutamente terrorífico.

9. Natalia de Molina, por Vivir es fácil con los ojos cerrados.



Pero si de revelaciones hablamos, Natalia de Molina lidera el ránking gracias a Vivir es fácil con los ojos cerrados, sobre todo por el extraordinario encanto y la luz delicada que su presencia aporta a toda la película de David Trueba, donde la intérprete brilla muy especialmente a través de la ejecución candorosa que efectúa de su personaje, sonando en cada una de sus réplicas conmovedoramente auténtica, rezumando una belleza templada y delicada que redunda en el exquisito alcance de la vertiente dramática de su intervención. Es el suyo, uno de los trabajos femeninos más redondos de los vistos también en una pantalla de cine este año, beneficiado además por la excelsa fotogenia de un rostro del que es imposible apartar la mirada. Presente también en el reparto de la desapercibida Temporal, de Catxo, De Molina puede presumir de haber llegado a la industria del cine español para quedarse.

8. Maribel Verdú, por 15 años y un día.


Un año más, la Verdú vuelve a ser una presencia ineludible en el repaso a lo mejor del año. En este 2013, aparte de una breve colaboración en la estupenda Gente en sitios, de Juan Cavestany, la que quizás sea la mayor estrella femenina con que cuenta nuestra industria en este momento, volvió a demostrar que si hay una actriz que todo lo puede en nuestro cine es ella, marcándose en la irregular 15 años y un día, de Gracia Querejeta, una interpretación ajustadísima, de muchos matices, y apechugando además con un arriesgado monólogo en un largo plano secuencia, razón ineludible para efectuar el visionado de la película, donde su participación, por desgracia, nos resulta inmerecidamente corta. He ahí el poder de fascinación de una intérprete que, lejos de menguar con los años, ha ido adquiriendo una incombustible solidez induciéndonos a desear siempre más minutos con ella en la gran pantalla.

7. Roser Camí, por La por (El miedo).


Habitual del teatro y del doblaje, esta catalana se ha hecho un importante hueco en nuestra más honda sensibilidad este 2013 por marcarse uno de los trabajos más redondos vistos en nuestro cine este año en esa dolorosa maravilla que es La por (El miedo), de Jordi Cadena. Un trabajo que duele mirar, como esa madre literalmente anulada que ha asumido, con no poco estoicismo, la presencia en su cuerpo de los moratones, que se resiste a rebelarse y se conforma con seguir viviendo por inercia. En su piel, Camí ejemplifica el absentismo de voluntad propia en su rol, ejecutando con notable delicadeza el ensimismado automatismo de su personaje, dando de sí un trabajo riguroso y templado, que termina por romperse en un convulsivo y desgarrador clímax dramático en uno de los finales más desoladores y poco complacientes que hemos visto este 2013.

6. Petra Martínez, por Todas las mujeres.


Muy corta también es la intervención de esta veterana en Todas las mujeres, de Mariano Barroso, donde, sin embargo, la actriz termina imponiéndose como uno de los aspectos fundamentales que obligan a visionar la película. Exhibiendo una clase y elegancia desbordantes, Martínez se marca un portentoso duelo interpretativo con su oponente en pantalla, un hijo al que su personaje tiene tan calado y, en el fondo, hastiada, que tal confrontación se perfila pronto como una gozosa batalla. Con una eminente mala uva, Petra Martínez nos borra de un plumazo la imagen establecida de mujer candorosa a la que parecía relegada en el cine, acometiendo un personaje femenino árido y complejo, con la maestría acostumbrada.

5. Candela Peña, por Ayer no termina nunca.


El 2013 ha sido el año de la feliz recuperación de ese portento de actriz que siempre fue Candela Peña, primero con su tercer Goya bajo el brazo y después con la magnífica demostración de su talento que manifiesta el visionado de Ayer no termina nunca, de Isabel Coixet, donde la actriz, literalmente desgarrada y desgarradora, lleva a cabo un agresivo y contundente despliegue de sus armas interpretativas, inconteniblemente subyugada por el inmenso dolor que acarrea su personaje, lo que permite a la actriz un demoledor y sincopado tour de force que juega peligrosamente en su intensidad y arrojo a hacer que el trabajo de la actriz, verdaderamente entregada, caiga en una excesiva afectación en puntuales momentos que, no obstante, no ensombrecen el alcance último de la que podríamos calificar ya como una de las mejores interpretaciones de la intérprete en toda su trayectoria.

4. Susi Sánchez, por 10.000 noches en ninguna parte.

Este ha sido el año, sin duda, de Susi Sánchez. Primero robó planos por doquier en 15 años y un día y luego se marcó una magnífica interpretación en una de las obras imprescindibles del año, La fotógrafa, de Fernando Baños Fidalgo, donde caldea el nivel empático de la cinta, logrando además, con pocas pero decisivas escenas, componer un personaje de lo más potente: una mujer herida que busca venganza en su inefable verdugo, a través de un matizadísimo y ejemplar trabajo de exposición interpretativa, sin artificios, sobrio y contenido y que permanece en todo momento feliz y sentidamente apegado a una radiante naturalidad. Pero cuando creíamos que no podía ir a más, a final de año tuvimos la ocasión de echarle un vistazo al trabajo de Sánchez en la película de Ramón Salazar, única e importante razón de peso para visionar 10.000 noches en ninguna parte, pues tan artificiosa película sirve una arriesgada y purgativa performance por parte de una excepcional y dolorosamente minuciosa Susi Sánchez, como la alcoholizada y decadente madre del protagonista, en un trabajo pormenorizadamente vívido, hiriente, de esos que traspasan la pantalla y se pegan al alma, congelándola. Sin dejar hueco para la compasión fácil, Susi Sánchez dota a su trabajo de una permanente hostilidad, mostrándose insoportablemente arisca en su insondable exhibición de amargura y logrando así dar cuerpo al carácter áspero y dolido de su personaje.

3. Inma Cuesta, por 3 bodas de más.


Sin temor a exagerar, podríamos hablar de este trabajo como uno de los mejores empeños cómicos vistos para la gran pantalla en mucho tiempo y es que la actriz está en 3 bodas de más sencillamente espectacular. Inma Cuesta se entrega con deslumbrante ingenio a su difícil cometido, consciente tal vez de tener entre manos uno de los, precisamente, personajes femeninos más jugosos y ricos que se hayan escrito para una comedia en mucho tiempo. Sería injusto no reconocer que parte de las virtudes que encierra 3 bodas de más tienen su origen en el desternillante trabajo de su actriz, capaz de sortear las limitaciones que su (atractivo) físico podían propinar a la consecución de la verosimilitud de su rol y, a través de una hilarante y atinada manifestación de tics y mohínes, dar con la medida justa del carácter anodino y patoso del personaje. Un enorme triunfo personal el conseguido por la actriz en esta película que, además, abre para ella nuevas vías de actuación y sugestivos futuros registros para el cine español.

2. Aura Garrido, por Stockholm.


Si hay una actriz que merezca poseer el título de intérprete del año esa es Aura Garrido, pues este 2013 ha constatado que lo que intuíamos hace unas temporadas es ya toda una realidad: estamos ante una de las más aventajadas y compactas actrices de su generación, una de las más claras herederas del futuro cine nacional. Este años, además, la intérprete ha demostrado su valía en distintos frentes: dotó de solidez y magia una propuesta tan personal y arriesgada como Los ilusos, de Jonás Trueba; antepuso su profesionalidad a un personaje endeble en Viral, de Lucas Figueroa; y, para rematar, lidió con el arco dramático más complicado de los dos personajes protagonistas de esa maravilla llamada Stockholm, de Rodrigo Sorogoyen, marcándose al final una actuación gigantesca, de puro perfecta, porque el comportamiento esquivo de su personaje al inicio no es sólo una pose, sino que encierra siempre algo enfermizo y endémico, algo que vertebra toda su actuación y que Garrido logra transmitir a lo largo de todo el metraje, por mucho que también, y al mismo tiempo, nos obsequie un esmerado y detallado transcurrir de emociones y actitudes, hilvanadas con sensatez y armonía.

1. Nora Navas, por Todos queremos lo mejor para ella (ex-aequo).


Hablar de las excelencias interpretativas de esta catalana nunca será gratuito y menos cuando resulta vital su trabajo para entender y disfrutar plenamente de Todos queremos lo mejor para ella, de Mar Coll, donde Nora Navas está en absoluto estado de gracia, haciendo recaer sobre sus hombros todo el peso de una película que, ciertamente, no sería lo mismo sin ella. Ya en la primera secuencia, con su cojera perfecta y el tartamudeo oportuno, la intérprete nos bosqueja un aplicado y preciso retrato de su personaje, que a lo largo de los siguientes minutos logrará desarrollar y desplegar ante la cámara con absoluta libertad, haciendo fácil lo difícil, logrando que las rarezas de su comportamiento nazcan y se expongan ante nosotros con pasmosa naturalidad, no siendo capaces en ningún momento de advertir de qué mecanismos o de qué métodos surge tal prodigio interpretativo, llegando incluso a brindarnos de manera magistral la exposición escrupulosa, medida y esmerada del desconcierto que embarga a su personaje, no por nada El desconcierto era el título que manejaba la película durante su rodaje. Es tan sublime el grado de perfección alcanzado por la actriz, que incluso hay momentos del filme en el que el cambio de registro ambiental, del drama a la comedia o viceversa (pues la cinta coquetea con ambos por igual), lo marca el propio trabajo de Nora Navas.

1. Marián Álvarez, por La herida (ex-aequo).


Algunos hablarán de revelación, pero en su caso hace ya unos años que esta madrileña se nos reveló, cinematográficamente hablando, con lo que lo ofrecido por la intérprete este 2013 no es más que una ansiada y felizmente aprovechada demostración de uno de los talentos menos exprimidos de nuestro actual panorama artístico. Heróico es el adjetivo que mejor define el trabajo llevado a cabo por Marián Álvarez en La herida, de Fernando Franco. Decir que la película es ella puede ser la vía fácil para expresar que sin su salto sin red a las mismas entrañas de su personaje, La herida no supondría el mazazo a la conciencia que concluye siendo. Porque la actriz evoluciona desde la primera secuencia hasta el final completamente enfrascada en la piel de Ana, exponiendo sin estridencias y sin tabúes de ninguna clase, todos los pormenores, todos los entresijos, que construyen la precaria situación psicológica y emocional de su personaje. La generosa planificación de Franco, a través de planos secuencia, le sirven a Álvarez en bandeja la oportunidad de crear y confeccionar sin cortapisas el entramado interno de su rol, lo que nos invita a hablar de un modélico trabajo interpretativo, que debería ser ya objeto de estudio en cualquier escuela de interpretación.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Quiniela a los Premios Goya 2014 (V): Mejor Actriz Secundaria.

Más que despejar las dudas, el anuncio de las nominaciones a los I Premios Feroz no ha hecho más que incentivar el desconcierto que despierta la categoría a la mejor actriz secundaria para esta próxima edición de los Premios Goya. Con solo una favorita realmente clara hasta la publicación de la lista de pre-candidatas confeccionada por los productores de cada cinta, cuando fue seleccionada como secundaria Maribel Verdú, en lugar de como principal, nuestra anterior quiniela para esta categoría se encuentra, a estas alturas, desfasada, mucho más con el visionado de la plana mayor de la producción nacional susceptible de nominación ya hecho. Todavía está por demostrar si los Premios Feroz funcionan como una verdadera y fiable antesala a los Premios Goya, algo que se pondrá de manifiesto en el modo en el que repercutan sus nominados en los finalmente escogidos por la Academia. Aún a riesgo de equivocarnos por completo, lanzamos nuestro último ránking a la mejor actriz secundaria, elaborado desde un subjetivo deseo personal, mezclado con una considerable intuición.

1. Susi Sánchez, por 10.000 noches en ninguna parte.
2. Terele Pávez, por Las brujas de Zugarramurdi.
3. Maribel Verdú, por 15 años y un día.
4. Rossy de Palma, por 3 bodas de más.
5. Petra Martínez, por Todas las mujeres.
6. Verónica Echegui, por La gran familia española.
7. Nathalie Poza, por Todas las mujeres.
8. Rosana Pastor, por La herida.
9. Marta Larralde, por Todas las mujeres.
10. Àgata Roca, por Todos queremos lo mejor para ella.
11. Valeria Bertuccelli, por Pensé que iba a haber fiesta.
12. Macarena Gómez, por Las brujas de Zugarramurdi.
13. Aura Garrido, por Los ilusos.
14. Geraldine Chaplin, por Memoria de mis putas tristes.
15. Clara Segura, por Todos queremos lo mejor para ella.
16. María Botto, por 3 bodas de más.
17. Carmen Machi, por La Estrella.


Reconozcámoslo, Susi Sánchez tiene pocas opciones de llegar a la final. Su trabajo en 15 años y un día, de Gracia Querejeta, ha quedado fuera de cualquier papeleta de voto al competir en su propia casa con el de su compañera en el filme Maribel Verdú. Y el de 10.000 noches en ninguna parte, de Ramón Salazar, tiene en contra la arriesgada naturaleza de la película, que tampoco parece muy bien situada de cara a recibir nominaciones este año. Una verdadera lástima. Desde aquí, lanzamos una baza a favor del trabajo de Sánchez en la película de Salazar, única e importante razón de peso para visionar 10.000 noches en ninguna parte, pues tan artificiosa película sirve una arriesgada y purgativa performance por parte de una excepcional y dolorosamente minuciosa Susi Sánchez, como la alcoholizada y decadente madre del protagonista, en un trabajo pormenorizadamente vívido, hiriente, de esos que traspasan la pantalla y se pegan al alma, congelándola. Sin dejar hueco para la compasión fácil, Susi Sánchez dota a su trabajo de una permanente hostilidad, mostrándose insoportablemente arisca en su insondable exhibición de amargura, logrando así dar cuerpo al carácter áspero y dolido de su personaje. Es mucha la competencia y su película, a buen seguro, no llamará la atención de los académicos, pero, lejos de toda duda, Susi Sánchez lleva a cabo uno de los trabajos secundarios femeninos más viscerales y complejos del año.



Un mes más, y con el aval que supone una más que cantada nominación a los Premios Feroz bajo el brazo, Terele Pávez sigue presidiendo el ránking de las favoritas en esta categoría. Álex de la Iglesia le ha brindado una más que golosa oportunidad para convencer a los académicos con su bruja vieja en Las brujas de Zugarramurdi, con la que pone en evidencia la maestría, el poderío y la grandiosidad de esta intérprete única, que vuelve a dejarnos alucinados dentro de ese registro malsano, sucio y déspota al que tan frecuente ha sido en sus trabajos para el cine, esta vez dándole una vuelta de tuerca y encarnando a una espeluznante malvada con una insondable ironía. Nadie debe poner en duda que es la favorita indiscutible al premio y, que de resultar finalmente nominada, el Goya a la mejor actriz secundaria debería ser para ella.


Como bien presuponíamos, los productores de 15 años y un día, de Gracia Querejeta, en base a la reñida competencia presente en la categoría principal, han optado por la vía fácil y asegurarse, como mínimo, la nominación de Maribel Verdú, aunque sea en la categoría secundaria. Actriz siempre susceptible de ser nominada, la que con toda seguridad sea la mayor estrella femenina del momento en nuestro cine, gana opciones en las quinielas gracias a que 15 años y un día sea la definitiva seleccionada por la Academia para representarnos a los Oscar. Sin embargo, su injusto olvido entre las finalistas a los Premios Feroz no resulta un dato demasiado halagüeño. Eso y que aún está muy reciente su segundo Goya. Tampoco en esta categoría, a pesar de su obvia condición de favorita, lo tendrá fácil la Verdú, aunque merecería llegar a la final por marcarse una interpretación como la que lleva a cabo en 15 años y un día, ajustadísima, de muchos matices, y apechugando con un arriesgado monólogo en un largo plano secuencia.


3 bodas de más, la comedia de Javier Ruiz Caldera, es una de las favoritas en los recién anunciados Premios Feroz. Atesora 7 nominaciones y una de ellas reconoce la fabulosa aportación que lleva a cabo Rossy de Palma como la madre de la protagonista, lo cual no hace más que confirmar las notables expectativas que había despertado el regreso al Cine Español de Rossy de Palma, cuyas cortas intervenciones se cuentan entre los grandes aciertos cómicos de la función y que, según glosan todas las quinielas, podrían regalarle a la actriz su tercera nominación al Goya, la primera lejos del universo Almodóvar. No sería nada descabellado, pues la desquiciada y altisonante ejecución que lleva a cabo la actriz de su personaje, pone en evidencia la retorcida y descomunal vis cómica de una intérprete altamente desaprovechada por nuestra industria. Puede jugar en contra de sus posibilidades la ligereza y escasa estructura dramática de su personaje, sobre todo en comparación con el de muchas de sus oponentes, pero otros empeños tan jocosamente livianos como el suyo ya se han colado entre las finalistas en ediciones anteriores.


De todas las actrices de Todas las mujeres, de Mariano Barroso, era a la que menos opciones le veíamos de llegar a la final por el Goya, hasta que la Asociación de Informadores del Cine reconoció su valía incluyéndola entre las finalistas en esta categoría a los Premios Feroz. Digno y merecido reconocimiento que nos predispone a pensar en las serias posibilidades de obtener el reconocimiento goyesco que lleva ya años mereciendo Petra Martínez, a la que la Academia ha llegado a olvidar en múltiples ocasiones, por trabajos que rozan la perfección y que se cuentan como los mejores ofrecidos por una actriz para nuestro cine en los últimos años (La soledad, Nacidas para sufrir, Mientras duermes). Su participación en Todas las mujeres no está a la altura de estos, pero sí destila mala uva con una clase y elegancia desbordantes, razones más que suficientes para que la Academia la incluya, de una vez por todas, entre las finalistas al Goya.


Ser la única protagonista femenina de un reparto coral como el de La gran familia española debe tener alguna ventaja. Y no es otra que el de lograr destacar de forma natural en cada secuencia que se te dedique. Pero no solo eso, porque Verónica Echegui vuelve a dar una lección de naturalidad y frescura con su papel en la película de Daniel Sánchez Arévalo, demostrando que merece ser considerada, con toda justicia, una de las mejores y más preparadas actrices de su generación. A pesar de ello, había perdido fuerza en nuestros anteriores ránkings y sus opciones pasaban más porque la cinta arrasase en el reparto de candidaturas que porque su trabajo llegase a destacar por méritos propios. La competencia es dura y este año no parecía ser el de Verónica Echegui hasta que La gran familia española se ha impuesto como una de las grandes favoritas a los recién creados Premios Feroz, con 6 candidaturas, una de ellas para Echegui, que vuelve a dar alas a sus posibilidades de cara a los Goya.

Todas las mujeres, de Mariano Barroso, posee notables argumentos para rascar, por lo menos, una nominación en esta categoría. Tras la nominación a los Feroz de Petra Martínez, del ramillete de actrices que secundan a Eduard Fernández, quizás sea Natahalie Poza la segunda que parta con mayor ventaja, al resultar su intervención absolutamente impagable, mostrándose la intérprete excelsa como esa psicóloga desconcertada ante la historia del protagonista. Con una estimulante entereza y no poca ironía, Poza se vuelve inolvidable en la película y no resultaría nada desproporcionado verla figurar entre las cuatro finalistas.


Poco le permite La herida, de Fernando Franco, lucirse a la estupenda Rosana Pastor, que ejecuta con emotiva y cauta precisión su papel de madre desorientada, que no alcanza a comprender la actitud de una hija con la que parece no tener nada en común. Pocas dosis de lucimiento, como decíamos, que podrían no ser impedimento para que la actriz sumase su cuarta nominación al Goya, sobre todo cuando se ha demostrado la predilección que siente la Academia hacia su persona, habiéndola nominado con anterioridad por empeños, a priori, tan notorios como el que aquí desempeña.

Detrás de Poza, la que mayores parabienes anda recibiendo desde el estreno de Todas las mujeres está siendo Marta Larralde, actriz a la que le ha costado hacerse notar dentro de la industria, pero que hace tiempo viene mereciendo una justa revaloración a todos los niveles. Una nominación al Goya en esta categoría podría ser un buen comienzo, sobre todo por la agradecida naturalidad con la que lleva a cabo toda su intervención en la película, haciendo con su trabajo que lo impostado de algunos momentos en los que participa, resulte siempre cargado de verosimilitud.


Aunque podría haber sido seleccionada como revelación, la productora de Todos queremos lo mejor para ella ha lanzado la candidatura de Àgata Roca como secundaria, lo que hace aún más difícil su presencia entre las cuatro finalistas. Lo que sí debe quedar claro es que las opciones de la intérprete descansan en ofrecer un trabajo que ha sido alabado incluso por la crítica especializada, algo no muy frecuente tratándose de un empeño tan reducido, que pone en evidencia el desperdicio cinematográfico al que se encuentra sometida, dada la agudísima y soterrada vis cómica con la que afronta la práctica totalidad de su participación en la piel de esa neurótica hermana.


Siendo sinceros, pocas posibilidades le vemos a la argentina Valeria Bertuccelli de llegar a la final por el Goya y más por una cinta como Pensé que iba a haber fiesta, de Victoria Galardi, co-producción con Argentina que todavía no ha llegado si quiera a las salas comerciales. De todos modos, no desmerecería de tal pues vuelve a demostrar lo bien que se le da componer el carácter interno de un personaje mientras en su superficie exhibe su extraordinaria capacidad para la verborrea ligera, construyendo con mucho menos tiempo en pantalla que su compañera (Elena Anaya), un rol de primeras adusto y agrio, pero en el fondo amable y hermosamente honesto. De su actuación apenas podría decirse que supera una exquisita corrección, si no fuera por el despliegue que se le permite en la recta final, donde Bertuccelli brilla por la naturalizada exposición que lleva a cabo de las oscilaciones emocionales de su personaje.


Divertido y resuelto trabajo el desempeñado por Macarena Gómez en Las brujas de Zugarramurdi, por la que lleva ya unas semanas sonando fuerte en las quinielas. Lo tendrá difícil al coincidir con su compañera de reparto, la favorita indiscutible, Terele Pávez. Y porque, además, su trabajo, lejos del disfrute que puede ocasionar visionarla en su registro más desquiciado, poco más ofrece que sea digno de mención, sobre todo comparado con la abultada competencia que la precede en este ránking. Una nominación a los Premios Feroz hubiera servido de empuje a sus opciones, pero esto, lamentablemente, no ha sucedido.


En nuestra primera quiniela para esta categoría, Aura Garrido se imponía como la única opción viable para componer la lista de nominadas. El tiempo ha pasado, pero su trabajo en Los ilusos, de Jonás Trueba, sólo ha perdido opciones al Goya precisamente por encontrarse en un film distribuido solamente a través de canales de arte y ensayo. Por lo demás, seguimos recordando con no poca admiración el honesto y sencillo trabajo desempeñado por la actriz, sin duda, la presencia más luminosa y magnífica de una de las, seguramente, mejores películas del año. Su aparición en Los ilusos se produce para generar poesía visual dentro de la película y la actriz, rebosante de naturalidad, se hace inolvidable. No obstante, está claro que sus verdaderas opciones a los Goya de este año se encuentran en la categoría principal.


Tampoco parece muy bien posicionado el trabajo de la gran Geraldine Chaplin en la insípida Memoria de mis putas tristes, en un papel que, eso sí, se ajusta a su medida, como esa envejecida e incapacitada madame, que la intérprete acomete con endiablada desfachatez, convirtiendo sus frecuentes secuencias en verdaderos deleites para cualquier aficionado. Demostrando, de paso, con tremendo y espléndido despliegue, derrochando una energía y un ritmo deslumbrantes y convirtiéndose en lo mejor de la función, la capacidad y el talento inherentes a las grandes intérpretes cinematográficas, capaces, como Chaplin en Memoria de mis putas tristes, de vencer y anular las limitaciones de un pobre y mal dibujado personaje. Una intérprete de su categoría siempre resulta una incontestable candidata, a pesar de que la película en la que intervenga desmerezca recibir nominaciones a los Goya (como es el caso).


Clara Segura es otra de esas intérpretes cuyo nombre lleva sonando en las quinielas a los Premios Goya desde hace varias ediciones sin obtener resultado. Este año no parece que vaya a ser diferente, pero su trabajo en Todos queremos lo mejor para ella, de Mar Coll, bien merece contarse en este ránking, pues la actriz exhibe en él su talento sin complejos, llegando incluso a resultar deseable tras esa apariencia de madre de familia distendida.


Aunque nos alegremos enormemente de la ladina y venenosamente feliz recuperación para el cine de María Botto producida en la comedia 3 bodas de más, de Ruiz Caldera, nos tememos que el personaje de esa falsamente adorable jefa de la protagonista, una arpía de la peor calaña, que la actriz hace francamente inolvidable gracias a su irresistible dominio del ritmo y la cadencia veladamente cómica de su seductora sonrisa; no será el papel por el que la Botto volverá a lidiar por un Goya que, ciertamente, viene mereciendo hace tiempo.


Por último, reseñar a una de las habituales en todas las quinielas que, como viene siendo habitual también (por desgracia), probablemente tendrá que esperar a futuras ocasiones para conseguir una más que merecida nominación al Goya. Hablamos de Carmen Machi, quien en La Estrella, de Alberto Aranda, se involucra con sobriedad en la piel de su ama de casa maltratada y sortea con éxito el cliché inherente a su personaje y, al mismo tiempo, logra desprenderse moderadamente del personaje televisivo que la hizo famosa y en cuyos brazos podría haber sido fácil caer en determinados pasajes. Dar vida en la pantalla a una mujer víctima de la violencia de género puede sumar puntos a su favor, pero el alcance mediático y comercial de la película fue tan reducido que, nos tememos, Machi no figurará entre las finalistas.