Karra Elejalde regresa el viernes a los cines.

Repasamos la filmografía del actor cuando regresa a la comedia con "Ocho apellidos vascos".

Palmarés XXIII Premios de la Unión de Actores.

"Caníbal", de Manuel Martín Cuenca, una de las vencedoras con 2 premios.

17º Festival de Málaga. Cine Español.

La Sección Oficial está compuesta por 15 largometrajes muy esperados para este 2014.

17º Festival de Málaga. Cine Español.

Seis títulos integran la sección paralela, competitiva, Zonazine, el espacio independiente.

17º Festival de Málaga. Cine Español.

Málaga Premiere y Estrenos Especiales completan la oferta de novedades del certamen.

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sábado, 4 de enero de 2014

Los Premios Gaudí sucumben a "Los últimos días", la gran favorita con 11 nominaciones.


La Academia del Cine Catalán dio a conocer ayer por la mañana los candidatos definitivos a la VI edición de sus Premios Gaudí, el máximo galardón que se concede a la producción catalana, y las sorpresas han sido múltiples. Los últimos días, la cinta apocalíptica de los hermanos Pastor, estrenada en el primer trimestre del año y que apenas suena en las quinielas a los próximos Premios Goya, se ha impuesto como la gran favorita al sumar el mayor número de nominaciones (11), entre ellas algunas de las más importantes, como mejor película en lengua no catalana, dirección o guión, junto a su presencia entre los finalistas a casi todas las categorías técnicas. Como ocurría el año pasado, cuando Lo imposible, de Juan Antonio Bayona, ganó 6 estatuillas, los Gaudí vuelven a ensalzar con este reconocimiento a Los últimos días a un cine industrialmente impecable y de buen acabado técnico, de exportación fácil, y de clara vocación comercial, por mucho que esto repercuta al nivel narrativo que, como en la cinta de los Pastor, cojeaba de forma alarmante.


Algo que evidencian también las 8 nominaciones logradas por Fill de Caín (Hijo de Caín), de Jesús Monllaó Plana, incluida la de mejor película, thriller muy bien armado en su aspecto formal que pecaba de un grave error de previsibilidad, lo que ponía de manifiesto la condición de novel de su director. No obstante, su presencia entre las favoritas para los académicos catalanes servirá para resarcir a sus responsables del injusto veto sufrido por la cinta en los Premios Goya, donde debido a un error de trámite en el momento de presentar sus candidaturas, la Academia dejó fuera de la competición a Hijo de Caín por incumplimiento de las bases de participación.


En el mismo saco podríamos incluir las 6 nominaciones conseguidas por Grand piano, de Eugenio Mira, todas técnicas (salvo la de mejor película en lengua no catalana), que vienen a valorar muy positivamente la excelencia técnica de un producto excesivamente hueco en su base argumental y servicial a los cánones del cine de consumo; o las 3 anecdóticas alcanzadas por El cuerpo, de Oriol Paulo, thriller mejor construido que los anteriores y, por lo tanto, preferible a ellos, estrenado en diciembre del año pasado.


La otra gran favorita y que a todas luces se perfila como la cinta que más opciones posee para materializar sus candidaturas en premios, es Tots volem el millor per a ella (Todos queremos lo mejor para ella), de Mar Coll. Esta extraordinaria pieza, de corte intimista, ha obtenido el favor de la Academia también en 8 categorías, siendo una fuerte contendiente en las de mejor película, dirección, guión y, sobre todo, actriz protagonista, pues Nora Navas no sólo ganó la Espiga de Plata a la mejor actriz en el pasado Festival de Valladolid por esta película, sino que además se perfila como una de las máximas favoritas a figurar candidata también a los Premios Goya.


Favorita a figurar en los Goya en la categoría documental, La plaga, alabado y premiadísimo debut en la dirección de Neus Ballús, ha proporcionado las más entusiastas sorpresas de la lista de candidatos a estos Premios Gaudí, al sumar 5 candidaturas, colándose entre las finalistas a la mejor película, mejor dirección y mejor guión. También a 5 premios aspira otra de nuestras cintas imprescindibles del pasado año, La por (El miedo), de Jordi Cadena, ninguneada en la categoría reina, figura, no obstante, entre las candidatas a mejor dirección y mejor guión, amén de mejor actor secundario para el intachable trabajo realizado por Ramon Madaula, para el que ésta supone su primera nominación a estos galardones.


Son significativas también las 4 nominaciones recibidas por la personal Història de la meva mort (Historia de mi muerte), de Albert Serra, que aunque sólo figure candidata en apartados técnicos, hablan muy bien sobre los paradójicos gustos de unos académicos que tampoco han olvidado el auténtico sleeper del año, la colorista pero insustancial Barcelona, nit d'estiu (Barcelona, noche de verano), de Dani de la Orden, candidata en 3 categorías, siendo una de ellas la de mejor película del año.


En el capítulo específico de la interpretación, hay que reseñar los olvidos entre los finalistas de los otros intérpretes de El miedo, los sobresalientes Roser Camí y Igor Szpakowski, éste último especialmente reseñable cuando en su lugar figura candidato el también joven David Solans, por Hijo de Caín, en un trabajo más convencional y esquemático que el de Szpakowski. Junto a Solans, compiten al premio al mejor actor protagonista el ganador del Goya el año pasado, José Sacristán, por El muerto y ser feliz, y dos de los máximos favoritos a figurar candidatos a los Premios de la Academia este mismo año, Eduard Fernández, por Todas las mujeres, y Javier Cámara, por Ayer no termina nunca. Fernández se postula ya como el claro favorito, siendo más que probable que obtenga así su tercer Premio Gaudí en la que supone su cuarta nominación a estos premios.


A Navas, para quien éste podría ser su segundo Gaudí tras el obtenido por Pa negre (Pan negro) (2010), de Agustí Villaronga, le disputará el premio nada menos que Candela Peña, por Ayer no termina nunca, para quien ésta podría ser la única nominación importante que obtendrá este año al estar muy reñida la competición a los Goya. Significa su segunda candidatura a los Gaudí, justo un año después de ganarlo en la categoría secundaria por Una pistola en cada mano (2012), de Cesc Gay. Lo mismo con Vicky Peña, para quien esta nominación por Un berenar a Ginebra (Una merienda en Ginebra) supone su segunda vez tras obtenerlo como secundaria por Catalunya über alles (2011), de Ramon Térmens. Por su parte, Ingrid Rubio se estrena en los Gaudí por su espléndido protagonista en La Estrella, merecido reconocimiento a un trabajo que nos tememos pasará desapercibido en el resto de premios cinematográficos del año.


También por La Estrella ha logrado ser candidata en la categoría secundaria Carmen Machi, significando ésta una de sus primeras menciones para uno de los premios cinematográficos más importantes del país. No lo tendrá fácil, pues compite nada menos que con las actrices de Todos queremos lo mejor para ella: Àgata Roca, en su primera nominación, y Clara Segura, que obtiene aquí su tercera nominación a un premio que ya ganó por Les dues vides d'Andrés Rabadán (Las dos vidas de Andrés Rabadán) (2008), de Ventura Durall. La cuarta finalista no es otra que la última ganadora del Gaudí protagonista, María Molins, por Hijo de Caín, logrando también así su tercera nominación.


Como Madaula, sus compañeros en la liza al mejor secundario Jose Coronado y Pau Durà compiten por primera vez a los Gaudí, por Hijo de Caín y Todos queremos lo mejor para ella, respectivamente; siendo Sergi López el único de los contendientes con experiencia en estos galardones, pues ya había sido candidato, también como secundario, por Petit indi (2009), de Marc Recha. Su presente nominación, debida a su maravilloso trabajo en Ismael, supone una grata sorpresa no sólo por el merecimiento de la misma, sino porque muy probablemente sea una de las pocas recompensas que obtendrá un trabajo digno de los más grandes premios cinematográficos del año.


Por último, se hace obligado reseñar la nominación obtenida por una de las grandes favoritas a los Goya, La herida, de Fernando Franco, en la categoría de mejor película europea, junto a tres de las películas que más premios y menciones andan recibiendo en los últimos tiempos: la última ganadora del Oscar a la mejor película en lengua extranjera, Amour (Amor), de Michael Haneke, la ganadora de la Palma de Oro del último Festival de Cannes, La vie d'Adèle (La vida de Adèle), de Abdellatif Kechiche, y Hannah Arendt, de Margarethe von Trotta.



Mejor Película:

  • Barcelona, nit d'estiu (Barcelona, noche de verano), de Dani de la Orden.
  • Fill de Caín (Hijo de Caín), de Jesús Monllaó Plana.
  • La plaga, de Neus Ballús.
  • Tots volem el millor per a ella (Todos queremos lo mejor para ella), de Mar Coll.
Mejor Película en Lengua No Catalana:

  • El cuerpo, de Oriol Paulo.
  • El muerto y ser feliz, de Javier Rebollo.
  • Grand Piano, de Eugenio Mira.
  • Los últimos días, de Álex y David Pastor.
Mejor Director:

  • Neus Ballús, por La plaga.
  • Jordi Cadena, por La por (El miedo).
  • Mar Coll, por Todos queremos lo mejor para ella.
  • Álex y David Pastor, por Los últimos días.
Mejor Guión:

  • Neaus Ballús y Pau Subirós, por La plaga.
  • Jordi Cadena y Núria Villazán, por El miedo.
  • Mar Coll y Valentina Viso, por Todos queremos lo mejor para ella.
  • Álex y David Pastor, por Los últimos días.
Mejor Actriz Protagonista:

  • Nora Navas, por Todos queremos lo mejor para ella.
  • Candela Peña, por Ayer no termina nunca.
  • Vicky Peña, por Un berenar a Ginebra (Una merienda en Ginebra).
  • Ingrid Rubio, por La Estrella.
Mejor Actor Protagonista:

  • Javier Cámara, por Ayer no termina nunca.
  • Eduard Fernández, por Todas las mujeres.
  • José Sacristán, por El muerto y ser feliz.
  • David Solans, por Hijo de Caín.
Mejor Actriz Secundaria:
  • Carmen Machi, por La Estrella.
  • María Molins, por Hijo de Caín.
  • Àgata Roca, por Todos queremos lo mejor para ella.
  • Clara Segura, por Todos queremos lo mejor para ella.
Mejor Actor Secundario:

  • Jose Coronado, por Hijo de Caín.
  • Pau Durà, por Todos queremos lo mejor para ella.
  • Sergi López, por Ismael.
  • Ramon Madaula, por El miedo.
Mejor Dirección de Producción:

  • Josep Amorós, por Los últimos días.
  • Aritz Cirbián, por Otel·lo.
  • Oriol Maymó, por Món Petit (Mundo Pequeño).
  • Iván S. Mas, por Hijo de Caín.
Mejor Película Documental:
  • Bajarí, de Eva Vila.
  • Els records glaçats, de Albert Solé.
  • Mundo Pequeño, de Marcel Barrena.
  • Serrat y Sabina, el símbolo y el cuate, de Francesc Relea.
Mejor Dirección Artística:

  • Alain Bainée, por Mindscape.
  • Balter Gallart, por Los últimos días.
  • Sylvia Steinbrecht, por 3 bodas de más.
  • Sebastian Vogler y Mihnea Mihailescu, por Història de la meva mort (Historia de mi muerte).
Mejor Montaje:

  • Bernat Aragonès, por Hijo de Caín.
  • Neus Ballús y Domi Parra, por La plaga.
  • David Gallart, por El miedo.
  • Elena Ruiz y Albert Gutiérrez, por Barcelona, noche de verano.
Mejor Música Original:

  • Joan Dausà, por Barcelona, noche de verano.
  • Víctor Reyes, por Grand Piano.
  • Pau Vallvé, por Mundo Pequeño.
  • Fernando Velázquez, por Los últimos días.
Mejor Dirección de Fotografía:

  • Daniel Aranyó, por Los últimos días.
  • Diego Dussuel, por La plaga.
  • Sergi Gallardo, por El miedo.
  • Jimmy Gimferrer, por Historia de mi muerte.
Mejor Vestuario:

  • Núria Anglada, por Hijo de Caín.
  • Patricia Monné, por Grand Piano.
  • Lourdes Pérez y Rosa Tharrats, por Historia de mi muerte.
  • Olga Rodal, por Los últimos días.
Mejor Sonido:

  • Albert Manera, Isaac Bonfill, Oscar Grau y Marc Orts, por Hijo de Caín.
  • Albert Manera, James Muñoz y José A. Manovel, por Grand Piano.
  • Albert Manera, Oriol Tarragó y David Calleja, por El cuerpo.
  • Licio Marcos de Oliveira, Oriol Tarragó y David Calleja, por Los últimos días.
Mejores Efectos Especiales:

  • Lluís Castells (Fassman); Lluís Rivera (In Extremis Film Service); David Martí y Montse Ribé (DDT), por El cuerpo.
  • Lluís Rivera, Pablo Perona, Juanma Nogales, Jon Aguirre, Manuel Ramírez e Isidro Jiménez, por Los últimos días.
  • Àlex Villagrasa y Raúl Romanillos, por Grand Piano.
  • Mister X, Cúbica User T38, DDT (David Martí y Montse Ribé), por Mamá.
Mejor Maquillaje y Peluquería:

  • Laura Bruy y Txus González, por Todos queremos lo mejor para ella.
  • Ana López-Puigcerver y Belén López-Puigcerver, por Grand Piano.
  • Patricia Reyes, por Los últimos días.
  • Mariona Trias y Lluís Soriano, por Historia de mi muerte.
Mejor Película Europea:

  • Amour (Amor), de Michael Haneke.
  • Hannah Arendt, de Margarethe von Trotta.
  • La herida, de Fernando Franco.
  • La vie d'Adèle (La vida de Adèle), de Abdellatif Kechiche.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Premios Goya 2014: candidatas a la Mejor Actriz Protagonista.


Llegamos al final del repaso por las candidaturas interpretativas pre-seleccionadas para competir en los próximos Premios Goya con la lista a la mejor interpretación femenina protagonista. Tal y como deseábamos en nuestra última quiniela, Marian Álvarez, una de las dos grandes favoritas en este apartado ha sido ratificada como principal y no como revelación, como muchos auguraban. Así, la protagonista de La herida sigue liderando el ránking a la mejor actriz, muy bien acompañada por la estupenda Nora Navas de Tots volem el millor per a ella (Todos queremos lo mejor para ella).


Con Maribel Verdú fuera de esta competición, el tercer y cuarto puesto siguen disputándoselo Aura Garrido, por Stockholm (aunque también figure candidata por Viral), Candela Peña, por Ayer no termina nunca, Inma Cuesta, por Tres bodas de más, Marta Etura, por Presentimientos, y Belén Rueda, por Ismael (candidata también, aunque sin opciones, por Séptimo).


Menos opciones parecen tener Ingrid Rubio, por La Estrella, Carmen Maura, por Las brujas de Zugarramurdi, o Ariadna Gil, por Sola contigo. Aunque no tan pocas como las que se barajan para Adriana Ugarte, por Combustión, María Valverde, por La mula, y, sobre todo, para las actrices propuestas por Al final todos mueren (Andrea Duro, Manuela Vellés y Teresa Soria Ruano) o las seleccionadas por El amor no es lo que era (Blanca Romero, Petra Martínez y Aida Folch), todas ellas en papeles demasiado pequeños como para ser consideradas protagonistas.

Las sorpresas.


La principal es la inclusión en esta categoría de Lola Dueñas, por Los amantes pasajeros, perdiendo la cinta de Almodóvar las pocas opciones que tenía ya de conseguir una nominación para la actriz, que si tenía posibilidades era como secundaria. Dueñas, además, también figura candidata por 10.000 noches en ninguna parte.


Lo mismo sucede con Claudia Bassols y Fionnula Flanagan, incomprensiblemente propuestas como protagonistas por Menú degustación, cuando sus opciones reales de lograr nominación estaban en la categoría revelación, para la primera, y secundaria, para la segunda.


Tanto Ana Fernández, por Casi inocentes, como Lydia Bosch, por La hermandad, podrían sumarse a las actrices con posibilidades en esta categoría. Aunque no tanto como Elena Anaya, que se sube al carro de las favoritas con su inesperada selección por Pensé que iba a haber fiesta.


Tampoco habría que perder de vista la sorprendente candidatura de la enorme Vicky Peña, por Una merienda en Ginebra, sorprendente por tratarse de un filme destinado a la televisión. Sin embargo, las críticas hacia el trabajo de la actriz hablan de maestría absoluta, lo que convierte a Vicky Peña en una rival bastante seria.


jueves, 3 de octubre de 2013

Las buenas intenciones no sostienen "Las manos de mi madre".


Estrenada de tapadillo, con muy pocas copias en circulación, llegaba a las salas el viernes pasado Amaren eskuak (Las manos de mi madre), el debut en la dirección de largometrajes en solitario de Mireia Gabilondo, basada en la novela homónima de Karmele Jaio, sobre una ocupada periodista que siente el derrumbe de su vida cotidiana tras la hospitalización de su madre, aquejada de una falta irreversible de memoria. Desde ese momento, la protagonista, Nerea, deberá lidiar no ya sólo contra sus fantasmas interiores sino también con los de su madre, anclada en un tiempo pasado que Nerea desconoce. Hasta aquí todo muy bien, pero a uno le da la sensación, pasado el primer tercio de la cinta, de que todo lo que acontezca a partir de ahí ya lo ha visto antes en algún que otro sitio.


He aquí el gran problema de Las manos de mi madre, que su historia, por mucho que esté adaptada de una novela, no nos pilla por sorpresa en ninguno de sus puntos. Tenemos a esa hija hiperocupada que apenas advierte la escasa atención que les dedica a su marido y a su hija pequeña, a la que, de buenas a primeras, se le aparece otro fantasma (este de su pasado) y la incertidumbre sobre qué hacer y cómo reaccionar se le entrecruza con la impotencia de compaginar su vida laboral junto al cuidado en el hospital de su madre enferma. Ésta y sus fantasmas le darán las claves oportunas para que Nerea termine comprendiendo el sentido de su propia existencia y comience a reorganizarla buscando el bienestar largamente descuidado. Así, lo que prometía ser una película intimista y emocional, termina pareciéndose mucho al típico melodrama de superación personal cuyo desarrollo y desenlace ya nos sabemos de memoria.


Del mismo modo que sucedía en otra película reciente del Cine Español como En la ciudad sin límites (2002), de Antonio Hernández, en Las manos de mi madre una hija deberá desentrañar el pasado oculto de su progenitora, tarea que le servirá de reflejo de su propia vida y la ayudará a encauzar sus propios desajustes. Sin embargo, mientras en la cinta de Hernández se abogaba por un tratamiento cercano al thriller psicológico que invitaba al espectador a fascinarse por los descubrimientos de su protagonista, en la película de Mireia Gabilondo se opta por contar la misma historia desde una óptica demasiado ternurista, tratando de reforzar el componente emocional de una trama que por obvia pierde cualquier posibilidad de empatizar con el espectador, por mucho que la estupenda composición de Pascal Gaigne apele sensiblemente a removernos por dentro.


Quedan, eso sí, el retrato más o menos veraz de la vida compartida en la fría estancia de un hospital y unas intenciones en verdad loables al querer abordar una enfermedad como el alzheimer desde una perspectiva completamente alejada del drama y la tragedia que siempre la acompañan, lo que salva a Las manos de mi madre de merecer la invisibilidad a la que parece estar condenada. Eso y el oficio de su realizadora, que sin virtuosismos técnicos, logra contar algo mil veces visto sin pecar de estridente o artificiosa, a través de una planificación sosegada, en algunos momentos sumamente elegante, y sin perder ritmo en toda la película. En lo que respecta a sus actrices, es justo reconocer la entrega de su protagonista, Ainara Gurrutxaga, y su predisposición a exponer sin tapujos ante la cámara las dudas, el dolor y la culpa padecidos por su personaje. Son destacables también los trabajos de Esther Remiro, como la madre enferma, y de Loli Astoreka, en el papel de la tía que vuelve desde Alemania con la intención de echarle una mano a su sobrina y que termina convirtiéndose en indispensable a la hora de reconstruir el pasado oculto de Luisa. Pero sobre ellas, siempre quedará la profesionalidad de una Vicky Peña, en un papel de colaboración, ingrato por su escaso protagonismo en pantalla, pero que pone de manifiesto la categoría de una actriz para la que ningún papel es pequeño.


Puntos fuertes a los Goya 2014:
- Mejor Dirección Novel: Mireia Gabilondo.
- Mejor Actriz Revelación: Ainara Gurrutxaga.
- Mejor Guión Adaptado: Josu Bilbao.
- Mejor Música Original: Pascal Gaigne.

sábado, 28 de septiembre de 2013

La hora bruja invade las carteleras.

¡¡¡Ya es viernes!!! Bueno, en realidad, sábado, pero me ha sido materialmente imposible sacar esto a tiempo. Pero aunque un día tarde, la ocasión merece la pena. Y es que ayer llegaban las brujas de Álex de la Iglesia dispuestas a convulsionar la raquítica taquilla nacional, liderada sorprendentemente esta semana por Justin y la espada del valor, que con una recaudación en su primer fin de semana que ronda en torno a los 600.000€ ha ocupado holgadamente el primer puesto de las más vistas, seguida de otra producción nacional, La gran familia española, que en su segundo fin de semana de carrera comercial, ha perdido sólo un 23%, recaudando 570.000€ y con un acumulado de 1.553.000€, manteniendo con dignidad la segunda plaza del ránking por segunda semana consecutiva. ¿Logrará la película de De la Iglesia auparse al podio de honor esta semana? Todo hace indicar que así será.

La peli del finde.


Distribuida a lo grande por Universal en 392 pantalla de 328 cines, Las brujas de Zugarrmurdi llega justo a tiempo para calentar la fría situación comercial de nuestro cine. Y no lo puede hacer en mejor momento, aún reciente su exitoso paso por el Festival de San Sebastián, donde la cinta se proyectó dentro de la Sección Oficial, aunque fuera de concurso, y en el marco del cual le fue entregado el merecido Premio Donostia a Carmen Maura, uno de los grandes ganchos con que cuenta la que se dice ya es la vuelta al cine gamberro del director vasco. La expectación no puede ser ya mayor para esta película cuyo argumento se resume así: dos parados (Mario Casas y Hugo Silva) cometen un atraco y huyen perseguidos por la policía (Pepón Nieto y Secun de la Rosa) y por la ex mujer de uno de ellos (Macarena Gómez). Se adentran en los bosques impenetrables de la Navarra profunda cayendo en las garras de una horda de mujeres enloquecidas que se alimentan de carne humana. Ni que decir tiene que el regreso de Maura al cine de De la Iglesia no es el único factor que alimentará el buen funcionamiento de la cinta, pues cuenta con el aval que supone estar protagonizada por dos de los actores de mayor tirón comercial del momento, a los que hay que sumar el concurso en papeles de reparto de Carolina Bang, Santiago Segura, Carlos Areces, Enrique Villén, María Barranco y, por supuesto, la gran Terele Pávez, que huele desde ya a Goya a la mejor actriz secundaria por motivos más que obvios.

Un gran reparto para la primera película de Álex de la Iglesia que ha logrado poner prácticamente de acuerdo a toda la prensa especializada desde La comunidad (2000), por mucho que Balada triste de trompeta (2010) ganara importantes premios en el Festival de Venecia. Y aunque la práctica totalidad de la crítica reseña que Las brujas de Zugarramurdi está lejos de ser una obra redonda, casi todos parecen más fascinados por sus virtudes que decepcionados por sus defectos. Dejo constancia de la opinión de, por ejemplo, Carlos Boyero en El País: "los gags, los diálogos y las situaciones no tienen desperdicio, la gracia se funde con la espectacularidad, la comicidad de los intérpretes no suena a impostada, quieres que esa fiesta verbal y visual no se acabe"; Carlos Marañón en Cinemanía: "la película más redonda del bilbaíno"; o Jordi Battle Caminal en La Vanguardia: "en ese ritual, y en el banquete que lo precede, es donde comparece el De la Iglesia torrencial, capaz de contagiar al más escéptico el placer de contar cuentos a lo bestia, sin coartadas; un placer que también empapa al reparto: Maura y Terele Pávez son dos brujas de campeonato, insuperables".


Cine pequeño.


Pequeño y casi invisible. Y es que con el torrencial publicitario que acompaña al estreno de Las brujas de Zugarramurdi es matemáticamente imposible llamar algo la atención. Con sólo 13 escasas copias, todas ellas en versión original en euskera subtitulado al castellano, arranca su andadura comercial Amaren eskuak (Las manos de mi madre), debut en la dirección de largometrajes en solitario de Mireia Gabilondo, drama familiar basado en la novela de Karmele Jaio, donde el precario equilibrio existente en la vida de Nerea se derrumba de un día para otro cuando hospitalizan a su madre, Luisa, con una pérdida total de memoria. Nerea se siente culpable de no haber reaccionado ante los primeros síntomas que aparecieron y ahora ve cómo el reloj de Luisa se ha retrasado de repente y le ha arrastrado al pasado. Luisa no reconoce a Nerea y Nerea, a su vez, no logra entender por qué su madre le pide insistentemente que le lleve al faro y por qué llama en sueños a un Germán desconocido. Nerea descubrirá una nueva faceta de la vida de su madre y será consciente de la similitud de sus experiencias pasadas y de los fantasmas que habitan en sus memorias.


Presente también en el presente Festival de San Sebastián, aunque dentro de una de las secciones paralelas, Amaren eskuak es una película eminentemente femenina, interpretada en gran medida por intérpretes desconocidos fuera del territorio vasco, como sus dos actrices principales, Ainara Gurrutxaga y Maialen Vega, que interpretan a la hija y a la madre protagonistas. Sin embargo, su principal gancho comercial es la presencia en un papel secundario de la todopoderosa, y lamentablemente más dedicada al teatro en los últimos tiempos, Vicky Peña. Estrenada solo en cines de Madrid, Barcelona y, por supuesto, Euskadi, aún no hemos podido echarle un ojo a ninguna crítica vertida sobre la película, pero es digno reconocer que ver, aunque sólo sea unos minutos, a Vicky Peña en pantalla grande ya es motivo suficiente como para acercarse al cine y pasar por taquilla.


El último de los estrenos nacionales que llegó ayer a los cines es Viaje a Surtsey, otro debut, en esta ocasión a cuatro manos, por parte de David Asenjo y Miguel Ángel Pérez, del que se distribuyen unas escasas 23 copias. Se trata de una comedia dramática que ya pudo verse en el pasado Festival de Gijón 2012 dentro de la Sección Oficial a concurso sobre Iñaki y Mateo, dos amigos de toda la vida a los que siempre ha unido sus escapadas a la montaña. Mateo es alocado y visceral. Iñaki es prudente y formal. Los dos son el día y la noche pero cuando salen al campo nada les separa ni hay montaña que se les resista. El tiempo ha pasado y cada uno ha tirado por su lado. Los dos se casaron y tuvieron hijos pronto, pero mientras que Iñaki ha prosperado, la vida de Mateo es un rotundo fracaso.

Protagonizada por el televisivo Raúl Fernández de Pablo (El internado, Con el culo al aire) y el semidesconocido Lucas Fuica, Viaje a Surtsey no gustó mucho a su paso por el mencionado festival, donde Pablo González Taboada, en su crónica del mismo para Cinemanía reseñaba que era "una película terrible, casi amateur y por tanto indigna de ser proyectada a competición en un festival de esta importancia, o en síntesis, un (mal) cortometraje del Notodofilmfest alargado hasta los 99 minutos que provoca carcajadas (involuntarias) con cada línea de diálogo. De sus actores, por llamarlos de alguna forma, mejor no hablar". Con su llegada a los cines, las opiniones recibidas han sido algo más indulgentes, como demuestran las escritas por Carlos Marañón, también para Cinemanía: "Viaje a Surtsey compensa con honestidad sus palpables carencias. La ausencia de ínfulas limita, al sur, con un descuido formal despreocupado que puede confundirse a los ojos indulgentes con osadía"; o por Federico Marín Bellón para HoyCinema: "tiene la frescura propia del primer cine que sale de sus manos, con sus titubeos y las ganas de llenar al público con lo que les ha salido de dentro. El espectador que se asome a esta incursión en la naturaleza merece, sin embargo, una advertencia. Alguno podría sentirse asustado en los primeros minutos, los menos afortunados, pero a medida que los jóvenes cineastas se echan al monte y empiezan a escalar sin miedo, los personajes crecen y se vuelven más «queribles»; hasta sus diálogos parecen más inteligentes".


Hasta aquí los estrenos de este fin de semana, cuando regresa también a las carteleras 15 años y un día, de Gracia Querejeta, la película seleccionada finalmente por nuestra Academia para representarnos en los Oscar de este año. Sin más, me despido deseándoos un magnífico fin de semana de cine y, a poder ser, en el cine.

¡¡Un saludo, Sinvergüenzas!!

miércoles, 15 de mayo de 2013

Tercer Goya para la Forqué ante inolvidables olvidadas.



Retomamos el pertinente repaso a la Historia de los Premios Goya y lo hacemos concluyendo con el análisis a aquella segunda edición de 1987, observando la categoría a la mejor actriz secundaria, ardua tarea pues nos ha sido prácticamente imposible localizar y visionar uno de los tres trabajos interpretativos presentes entre los finalistas, concretamente el correspondiente a Terele Pávez en Laura, del cielo llega la noche, de Gonzalo Herralde. Verdadera lástima, primero por tratarse de la primera interpretación nominada de una actriz genial, lo que nos predispone a pensar en un más que estimable trabajo interpretativo y, segundo, porque nos impide valorar con justicia una categoría para la que quedaron finalistas otros dos trabajos verdaderamente poco consistentes y fueron olvidados auténticos recitales interpretativos.


Sólo un año después de obtener el primer Goya a la mejor actriz de reparto, Verónica Forqué hizo historia en la segunda edición al ganar, conjuntamente, los dos Premios Goya destinados a labores interpretativas femeninas. El de actriz de reparto le fue concedido por su gracioso y dinámico empeño como secretaria cachonda con marcado acento argentino en la comedia coral Moros y cristianos, film menor en la filmografía del genio Luis García Berlanga, un trabajo al que la Forqué presta su indudable atractivo personal, basado en esa melena rojiza y esa sonrisa entre inocente y picarona, pero que en esencia se traduce también en una actuación floja, cargada de clichés y sin ninguna pretensión de ahondar y hacer carne al tópico que representa su personaje. Estamos ante una actuación vistosa, sí, y muy fresca, pero en modo alguno entendemos la razón por la que un trabajo tan lineal y, además, poco desarrollado (ni siquiera desde el guión) llegó a una final por el Goya y, mucho menos, se alzó como el triunfal vencedor, coronando a la Forqué como la actriz con más Goyas en su haber (tres) ya en la segunda edición, una marca ciertamente imbatible para cualquier otro intérprete (hombre o mujer), por lo menos a corto plazo. 


Por ello, y sin haber podido emitir un juicio verdaderamente objetivo ante la ignota actuación de la nominada Terele Pávez, nos es obligado señalar que aquél Goya hubo de caer en las manos de Marisa Paredes, que con los 40 años ya cumplidos y habiendo realizado pequeñas intervenciones cinematográficas en los años precedentes, nada hacía prever que en esta segunda edición de los Premios Goya, ella iba a figurar entre las tres nominadas. Una absoluta sorpresa que colocó a Marisa Paredes en el punto de mira de toda la industria. El éxito se lo debía a José Sacristán, que le regaló el misterioso y atractivo personaje de Olga, la amante de un experimentado ladrón, de ademanes pulcros y precisos, de sonrisa intrigante y mirada seductora, en la irregular road movie Cara de acelga. Y aunque haya que agradecer a la Academia el empujón que esta nominación pudo significar para la trayectoria cinematográfica de la Paredes, hay que señalar que el trabajo de la intérprete en la película sólo merece un justo aprobado y es que la actriz apenas hace otra cosa que lucirse guapa y espléndida, aportando altas dosis de glamour y magnetismo a un personaje que juega durante toda su participación en contra del trabajo de la actriz, por el escaso relieve en el que se encuentra descrito y, también, por el temible lugar común al que queda reducido; obstáculos que tampoco Marisa Paredes intenta sortear, limitándose a crear ante las cámaras un desdibujado retrato de una astuta y taimada femme fatale, a lo que no ayuda el hecho de que toda su intervención se encuentre concentrada dentro de la parte menos conseguida e interesante del filme de Sacristán.

Las Olvidadas.


Ante semejante nivel en los trabajos nominados, no es de extrañar que el visionado de una película como La casa de Bernarda Alba, de Mario Camus, nos invite a arrancarnos la cabellera por los olvidos académicos producidos hacia dos miembros de su excelente reparto. Larguirucha y desgarbada, la catalana Vicky Peña volvió a quedarse a las puertas de una más que merecida nominación al Goya por segundo año consecutivo, y esta vez por uno de los personajes emblemáticos del Teatro Español: Martirio, la hija mediana de Bernarda Alba, un bicho desesperado que no quita ojo a su hermana pequeña, consciente de los deseos que guarda bajo su pecho, y que manifiesta un profundo ardor por debajo de sus faldas, que sólo consigue aliviar a través del reproche hacia aquellas que sí pueden gozar de lo que ella aún no conoce. Martirio vive inmersa en la pena, en una insoportable sed de hombre, de uno en concreto, y finge diariamente porque sabe que lo que le quema por dentro es pecado. La fuerza, la sinrazón y la obsesión de los personajes de La casa de Bernarda Alba eran explícitos ya en la obra original y las actrices de la adaptación cinematográfica llevada a cabo por Camus únicamente deben dar cobertura interpretativa a un universo poético muy complejo, que se halla latente en cada palabra, en cada frase, en cada parlamento. Con una entereza abrumadora, Vicky Peña hace suyo todo el simbolismo implícito en la obra de Federico García Lorca y se deja arrastrar hasta ese infierno situado en la propia casa, desenvolviéndose en la piel de la celosa Martirio con delicadeza, componiendo un estremecedor retrato de esa joven virgen y oprimida, capaz de mentir a su propia hermana, provocando así su trágico suicido, con tal de impedir que otras posean lo que ella nunca tocará. El acierto de Peña está en partir de la base teatral del texto para dar verdad a cada gesto, cada movimiento, cada mirada de su personaje e ir, poco a poco, mesuradamente, "cortándose las alas". Logra un trabajo meticuloso, pulido en todos sus aspectos, esencialmente cinematográfico hasta cuando el halo teatralizante de según qué parlamento amenaza con hacer acto de presencia. Emotiva y frágil al mismo tiempo que pérfida y malvada, Vicky Peña se desata dentro de una brillante contención, logrando momentos sublimes: la confesión que realiza a Amelia tumbada en la cama sobre la llegada del otoño, donde la actriz revela en su angustiosa expresión el verdadero sentido que acompaña a las palabras de Lorca; la manera en la que entona la cancioncilla que cantan los segadores fuera de campo, con un inesperado aire nostálgico en su mirada y una voz entrecortada que invita a pasear a las ahogadas lágrimas que afloran en sus ojos; o su escena final, en el patio con Adela, donde el drama amenaza con verterse en un trágico acontecer, mientras Peña devora enterita a su compañera, dado el alto grado de implicación que posee la actriz en comparación con la equivocada teatralidad adoptada por la estrella Ana Belén. Por no hablar de sus solitarias escenas al amparo de la luna, vigilando cada ruido de la noche, cada paso descarriado de su hermana pequeña o cada exhalación sexual de ésta con su objeto de deseo. Momentos, en definitiva, antológicos que merecían una buena consideración por parte de la Academia para unos segundos premios Goya a los que sí optaron trabajos notablemente menos conseguidos y redondos. 


Con el mismo grado de estupefacción hay que tomarse el olvido de Enriqueta Carballeira gracias a desempeñar el papel de Angustias en la versión cinematográfica de La casa de Bernarda Alba, personaje que ya había realizado con muy buenas críticas en la versión teatral estrenada en 1984, dirigida por José Carlos Plaza. Dando vida al último de los personajes importantes de la espléndida obra de Lorca, esta madrileña supo hacerse un hueco destacado dentro de la brillante labor desempeñada por el conjunto de actrices de la película. Su fuerte para ello fue una discreción ejemplar, consciente del segundo plano al que queda reducido su personaje en comparación con el conflicto principal que domina el texto. Con dignidad, con un dominio excelente del medio cinematográfico, Carballeira encarnó a esa mujer con edad para ser tenida ya por una "solterona", pero que aún no sabe lo que es dormir en una cama caliente, obligada a guardar castidad incluso ahora, cuando debe cumplir un luto por un hombre que no es su padre. A pesar de la fuerza imbuida a su personaje, la Angustias de Enriqueta Carballeira representa la obediencia y la sumisión al poder establecido, contra el que nunca se levantará en armas, sino que se limitará a descargar lágrimas impotentes en la soledad de su alcoba. Carballeira está frágil, dulce y miedosa durante todo el transcurso de la obra, sabedora del delicado carácter de su rol. Intensa en su emotivo patetismo, la actriz se vistió las ropas de la decencia, actuando con clase y prudencia, evitando excesos en todos sus parlamentos, logrando que su voz se escape levemente de sus labios en pequeños, casi inaudibles suspiros, provocados por el miedo a levantar la ira de su madre. Víctima primera de ese cautiverio, azotada miserablemente nada más comenzar la película, Carbelleira no reniega de aportar a su caracterización un halo inocente, de esa mujer que a pesar de su edad no ha dejado de ser una niña que aún sueña con su Príncipe Azul. Un elemento clave para entender por qué Angustias no abre los ojos a la realidad en ningún momento y comprende que la única razón por la que es cortejada por Pepe "el Romano" es su cuantiosa herencia. La veneración infantil hacia su prometido permite a la actriz mantener esa mirada ruborosa todo el tiempo, aunque detrás de ella se encuentre también un ardor incontenible hacia el macho, mostrado recatadamente, tal y como corresponde a un personaje de estas características, en el ejemplar plano fijo que protagoniza sentada junto a la ventana, iluminada por la luna, mientras espera la visita de su hombre y la posterior reacción de la intérprete cuando su sombra la alcanza: un leve sobresalto y unos ojos envueltos de manera sutil en insoportables llamas. Por ello, al final del filme, cuando la tragedia desvela su implacable rostro, el corazón del espectador no está con la insurrecta actitud de Adela, sino con la engañada y cruelmente despierta Angustias, que llora desconsoladamente en la cocina ante la nefasta realidad. Estamos ante un trabajo aplicado y más que correcto, que logra un especial lucimiento debido a la sensible hondura humana que aportan el tacto y la reserva con la que la actriz va evolucionando ante la cámara y que hubiera merecido mayor atención por parte del público y también de la Academia.


Y si de nominar a Marisa Paredes se trataba, la Academia bien podría haber desestimado el trabajo de la actriz en Cara de acelga y haber preferido su trabajo en la hoy obra de culto Tras el cristal, sorprendente ópera prima enmarcada en el género fantástico debida a Agustí Villaronga, en la que la Paredes daba vida con escalofriante austeridad a la soberbia y desconfiada esposa de un ex oficial nazi postrado en un pulmón de acero debido a un accidente. El proverbial despliegue de arrogancia y frialdad del que hace gala la actriz no sólo logra sacar un extraordinario partido a la imagen casi de diosa que desprende la estilizada figura de Marisa, sino que se erige en el foco de mayor interés a lo largo de la primera parte de la película, hasta esa intensa y diabólicamente agónica última secuencia de la actriz, donde, a pesar de no haber simpatizado en ningún momento con su Griselda, al espectador le posee un miedo irracional durante el periplo de la intérprete por los oscuros pasillos enmarcados de acechantes cortinajes. La desconfianza en el extraño y el amor propio traicionado son las constantes sobre las que se articula el intenso y turbador trabajo de la Marisa Paredes de Tras el cristal, cinta por la que sí hubiera merecido aquella nominación al Goya a la mejor actriz secundaria.


Pero La casa de Bernarda Alba no fue la única cinta denigrada en esta categoría, también Divinas palabras, de José Luis García Sánchez, hubiera merecido colar en la final por el Goya a alguna de sus intérpretes de reparto, como la otrora estrella de nuestro cine Aurora Bautista que demostró que, aunque la extensión de sus personajes ya no superaba la condición de colaboración, podía exprimir al máximo sus intervenciones y erigirse en una de las virtudes de una película, en este caso gracias a su saber estar característico, su soltura imperturbable y su talento inmarchitable. La Bautista se metió de lleno a dar vida a Marica del Reino, la hermana del sacristán del pueblo, cuñada por tanto de la protagonista Mari Gaila, y heredera como ellos del niño hidrocéfalo y de los bienes que éste pueda reportar. El resultado es una de las actuaciones cómicas más ricas de las que se han visto por nuestras pantallas. Miserable, tacaña, roñosa, convenida, rastrera… Todos los adjetivos se quedan cortos para describir el veneno que lleva dentro de sí esta víbora a la que Bautista encarna con una grandiosidad ejemplar. Cada intervención de la intérprete se ajusta con peligro a la caricatura, al exceso (como era norma en ella), a una sobreactuación burlesca donde la actriz alcanza momentos de comicidad inimitables: su rostro ante los poéticos lamentos de su cuñada junto al cuerpo sin vida de la difunta deparan risas de indudable regocijo, así como cada salida al balcón que protagoniza, especialmente la primera, cuando le comunican el fallecimiento de su hermana. La falsedad de su personaje es subrayada por la actriz con sus ademanes impulsivos y primarios, así como por sus alarmantes expresiones de fingida afectación, alcanzando cotas de desmesurada jocosidad. En el punto contrario se hallan sus conversaciones con las vecinas del pueblo o con su propio hermano, donde la Bautista demuestra un dominio absoluto del 'tempo', inflando sus escenas con el ritmo adecuado para lograr un brioso y modélico resultado del que carece buena parte de la película. Malvada tanto por lo que dice por cómo lo dice, Aurora Bautista volvió a dar rienda suelta a sus desmanes para ofrecernos un trabajo inigualable, enérgico, cargado de toda la fuerza teatral de la que disponía esta auténtica dama de la escena que se quedó injustamente fuera de las nominadas al Goya.


Algo que también merecía su compañera en la película Esperanza Roy, que con su peculiar poder de atracción cinematográfica, no debe extrañar a nadie que una vez finalizada la proyección de Divinas palabras a uno no se le pueda ir de la cabeza el magistral despliegue de esta comediante nata, una reina absoluta del género que ya comenzaba a espaciar peligrosamente sus incursiones para la pantalla grande. Encarnó a Rosa la Tatula, una mujer licenciosa y dicharachera, de vida alegremente alcohólica, que se pasea por las ferias desempeñando el único trabajo que sabe hacer: mendigar. Todo el talento, todo el arte, toda la chispa de esta actriz tantas veces puestos en entredicho a lo largo de su trayectoria, quedaron al servicio de un personaje realmente emblemático, que a pesar de su evidente importancia dentro de la trama, se le echa de menos cuando no aparece. Es tanta la atención que se gana Esperanza Roy en la piel de esta tunanta que logra ensombrecer a todos aquellos que osen compartir plano con ella. Hiperbólica y divertidamente exagerada, realmente esperpéntica, cada intervención suya es un regalo para el oído gracias a esa voz con eterno carraspeo en la garganta a la que añade el puntito iluso de pobre infeliz que convierten a su Tatula en un ser realmente entrañable. Cada plano que se le dedica lo devoran esos ojazos suyos, tan elocuentes, que no queda otra que rendirse irremisiblemente ante este portento de mujer, que avanza toda la película con su cómica cojera. Ya puede ser capaz de los actos más groseros y elementales, como que en pleno entierro de su amiga a ella sólo se le ocurra pensar en labrarse pronto una nueva compañera de fatigas, o que viendo la rentabilidad que ofrecen los desproporcionados órganos genitales del hidrocéfalo se dedique a explotarlos campechanamente; el retrato que de ella nos obsequia Esperanza está lleno de cariño, de una ternura inabarcable, con lo cual resulta imposible odiarla. Grotesca, miserablemente divertida e inolvidable, la actriz se superaba con este espontáneo y vivaz acercamiento al peculiar universo satírico de Valle-Inclán, probablemente la opción más clara de la que ha disfrutado la actriz de cara a un reconocimiento goyesco. 


Adscrita también al género cómico queda otra actuación flagrantemente olvidada aquél año, el regreso de María Luisa Ponte a los brazos de Berlanga para intervenir en Moros y cristianos, donde la actriz conseguía deslumbrarnos a todos con el estupendo sentido del humor que poseía en un trabajo desternillante como esa rica cantante de ópera retirada que trata de regresar a la actualidad pública vía prensa del corazón. Desde su primera aparición, la risa y el deleite campan a sus anchas por la cinta del genio gracias al estrafalario look que presenta la actriz durante toda su intervención y, aún más importante, por el gozoso y festivo recital que nos brinda la Ponte, transformada para la ocasión en toda una diva, que como tal peca de extravagante y colosal. Sus parlamentos, lanzados en agudo y casi a voz en grito, resultan tan impagables, aún más cuando vienen acompañados por esa actitud entre relamida y refinada, que no esconde un soberbio punto de caprichoso infantilismo, que se hace incomprensible que la Academia olvidase este descacharrante trabajo de María Luisa Ponte en beneficio del menos logrado de su compañera en el reparto Verónica Forqué.


Tampoco se comprende la ausencia entre las nominadas de algunas de las actrices del glorioso reparto de El bosque animado, de José Luis Cuerda, finalmente la ganadora del Goya a la mejor película. No hubiera desmerecido tal honor el diminuto empeño, de gran efectividad humorística, realizado por Amparo Baró, actriz que se marca un divertidísimo retrato de la típica señorita cincuentona, solterona y remilgada procedente de la gran ciudad y que se encuentra indefensa ante los “peligros” del campo y el bosque. Con la estimable colaboración de su compañera de fatigas en el reparto, Alicia Hermida, la Baró nos regaló algunos de los momentos más decididamente jocosos de la película y, aunque la profundidad y el realismo brillen por su ausencia en su trabajo (tampoco el tiempo del que dispone en pantalla así se lo permitía), sí que es cierto que su “caricatura” goza del inmediato favor del espectador debido a la cercanía y a lo reconocible de los aspectos externos que conforman la actuación de Amparo Baró.

Por supuesto, de este éxito bebe también el trabajo de Alicia Hermida, que junto a la Baró, nos obligó a pasar de la sonrisa cómplice y tierna en la que nos manteníamos durante todo el visionado de El bosque animado a una sonora y estrepitosa carcajada gracias a su estereotipado, sí, pero fiel, calcado retrato de esas señoritas melindrosas de ciudad que se vuelven quisquillosas ante los hábitos campestres. Sus secuencias, siempre en perfecta sintonía con la Baró, estaban cargadas de una sana y complacida ironía, hasta la secuencia nocturna, cuando ambos personajes, fuertemente autosugestionados, creen ser víctimas de los fantasmas que habitan en el bosque; aquí el disparate cobraba protagonismo y Hermida se revelaba como una enorme cómica, derrochando frescura y surrealismo a partes iguales, que bien hubieran merecido una justa candidatura al Goya.


Como también la merecía Encarna Paso, que en El bosque animado daba vida a esa tía avara y mezquina que trata a su sobrina de forma casi tiránica, dotando a su trabajo de una fuerza y una energía supremas, que nos estampan la actuación de la actriz haciendo casi imposible olvidarla. Son pocas las secuencias donde podemos disfrutar de la frialdad perversa y desconfiada con la que lleva a cabo toda su participación en el filme, pero la del reencuentro con su sobrina se erige pronto en la mejor de las que protagoniza, pues la altanería y la soberbia con las que había venido jugando la intérprete desaparecen de su rostro en el mismo plano para dejar paso a una sorprendente turbación, no poca envidia y algo de falso arrepentimiento. Todo ello en unos pocos, escasos, segundos. Este maravilloso momento daba fe de la estupenda categoría de una de las más desaprovechadas actrices del Cine Español.

Aprovechamiento artístico es como debe llamarse al regreso cinematográfico efectuado por Teresa Gimpera en Asignatura aprobada, de José Luis Garci, donde lograba dar muestras de una estupenda y maravillosa madurez interpretativa, muy alejada de la indecisión de su primera etapa, y es que, a pesar de lo poco desarrollado que está sobre el guión su personaje, la actriz lograba, de forma sencilla y serena, quedar como lo mejor de una película que pecaba en exceso de trascendente. Como esa fiel y leal amiga del protagonista, Gimpera aportaba el glamour y la elegancia que corresponden a su categoría artística, pero también sabía aprovechar la ocasión y marcarse un bonito y emotivo speech sobre la pérdida de la belleza y la desencantada madurez en una de las mejores y más recordadas secuencias de la película. Es de lamentar que, tras este desnudo emocional por parte de su personaje, que la intérprete ejecutaba con maravillosa suavidad y entereza, los responsables de la película nos privasen de su presencia. Con todo, la actriz se ganó el Premio de la Crítica de Nueva York a la mejor secundaria y también podría haberse colado entre las finalistas en la misma categoría a los Goya en la única clara ocasión que ha disfrutado para ello.


Tampoco Amparo Soler Leal tuvo suerte en los Goya de 1987. Su olvido el año anterior se repetiría, ahora en la categoría secundaria, cuando tampoco la incluyeron en la lucha final por el cabezón por su romántica y nostálgica actuación en Cara de acelga, especie de road movie espiritual dirigida por su amigo José Sacristán. Como Acacia, Soler Leal se queda grabada en la memoria del espectador al aportar a su personaje un tono casi infantil que, en la segunda parte de su intervención, adquiere un matiz considerable de desdicha, logrando ahí, con tan pocas palabras y con el uso magnético de una mirada francamente expresiva como arma principal, tocar la fibra sensible del respetable inspirando compasión hacia esa mujer que ha perdido por completo la orientación en el presente y vive refugiada de manera inconsciente entre sus recuerdos. Lejos de toda duda, un empeño mucho más interesante y conseguido que el de su compañera de reparto, la nominada Marisa Paredes.


Por último, habría que destacar también el trabajo llevado a cabo por la denostada Pilar Alcón en la del todo fallida Policía, de Álvaro Sáenz de Heredia, como una cabecilla avispada de la red de narcotraficantes protagonista. Un papel muy deslucido, por tiempo en pantalla y por la mala y escasa planificación que le dedica su director, pero con el que la intérprete sabe imponerse fácilmente en lo mejor de una función desastrosa a todos los niveles, sacando del vulgarismo y la obviedad en el que se encuentra su personaje gracias a una generosa dosis de magnetismo erótico, convenientemente salvaguardada por la aspereza de sus rasgos y la actitud represora y dominante a través de la que ejecuta toda su intervención en la película. Por lo menos, Alcón consigue dotar a su personaje de entidad propia y de cierto carisma con tan pocos elementos, todo lo contrario que la pareja protagonista, un novato cinematográficamente hablando Emilio Aragón y una siempre equivocada Ana Obregón, que por mucho que se empeñan sólo obtienen parodias donde debíamos encontrar interpretaciones.

viernes, 26 de abril de 2013

16º Festival de Málaga: nada nuevo bajo el sol.

Día 6: falta de entusiasmo y redondez.


Ayer le llegó el turno a una de las películas más esperadas de la Sección Oficial a concurso, 15 años y un día, lo nuevo de la directora Gracia Querejeta, que, como viene siendo habitual en el certamen, también ha dividido a la crítica especializada. Desde losExtras señalan que "resulta algo menos redonda que sus cintas anteriores. Las razones para explicarlo son tan sutiles como el propio cine de la directora. Es fácil diagnosticar que la película resulta de la suma de elementos excesivamente dispares: cada tramo tiene no sólo su argumento sino su tono y hasta su ritmo". Mientras que en La Opinión leemos prácticamente la misma idea: "lo que yo particularmente echo en falta en el cine de Querejeta es mordiente, algo que rompa el clima excesivamente civilizado y amabilísimo de sus películas", aunque se concluya la reseña salvando en cierta medida la propuesta: "es un producto satisfactorio, honesto porque cumple lo que promete sin trampas ni cartones, y con unas interpretaciones meritorias –especialmente, cómo no, la de Maribel Verdú" y se la considere desde esas páginas como el título favorito a ganar el premio más importante del festival.


Presentada como su película más personal, Querejeta contaba en declaraciones recogidas por el Diario Sur que “todo comenzó con una anécdota que le conté a Antonio (Mercero) sobre mi hijo. A partir de ahí trabajamos un texto que no ha sido fácil levantar, por la dificultad que supone rodar en los tiempos que corren. Hemos tenido que ajustarnos a un presupuesto muy definido, pero los directores tenemos dos opciones: o nos adaptamos o nos quedamos en casa, y yo no tengo ganas de quedarme en casa”, lo cierto es que 15 años y un día despierta no poco interés, primero por asistir una vez más a una cinta que cuenta con el sello inconfundible de su directora, que tan buenos adeptos tiene en nuestro país, y segundo por un reparto en el que destaca, aparte del protagonismo de la Verdú, la recuperación para el cine de un grande de la interpretación como es Fernando Valverde, secundados ambos por las experimentadas Susi Sánchez y Belén López. Todos llegarán a los cines el próximo 14 de junio.


El otro título a concurso del día fue Stockholm, la nueva película de Rodrigo Sorogoyen, una de las primeras cintas puestas en pie a través del sistema de microdonaciones (crowfunding), dotada con un presupuesto de 60.000 euros, del que alrededor de un 20 por ciento corresponde al micromecenazgo, Stockholm se rodó en 13 días. El equipo de producción participó en tareas técnicas como el montaje o la dirección artística. En este sentido, el miembro del comité de selección de la sección oficial, Fernando Méndez-Leite, ha precisado que la inclusión de esta película en el certamen es una apuesta decidida por los canales alternativos de financiación. Aproximadamente 250 mecenas han hecho posible la realización de un largometraje que aún no tiene asegurada su distribución.


El resultado, según los especialistas, tampoco ha sido para tirar cohetes, aunque se alaban la capacidad de riesgo y su decidida voluntad de estilo, como leemos en losExtras: "El problema de Stockholm es que funciona mejor como idea que como película. En pantalla, su discurso a veces se atasca en lo formal, no encuentra suficiente densidad en los personajes ni logra que su ritmo fluya de forma homogénea. Pero, sobre todo, se agradece su valentía y su voluntad renovadora. Y eso prevalece sobre su ingenuidad"; o en La Opinión: "Estimulante y bien perfilada en su concepto, Stockholm, sin embargo, también tiene las trazas de un producto fallido de alguna manera, malogrado". En cierto sentido, una lástima para esta cinta protagonizada por Javier Pereira y Aura Garrido, que tampoco ha logrando levantar el entusiasmo hacia una Sección Oficial demasiado lánguida y desenfocada.

Zonazine: el final está cerca, literal.


Fiel a su estilo, Zonazine presentó ayer la película de varios directores Al final todos mueren, un largometraje colectivo en el que cuatro directores de renombre en el mundo de los cortometrajes plasman sendas historias que se suceden desde que quedan 42 días para que un meteorito acabe con la vida en la Tierra hasta tres horas antes del final. Apadrinados por Javier Fesser, quien se encarga de dirigir el prólogo de la cinta, Javier Botet, David Galán Galindo, Roberto Pérez Toledo y Pablo Vara nos ponen en la piel de un psicópata centrado en finalizar su plan maestro, la búsqueda del amor que guía los pasos de un gran grupo de románticos, la encarnizada batalla por ocupar una de las plazas salvadoras de algún búnker y una mujer que va a traer al mundo al último ser humano en una película claramente apocalíptica, que con escasísimo presupuesto, busca ahora distribución. En el reparto, compuesto en su mayoría por caras desconocidas, sobresalen los rostros de los populares Manuela Vellés, Miguel Ángel Muñoz, Macarena Gómez, Alejandro Albarracín y Juan Blanco, que venía de presentar el día anterior Viral en la misma sección.

Málaga Premiere: ¿telefilme nacionalista?



La sección paralela Málaga Premiere presentó ayer al público la nueva película del director catalán Ventura Pons, Un berenar a Ginebra (Una merienda en Ginebra), que habla sobre la vida de Mercè Rodoreda, considerada la escritora de lengua catalana contemporánea más influyente, a través de una larga conversación entre ésta y el crítico literario y editor Josep Maria Castellet, al que invitó a merendar a su residencia de Ginebra. La película, rodada en catalán y producida por Televisió de Catalunya, ha levantado ampollas por su velada apología del idioma catalán en detrimento del español, como leemos en El Blog del Cine Español. Fuera de esta polémica pueril, lo que parece dejar bien claro la cinta es que cuenta con una mastodóntica interpretación de la actriz Vicky Peña, convenientemente secundada por Joan Carreras y Cristina Plazas.