Karra Elejalde regresa el viernes a los cines.

Repasamos la filmografía del actor cuando regresa a la comedia con "Ocho apellidos vascos".

Palmarés XXIII Premios de la Unión de Actores.

"Caníbal", de Manuel Martín Cuenca, una de las vencedoras con 2 premios.

17º Festival de Málaga. Cine Español.

La Sección Oficial está compuesta por 15 largometrajes muy esperados para este 2014.

17º Festival de Málaga. Cine Español.

Seis títulos integran la sección paralela, competitiva, Zonazine, el espacio independiente.

17º Festival de Málaga. Cine Español.

Málaga Premiere y Estrenos Especiales completan la oferta de novedades del certamen.

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viernes, 1 de noviembre de 2013

David Trueba nos obsequia con una luminosa y melancólica gran película.


Reconforta salir del cine y que te invadan las ganas de esbozar una cálida sonrisa, como de chiquillo engatusado por un bocadillo de Nocilla, o de extasiarte en la caricia cálida y acogedora de un ser querido, como preámbulo a un tierno abrazo o a un beso inocente, en la mejilla o en los labios. Vivir es fácil con los ojos cerrados logra eso tan difícil, en el cine de hoy en día, que es apelar al lado sensible del espectador sin caer en una sensiblería de manual, logrando sortear muy hábilmente la torpe y efectista cursilería mainstream en aras de una eficaz ternura, en este filme con cimientos bien sujetos a los buenos sentimientos. Superando aquello que ya hiciera en su debut cinematográfico, La buena vida (1996), David Trueba construye un relato amable y bondadoso sobre la capacidad del ser humano para, sobre todas las adversidades, alzar la frente y tirar para adelante, tomando como excusa el viaje físico (pero también emocional) que los tres personajes protagonistas emprenden como huida de una existencia gris y constrictiva y que, lejos de conducirles a una meta que implique un punto de ruptura con el pasado, les llevará a indagar en sus propios miedos y miserias.


Todo ello sin cargar nunca las tintas en los traumas o los dramas personales de cada uno, aunque tampoco en la parte cómica del asunto (que la hay y es de órdago). Muy al contrario, la cámara de Trueba mira hacia otro lado y filma con sencillez y desenvoltura la peripecia del trío por carreteras secundarias, ahondando de manera inteligente en el entrañable y delicioso afecto que nace entre ellos, mientras la delirante idea de partida (la búsqueda del profesor de su idolatrado John Lennon) se erige en el perfecto telón de fondo para una película que, como en la contemplación de las fotos viejas en color sepia, se disfruta suavemente sin ser del todo conscientes de la honda y conmovedora razón de ser que encierra bajo su liviana y luminosa apariencia. Porque a través de una cuidada y meticulosa puesta en escena, donde brillan con luz propia una planificación ajustada y certera que logra captar cada matiz, cada leve detalle del encuadre, una fotografía resplandeciente de gran belleza plástica en su nostálgico tratamiento de la luz, un diseño de decorados y atrezo altamente pormenorizado, donde no sobra ni falta nada, logrando un fantástico realismo, del que muchas otras ficciones recientes ambientadas en la misma época están exentas, un montaje invisible que confiere a la historia un ritmo cadencioso, pero vitalista gracias a su reposada condición de ser, y una banda sonora debida a los míticos Charlie Haden y Pat Metheny, que logran con sus compases traspasar la función establecida de la música en el cine, adquiriendo ésta la magnífica cualidad de ser el reflejo de las emociones de los personajes; Vivir es fácil con los ojos cerrados encierra un exultante subtexto que eleva el alcance último de sus imágenes.


Nos encontramos ante un guión complejo, repleto de situaciones del todo verosímiles y de soberbios diálogos, de una capacidad de análisis sentimental elogiable, que no siente pudor en demostrar un profundo amor por cada uno de los personajes y que esconde un competente estudio de una España atrasada con respecto al exterior, un país enclaustrado en sí mismo, incapaz siquiera de atisbar, aún menos de comprender, sus propias carencias. Y, como contrapunto, Vivir es fácil con los ojos cerrados también contiene una agridulce perspectiva de los anhelos y esperanzas de una juventud que pugna por desmarcarse de las oscuras y arcaicas normas establecidas, a lo que la película arroja como vía de salvación el camino de la educación, representada en ese gris y acomodado profesor de inglés protagonista, al que da vida con plena convicción Javier Cámara, en un trabajo de enorme aprehensión, que invita a descartar a cualquier otro actor para tal empeño, incapaces todos de abordarlo de forma tan sobresaliente como él lo hace. Cámara parece haber nacido para interpretar a este personaje, pues resulta un intérprete especialmente dotado para reflejar sin coartadas ante las cámaras todo el patetismo de sus criaturas, sin caer nunca en convencionalismos pueriles o en falsas y amaneradas caricaturas, estériles siempre de emoción. El actor está literalmente espléndido a lo largo de todo el filme, sin alardes desorbitados, desde una agradecida y primorosa contención, plasmando con una naturalidad cercana a la espontaneidad todos los claroscuros de un personaje eminentemente ingenuo.


A su lado, brilla muy especialmente la ejecución candorosa que la debutante Natalia de Molina efectúa de su personaje, sonando en cada una de sus réplicas conmovedoramente auténtica, rezumando una belleza templada y delicada que redunda en el exquisito alcance de la vertiente dramática de su intervención. Por el contrario, el tercero en discordia, Francesc Colomer no llega a aguantar el tipo frente a ellos, por culpa de un trabajo de escaso y torpe acabado emocional, que da como resultado una interpretación a veces impostada, otras directamente falta de algo de chispa y convicción, de garra y personalidad. Única pega que achacar a una función en la que, a mitad de la misma, emerge otra de sus grandes virtudes: un Ramón Fontserè que carga con solemne empatía con uno de esos personajes desbordados de magia y humanismo, de tan larga tradición cinematográfica, una especie de viejo lobo de mar anclado a tierra cargado de nobleza y honestidad por obra y gracia del extraordinario dominio del actor. Aunque más anecdóticas, también es preciso mencionar la caricatura efectista y efectiva que lleva a cabo Jorge Sanz de su personaje, sacándolo del esquematismo, y la fugaz intervención de una aplicada Ariadna Gil, reducida a un mero elemento decorador en una película rebosante de un melancólico aliento de optimistas intenciones y felices resultados.


Puntos fuertes a los Goya 2014:
- Mejor Película.
- Mejor Director: David Trueba.
- Mejor Guión Original: David Trueba.
- Mejor Actor: Javier Cámara.
- Mejor Actor Secundario: Ramón Fontserè.
- Mejor Actriz Revelación: Natalia de Molina.
- Mejor Música Original: Charlie Haden y Pat Metheny.
- Mejor Dirección de Fotografía: Daniel Vilar.
- Mejor Dirección Artística: Pilar Revuelta.
- Mejor Diseño de Vestuario: Lala Huete.
- Mejor Maquillaje y/o Peluquería: Almudena Fonseca y Pepito Juez.
- Mejor Montaje: Marta Velasco.
- Mejor Sonido: Álvaro Silva Wuth y Eduardo G. Castro.

jueves, 31 de octubre de 2013

"Con los ojos cerrados" para asistir a un fin del mundo diferente.

¡¡¡Ya es viernes!!! Bueno, no, es jueves, pero como si lo fuera porque hoy da comienzo uno de los puentes más esperados por la mayoría, razón por la que los estrenos de la semana se adelantan un día y llegan a las salas algunas novedades más que esperadas. Así que, confiemos en que todos aquellos que vayáis a disfrutar de tan merecidos y gratos días de descanso, los aprovechéis para hacer cola y pasar por la taquilla de algún cine. Y si, para rizar el rizo, lo hacéis para ver algún título nacional, mejor que mejor. Propuestas para todos los gustos las hay en las marquesinas y películas buenas también, y si no echar un vistazo a los dos títulos españoles que inician hoy su carrera comercial.

La peli del finde.


Presentada con enorme éxito de crítica en la pasada edición del Festival de San Sebastián, se estrena por fin Vivir es fácil con los ojos cerrados, la esperadísima sexta película de ficción de David Trueba. Road movie de carácter nostálgico, la cinta nos cuenta como Antonio, un profesor que utiliza las canciones de The Beatles para enseñar inglés en la España de 1966, cuando se entera de que su ídolo John Lennon está en Almería rodando una película, decide viajar hasta allí para conocerle. En su ruta recoge a Juanjo, un chico de 16 años que se ha fugado de casa, y a Belén, una joven de 21 que aparenta estar también escapando de algo. Rodada este mismo año y terminada a toda prisa para ser incluida dentro de la selección de títulos presentes en San Sebastián, Vivir es fácil con los ojos cerrados se ha ganado a pulso el ser considerada uno de los títulos clave del año, con toda la rumorología que esto conlleva de cara a los próximos Premios Goya.

Sobre todo, por el trabajo protagonista de Javier Cámara, al que le han llovido los elogios desde todos los frentes y que, no sólo sonó muy fuerte para ganar el premio de interpretación masculina en Zinemaldia, sino que además comparte el liderazgo con el Antonio de la Torre de Caníbal en la carrera al Goya al mejor actor de este año. A su lado, el joven Francesc Colomer (Goya revelación en 2010 por Pa negre) y Natalia de Molina, actriz de amplia formación que está llamada a ser la gran revelación de la película. Con papeles secundarios para Ramón Fontserè, Ariadna Gil y Jorge Sanz, Vivir es fácil con los ojos cerrados sale al mercado con nada menos que 140 copias, cortesía de su distribuidora Universal, que difieren (y mucho) de las escasas nueve que se distribuyeron en su día de la anterior y fundamental película del director, Madrid 1987 (2011) y es que ésta ha logrado lo que hasta la fecha ningún título nacional había conseguido de manera tan limpia y honesta: poner de acuerdo a toda la prensa especializada, sin excepciones.


Luis Martínez, en su crónica de San Sebatián para El Mundo, escribió: "Trueba, y ahí el mérito de la cinta, reconstruye sin el más mínimo pudor, sin coartadas académicas y, lo más importante, con total precisión, lo que queda cuando ya se ha olvidado todo". Carlos Boyero, en El País: "esta historia con desarrollo peligroso, que se prestaba al edulcoramiento, la anécdota alargada, la poetización simplista, la conclusión de que en el fondo todo el mundo es bueno, está contada por David Trueba con arte, sutileza, emoción y gracia. Están en ella el estilo, la capacidad de observación, el humor agridulce, la fluidez descriptiva, el lirismo, la ternura y la complejidad sentimental"; teniendo palabras incluso para el protagonista: "No suelo conectar con Javier Cámara, es un actor que casi siempre me resulta amanerado, de una cargante intensidad emocional, redicho, falsamente natural, especializado en caídas de ojos. Aquí me parece que hace un trabajo espléndido, a los cinco minutos me he olvidado de que me cae mal, me resulta espontáneo, gracioso y brillante". Ricardo Aldarondo, en Fotogramas, añade: "sostiene con decisión esa voluntad de hacer una película con su trasfondo de amargura y frustración, pero bañada por una luminosidad en las imágenes y una inocencia y llaneza en los personajes. Y, para finalizar, Javier Cortijo, en Cinemanía, remata: "casi todo es creíble, auténtico, soñador, honesto y franco en este notable filme".

El fin del mundo sin un duro.


Por fin aterriza también en las salas el meteorito, de diámetro tres veces Zaragoza, culpable de la existencia de una película como Al final todos mueren, curioso proyecto que retoma los, en un tiempo, tan socorridos filmes de sketches para la cinematografía patria. En este caso, se trata de cuatro episodios, dirigidos por cuatro directores emergentes cada uno (Javier Botet, David Galán Galindo, Roberto Pérez Toledo y Pablo Vara), que versan sobre cuatro formas distintas de afrontar el fin del mundo, apadrinados todos ellos por Javier Fesser, encargado de dirigir el prólogo y el epílogo correspondiente. Presentada con entusiasmo en el pasado Festival de Málaga. Cine Español, dentro de la sección paralela Zonazine, Al final todos mueren es una cinta de bajo coste y más bajas pretensiones, que apuesta por contarnos la sempiterna historia que tantas y rimbombantes veces ya nos han contado (sobre todo, desde el cine americano), a través de una óptica diferente y, a todas luces, más interesante que ve la luz con sólo 39 copias.

Con un abultado plantel de actores, en cuyo reparto destacan los más conocidos Manuela Vellés, Macarena Gómez, Miguel Ángel Muñoz, el mismo Botet y los televisivos Andrea Duro y Alejandro Albarracín, el filme cuenta con alabados trabajos por parte de intérpretes menos conocidos a los que convendría no perder la pista desde ahora: Elisa Mouilaá, Juan Blanco, Laura Díaz o Ismael Fritschi. A pesar de pertenecer a un tipo de películas que, por lo general, no gozan de excesiva buena prensa, Al final todos mueren ha logrado convencer a la crítica, de manera algo más templada en la rama, digamos, más profesional, como el caso de Pere Vall en Fotogramas, ("en Al final todos mueren se mezclan, además de géneros, diferentes grados de profesionalidad y experiencia, y se nota a la legua, pero esto no impide que el producto final se recuerde más por sus logros (que los tiene)") y verdaderamente encendida en el círculo de blogs y webs especializadas, como el caso de Zona Negativa ("un pelín inconexa por la elección formal, sí, pero brutalmente honesta en premisa, hasta la médula. Hablar de Al final todos mueren es hablar de cine, pero de ese cine de verdad, del que nace por necesidad y no por mercadotecnia"), El Séptimo Arte ("una cinta que a pesar de su cantidad de altibajos e irregularidades consigue, con éxito, demostrar que la falta de medios técnicos a veces se puede remontar con grandes ideas") o Vavel ("tiene un estilo visual bastante cohesionado y todas las historias funcionan correcta e independientemente unas de otras. El punto más positivo que ofrecen es precisamente la diferencia: todas ofrecen algo distinto y consiguen su objetivo. Es decir, divertir y emocionar. Buenos diálogos, situaciones sorprendentes e interpretaciones ajustadas con las que es fácil empatizar").


Lo dicho, amigos, tenemos por delante tres lustrosos días llenos de tiempo libre (quien lo tenga, claro) y resultaría fatídico que no dedicáramos un poco tiempo a sentarnos en una sala oscura. Sinceramente, pienso que merece la pena.

¡¡Un saludo, Sinvergüenzas!! ¡¡Y Feliz Halloween o, para los costumbristas, Feliz Día de Todos los Santos!!

miércoles, 2 de octubre de 2013

Octubre nos trae a casi todas las estrellas en los títulos más anhelados.

¡Bienvenidos a octubre! El mes en el que tras el letargo veraniego y la paulatina llegada a las salas en septiembre de algunas de las películas más esperadas, aterrizan los ases que el Cine Español tenía guardados en la manga y que, como casi siempre, vienen de generar mucha expectación gracias a su inclusión en los festivales más reputados. Sin ir más lejos, este octubre se estrenarán los títulos españoles presentes en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián, ahí es nada. Pero no son los únicos, pues también llegarán cintas largamente esperadas, propiciando con ello una amplitud de oferta cinematográfica nacional que, esperemos, dé alas a la deslucida taquilla patria.

La herida, de Fernando Franco.


Ganadora del Premio Especial del Jurado y de la Concha de Plata correspondiente a la mejor actriz en el recién clausurado 61º Festival de San Sebastián, este debut se ha posicionado desde ese momento como una de las grandes favoritas a los próximos Premios Goya. Podría tenerlo bastante fácil en las categorías de dirección novel y actriz principal. Este drama, escrito entre su director y Enric Rufas, gira en torno a la figura de Ana, una mujer de 28 años que se siente útil y satisfecha en su trabajo rutinario ayudando a otros. Sin embargo, fuera de su jornada laboral, Ana tiene serios problemas para relacionarse, pues es socialmente torpe, incluso agresiva, con las personas más cercanas y queridas. Retrato seco sobre el Trastorno Límite de la Personalidad o Síndrome Borderline que llega a las salas sólo seis días después de su triunfo en el Kursaal, este viernes 4 de octubre, para rentabilizar el tirón publicitario que suponen tan importantes galardones, La herida también nos ofrece, aparte de un excelente trabajo de su protagonista, Marian Álvarez, la posibilidad de reencontrarnos cinematográficamente con la estupenda Rosana Pastor y con secundarios como Ramón Barea, Manolo Solo, Luis Callejo o Andrés Gertrudix.


Zipi y Zape y el club de la canica, de Oskar Santos.


También el día 4 llega esta macropublicitada producción, la apuesta fuerte del grupo Atresmedia Cine para este otoño. Basada en los célebres personajes del cómic creados por José Escobar, la cinta nos contará cómo Zipi y Zape, dos traviesos mellizos, son internados en el Esperanza, un colegio donde los juegos están prohibidos y donde fundarán el Club de la Canica, la resistencia infantil que desafiará la autoridad de los adultos. Gracias a su inteligencia, su valentía y su inquebrantable fe en la amistad, Zipi y Zape y el resto del club descubrirán un misterioso secreto que se oculta en el colegio y vivirán la aventura más emocionante de sus vidas. Aventuras familiares que prometen una buena y cuantiosa dosis de efectos digitales y si es posible unos buenos y bienvenidos millones de euros en las taquillas. Seguro que, además, lanzará al estrellato a sus desconocidos protagonistas, Daniel Cerezo y Raúl Rivas, seleccionados en un multitudinario casting por colegios de toda España, aunque el plato fuerte serán las participaciones de los veteranos Javier GutiérrezÁlex Angulo y Javier Cifrián.


Caníbal, de Manuel Martín Cuenca.


Favorita en las quinielas tanto a ser la elegida para representarnos en los próximos Oscar como dentro de la Sección Oficial del reciente Festival de San Sebastián, este thriller psicológico e inquietante, el regreso del siempre sugestivo cine de Martín Cuenca, promete ser uno de los platos fuertes de la presente temporada cinematográfica. La crítica nacional e internacional prácticamente se ha rendido ante Carlos, el sastre más prestigioso de Granada. Un hombre respetable. Su vida es el trabajo y comer. Pero no cualquier cosa: se alimenta de mujeres desconocidas, con las que no tiene ningún vínculo emocional. Pero todo eso cambia el día que conoce a la joven rumana Nina, que busca desesperadamente a su hermana gemela Alexandra, desaparecida días atrás. Llegará a las salas el próximo día 11 de octubre y por fin saldremos de dudas acerca de si estamos o no ante la que muchos ya denominan como la mejor película española del año. Eso y comprobar si el siempre estupendo Antonio de la Torre se marca la interpretación de su carrera. Al actor andaluz le acompañan en el reparto la revelación Olimpia Melinte, la veterana María Alfonsa Rosso y el reciente ganador del Goya revelación Joaquín Núñez.


Todas las mujeres, de Mariano Barroso.


Una semana después llega, después de su presentación en la Sección Oficial (fuera de concurso) en el pasado Festival de Málaga, donde fue recibida con una magnífica acogida por la prensa especializada, esta comedia negra que cuenta la historia de Nacho, un veterinario, que se enfrenta a las mujeres que han significado algo en su vida. Ante él aparece su amante, su madre, su psicóloga, su compañera, su ex-novia y su cuñada. Con todas ellas tiene cuentas pendientes y a todas ellas se tiene que enfrentar para resolverlas. Este regreso de Barroso al cine intimista y pequeño promete ser una de las joyas de esta temporada y, además, es posible que proporcione a su actor protagonista su octava nominación al Goya porque, al parecer, Eduard Fernández vuelve a hacer de las suyas sumando otro maravilloso trabajo a una filmografía a rebosar de ellos. Para colmo, si el recital de Fernández no es suficiente gancho, habrá que mencionar el fabuloso catálogo de actrices que le secundan: Michelle Jenner, Nathalie Poza, Petra Martínez, Marta Larralde, Lucía Quintana y María Morales.


Grand Piano, de Eugenio Mira.


Tras muchas especulaciones sobre ella, el 25 de octubre verá la luz en salas otra de las apuestas de Atresmedia del año, el trhiller Grand Piano, tercer largo de Eugenio Mira que vuelve a rodar en inglés y con dos estrellas internacionales de la talla de Elijah Wood y John Cusack encabezando el reparto de un filme que ha cosechado excelentes críticas a su paso por el reciente Festival de Toronto y que, además, inaugurará por todo lo alto la próxima y ya muy cercana 46ª Semana de Cine Fantástico de Sitges. En ella, un pianista se sienta al piano y se encuentra una nota amenazadora, en la que se le conmina a ejecutar el mejor concierto de su vida si quiere salvar su vida y la de su esposa.


Al final todos mueren, de Javier Botet, David Galán Galindo, Roberto Pérez Toledo, Pablo Vara y Javier Fesser.


El mismo día desembarcará esta curiosa película de bajo presupuesto, que ya se presentó oficialmente en el 16º Festival de Málaga dentro de la sección paralela ZonaZine y que contiene cuatro episodios donde el fin del mundo llega según las diferentes maneras de cada uno de los directores de entender el cine: con humor, o acción, desde el thriller, el drama o el romance. Así, se unen un asesino psicópata enfrentado a la necesidad de finalizar su plan maestro; una encarnizada batalla por lograr el acceso a unos supuestos búnkers que ofrecen la salvación; una invasión de románticos empedernidos a la caza desesperada del amor de su vida y una embarazada a punto de dar a luz al último bebé del planeta. Sugestiva sinopsis oficial para un proyecto apadrinado nada menos que por Javier Fesser, quien además se encarga de dirigir el prólogo y el epílogo de este singular proyecto. En su nutrido y variado reparto encontramos algunos rostros conocidos como los de Manuela Vellés, Macarena Gómez, Miguel Ángel Muñoz, Andrea Duro o Alejandro Albarracín.



Todos queremos lo mejor para ella, de Mar Coll.


También el 25 se estrenará comercialmente el esperadísimo segundo largo de aquella jovencita que nos encandiló a todos hace unas temporadas con su ópera prima, aquella maravilla llamada Tres días con la familia (2009). Con Todos queremos lo mejor para ella, Mar Coll se enfrenta a la gran prueba de fuego que supone acometer un segundo largometraje tras haber parido casi una obra maestra con el primero. A priori, la catalana parece tenerlas todas consigo y es que a tenor del tráiler parece ser que nos encontramos ante otro de los títulos clave del año. En él, Geni, tras sufrir un accidente de coche y con la ayuda de su familia, intenta retomar su vida anterior aunque no con demasiado éxito. Para salvaguardarse las espaldas y asegurar la calidad del producto final, la directora ha sabido escoger a una intérprete magnífica como es Nora Navas para ejecutar las funciones de hilo conductor. Encargada de inaugurar una semana antes la 56ª Semana Internacional de Cine de Valladolid (SEMINCI), Todos queremos lo mejor para ella promete ser otra de las favoritas a los próximos Premios Goya, con sitio reservado para Navas en la categoría a la mejor actriz protagonista. Junto a ella, dos actrices del calibre de Clara Segura y la argentina Valeria Bertuccelli.


Vivir es fácil con los ojos cerrados, de David Trueba.


El tercero de los títulos españoles presentes en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián tiene previsto su estreno en salas el último día del mes, el jueves 31 de octubre, estreno adelantado un día por coincidir con el inicio de un simbólico puente que podría beneficiar el arranque comercial de otro de esos títulos importantes de este año. En él se nos contará como Antonio, un profesor que utiliza las canciones de The Beatles para enseñar inglés en la España de 1966, tras enterarse de que su ídolo John Lennon está en Almería rodando una película, decide viajar hasta allí para conocerle. En su ruta recoge a Juanjo, un chico de 16 años que se ha fugado de casa, y a Belén, una joven de 21 que aparenta estar también escapando de algo. Recibida con manifiesta alegría a su paso por el Zinemaldia, lo nuevo de Trueba promete otro trabajo interpretativo de gran nivel por parte de su protagonista, un Javier Cámara que bien podría ir preparando ya su discurso de aceptación del Goya 2014 al mejor actor, en la que vendría a ser su sexta nominación. Le acompañan en los papeles principales de esta nostálgica road movie el último niño en ganar el Goya revelación de la historia, Francesc Colomer, y la desconocida Natalia de Molina, que también podría ser una seria candidata en el apartado revelación. Junto a ellos, la vuelta al cine de David Trueba de tres veteranos de la talla de Ariadna Gil, Ramón Fontserè y Jorge Sanz.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Jorge Sanz aún sigue siendo el actor más joven en ganar un Goya al Mejor Actor Principal.


Avanzamos en nuestro particular repaso por las candidaturas interpretativas de los Premios Goya en toda su historia entrando de lleno en la correspondiente al Mejor Actor de la cuarta edición, que premiaba los mejores trabajos interpretativos vistos a lo largo del año 1989. En esta ocasión, se mantuvo en cinco el número de trabajos nominados, aunque dos de ellos pertenecían al mismo intérprete, que ni aún así logró hacerse con el cuarto Goya de la historia al Mejor Actor, que fue a parar a las manos del intérprete no solo más joven de la terna, sino también de la todavía corta historia de los Premios Goya en una decisión desconcertante pues la Academia declinó la posibilidad de premiar como hubieran merecido dos de los mejores trabajos interpretativos vistos en el Cine Español de los ochenta.


Ser el actor más joven en ganar un Goya en la categoría principal es la marca que aún sigue en manos de Jorge Sanz. Fue gracias a Si te dicen que caí, su nueva colaboración con Vicente Aranda tras participar en El Lute II, por la que había sido finalista al Goya secundario de la edición anterior. El que ahora nos ocupa es un trabajo que parece una continuación de aquél que desempeñara en El año de las luces (1986), de Fernando Trueba, y que el intérprete resolvió convenientemente aunque a grandes rasgos no supusiera ningún reto interpretativo. Sin embargo, son dignas de aplauso el visible realismo sobre el que Sanz ejecuta su juego actoral y la serenidad con la que lleva a cabo toda la peripecia de su personaje, un joven trepa y astuto que malvive prostituyéndose mientras intenta localizar a la amante de su hermano, erigiéndose en el protagonista absoluto de las fantasías e historias, denominadas en el relato “aventis”, de los niños del barrio protagonista. Por desgracia, su trabajo se resiente de la confusión reinante en la película, pero Jorge Sanz acierta al no desprenderse de ese toque entre inocente e infantil al mismo tiempo que lleva a cabo la exposición dura y cruel de los actos de un personaje en verdad antipático. Este trabajo le consagró definitivamente y le convirtió en el actor joven más solicitado del cine español, a lo que contribuyó la lluvia de premios que cayó sobre él: Fotogramas de Plata al mejor actor de cine, premio al mejor actor por RNE de Cataluña, un nuevo premio al mejor actor en el Festival de Nîmes, el Premio Sant Jordi y el Premio Conseil d'Etat en el Festival de Ginebra, a los que hubo que sumar más tarde el otorgado por la Asamblea de Directores y Realizadores Cinematográficos y Audiovisuales (ADIRCAE) y este sorprendente Goya a la mejor actuación masculina protagonista a sus escasos 20 años de edad en la que era su tercera nominación, un hecho sin precedentes en la historia de estos premios, que aseguraba para el intérprete una nueva década repleta de oportunidades para seguir apuntalando el talento insinuado hasta la fecha y, de paso, seguir acumulando premios por doquier.


El vencedor "moral" de aquel cuarto Goya al Mejor Actor es justo reconocer que no fue otro que Juan Diego, que obtenía su segunda nominación al meterse de lleno en la piel de San Juan de la Cruz en el filme de Carlos Saura La noche oscura, ofreciendo del místico poeta carmelita un retrato admirablemente tangible y empático y es que en las complejas pieles de un personaje de estas características, Juan Diego ponía en pie su interpretación desde la sencillez y la humildad de un hombre corriente encerrado de manera indefinida en una celda por sus hermanos frailes, contrarios a sus ideas reformistas. Con honda transparencia, el intérprete se sometía literalmente a un descomunal tour de force que iba más allá del subrayado físico de algunas secuencias, alcanzando cotas de verdadera maestría en los incesantes recitados de sus poemas en los que se extasía su personaje en la soledad de su celda. Eludiendo para nuestro gozo una innecesaria hagiografía del santo, Juan Diego se recrea en el misticismo y lo esotérico que caracterizó la biografía del personaje real para justificar en su actuación la grandilocuencia y la intensidad de algunos pasajes de la película, sin que este exceso en las formas llegue jamás a perjudicar un trabajo compositivo de primer orden, cabalmente estudiado en todos sus aspectos y que ponía de manifiesto la inclinación del intérprete a profundizar hasta extremos incomprensibles en los interiores torturados de sus personajes. Premiado en el Festival de Cine de Bearritz con el premio al mejor actor, debería haber ganado sin disputa alguna el correspondiente Goya al que fue finalista.


Justo después quién más debía haberse llevado el cabezón aquel año fue el maestro Fernando Fernán Gómez, debido a la grandeza y enormidad de sus trabajos en 1989, dos magníficas interpretaciones que obtuvieron un sorprendente e insólito reconocimiento y es que, por primera y (hasta la fecha) única vez en la historia de los Premios de la Academia, Fernán Gómez tuvo que competir contra sí mismo por el Goya al mejor actor principal, figurando candidato además en los apartados de dirección y guión adaptado por El mar y el tiempo. Un logro que sólo podía conseguir este actor convertido ya en un veterano superviviente, de persistente carisma e indomable carácter, Premio Nacional de Cinematografía precisamente aquel 1989. El mar y el tiempo es un bello y hondo retrato social y familiar de la España de finales de los sesenta, dirigido por él mismo y basado, a su vez, en una novela suya, en el que Fernán Gómez se reservaba el papel masculino protagonista para estamparnos un personaje absolutamente gris y casi intrascendente, un hombre maduro que hace tiempo perdió los ideales que le caracterizaron en su juventud y que vive un presente autómata, manejado por los intereses de su actual compañera sentimental y de sus hijas ya mayores, ante los que su Eusebio siempre reaccionará de buena gana, sin pararse a pensar ni importarle si quiera las consecuencias negativas que los actos de éstas puedan acarrear a sí mismas o a la propia familia. Estoico y sumamente sobrio, sin subrayados dramáticos de ningún tipo, Fernando Fernán Gómez nos obsequiaba un trabajo que raya en la perfección, sobre este hombre sin aspiraciones ni ambiciones de ningún tipo que, debido a la sensible cercanía con la que lo afronta el intérprete, inspira pronto una ciega compasión en el espectador.


En un registro absolutamente dispar a éste, en Esquilache, de Josefina Molina, Fernán Gómez llevaba a cabo una interpretación solemne y magistral. Verdadera alma de la ambiciosa producción de la directora, el intérprete se hacía inmortal, cinematográficamente hablando, exponiendo con brillantez el particular calvario sufrido por su personaje titular, un “soñador para el pueblo”, en palabras de Antonio Buero Vallejo, al que el pueblo rechazó de cuajo, un hombre que Fernán Gómez nos presenta sumamente decepcionado, emocionantemente desolado siempre, aunque aún conserve la firme convicción de la conveniencia de sus reformas para el Estado Español. Porque el Esquilache de Fernán Gómez es un hombre seguro de sí mismo, aunque tocado por el indulgente matiz de una sensibilidad arrolladora, sensibilidad que el contrastado arte de la estrella exponía sin traba alguna, logrando la identificación inmediata del público con su, paradójicamente, impopular personaje. Sobrio, convenientemente ajustado siempre, pero a la vez tierno y doliente, es imposible imaginar a otro actor para representar de modo tan magnífico semejante tesitura emocional como lo hace Fernando Fernán Gómez en Esquilache.


El último en discordia obtenía su tercera nominación consecutiva después de haber ganado el premio en la primera. Y es que Alfredo Landa reincidía en la lucha por el cabezón gracias a su protagonismo en el drama de aventuras El río que nos lleva, de Antonio del Real, intento por parte de nuestra cinematografía de abordar un género auténticamente cinematográfico y que se materializaba en una floja cinta donde la aventura y la acción quedaban siempre eludidas a favor de un estatismo acartonado y letárgico. Lo que podía haber sido una estimulante obra de género, se quedaba en un desdibujado estudio sobre unos personajes demasiado estereotipados, sometidos a los peligros que conlleva su entusiasta ocupación: el transporte de enormes troncos de madera por la cuenca del río Tajo. Pero el viaje de estos míticos gancheros nos es ocultado casi por completo, predominando en la película redundantes escenas sobre sus frecuentes paradas en tierra firme en las que Landa destaca para bien sobre el resto de intérpretes, ahondando una vez más en su lado más serio y severo como el cabecilla leal y sensato del grupo, brillando con sus frecuentes silencios y sus expresivos ojillos allí donde ni la puesta en escena del director pretende entusiasmar. De todos modos, el decepcionante resultado final de la película juega en contra del trabajo de la estrella, que pierde valor y consideración con secuencias como la del bochornoso tiroteo final y su tercera nominación al Goya se nos antoja más producto de la alta estima que le profesaba la práctica totalidad de la industria.

Los Olvidados.


También un año después del trabajo que le llevó a aspirar al Goya, José Soriano volvió a marcarse una interpretación soberbia en nuestras pantallas como el hermano exiliado de El mar y el tiempo, de Fernán Gómez, un antiguo revolucionario que, paradójicamente, al volver a España tras haber construido toda una vida en Argentina, sólo encuentra la decepción que le provoca el comprobar que todo lo que conocía, todo aquello que añoraba en sus largos años de ausencia, ha cambiado irremisiblemente. El contagioso dinamismo que raya en lo infantil y la entrañable cercanía en los que el intérprete sostiene todo su trabajo, convierten la contemplación de la actuación de José Soriano en una deliciosa experiencia, no exenta de una considerable hondura, pues sobre él y la decepción que experimenta su personaje, ejecuta su director y autor el terrible y desolador discurso sobre la memoria, sobre su pérdida (voluntaria o no), que sostiene toda la película. En suma, un trabajo admirable que debió colocar al actor, por segundo año consecutivo, entre los finalistas al Goya.


Otro trabajo de gran altura se lo marcó José Sacristán con su protagonismo en la comedia coral El vuelo de la paloma, de José Luis García Sánchez, componiendo con admirable y estoica flexibilidad a un personaje fracasado y desilusionado que afronta su vida con inusitada desfachatez, de borrachera en borrachera, ganándose el sueldo gracias a sus “trabajos” como (falso) testigo en los juicios del trepa de su hermano. Con estudiada aprehensión, Sacristán se convierte con muy poco esfuerzo en uno de los mejores argumentos para visionar esta película, gracias al enérgico y naturalizado despliegue cómico del intérprete, que emerge de una conveniente y consistente sobriedad, muy apegada a esa tipología de hombre de izquierdas, aquí de clase obrera, tan presente en toda su filmografía. El vuelo de la paloma supuso, además del reencuentro con el mejor Sacristán, un nuevo desencuentro entre intérprete y Academia, que volvió a dejarle fuera de los nominados al Goya, siendo su ausencia aún más significativa si tenemos en cuenta que la gran mayoría de sus compañeros de reparto en el filme sí quedaron finalistas.


De dos veteranos de tal calibre, pasamos a un absoluto debutante: Manuel Bandera, protagonista de la celebrada Las cosas del querer, de Jaime Chávarri. Y aunque es cierto que ante el grandioso nivel finalista al Goya en 1989 resulte temerario proponer el trabajo realizado por Manuel Bandera en este melodrama musical ambientado en la posguerra española, no lo es menos que su labor al frente de ese cantante homosexual de desinhibida existencia, permanentemente vigilado por un régimen que no toleraba comportamientos de raigambre liberal como el suyo, resulta estimulante. Pasando por alto las concomitancias que el dibujo de Mario Ruiz pudiera tener con el caso real del malogrado cantante Miguel de Molina, la afilada presencia de este intérprete, de perfil griego y rotunda mirada, así como la agradable seguridad con la que desfila por la pantalla resultan elementos más que suficientes para dar verosimilitud al personaje, en el que el actor proyecta una soberana altanería, idónea para transmitir la despreocupada insolencia con la que debe responder a los requiebros del marqués, así como la soberana petulancia, no exenta de simpático encanto, con la que se hace el dueño y señor del escenario en los abundantes números musicales. Es ahí donde la actuación de Manuel Bandera en Las cosas del querer gana enteros, permitiéndose el actor brillar descaradamente merced a un registro vocal muy atractivo, así como a una apertura emocional considerable que eleva dos de ellos a una categoría suprema: el ensayo de "Te lo juro", que el actor utiliza de excusa para llevar a cabo una sentida y doliente declaración de amor, y su debut en solitario interpretando "La bien pagá", donde rezuma una insoportable energía provocada por un indescriptible remolino emocional proyectado hacia sus compañeros de reparto a través de esa mirada de expresiva fuerza. Aunque esta intensidad dramática alcanzada por Bandera en los pasajes musicales no se corresponde con la leve demostración realizada en el resto del filme, donde mantiene siempre una línea sencilla y discreta de actuación, logrando una composición correcta, un tanto perjudicada por cierto agarrotamiento corporal achacable quizás a su condición de novel, pero notablemente humana y certera en la exposición de unos sentimientos que por el bien propio convenía mantener bien escondidos, cabe hablar de su trabajo en Las cosas del querer como uno de los debuts cinematográficos más destacados de los vistos en la década de los ochenta, refrendado con sendas nominaciones al mejor actor en los Premios Sant Jordi y en los Fotogramas de Plata.


También es digno de mención Sancho Gracia, gracias a prestar toda su hombría para dar fuste dramático al musical racial de Montoyas y Tarantos, de Vicente Escrivá, representación frustrada de nuestro cine en los Oscar de aquel año en la que Sancho Gracia encarnaba con imponente severidad al cabeza de los Montoya, una rica familia gitana, en esta singular actualización del clásico “Romeo y Julieta” de William Shakespeare. Y aunque la mayor parte de su trabajo se adhiera irremisiblemente al tópico de padre autoritario e inflexible, Gracia lo ejecuta con estudiada solidez, erigiéndose pronto en lo más destacable de un reparto en general poco consistente, en lo que a recursos dramáticos se refiere, y cuyo máximo exponente es la desacertada elección de la pareja de actores protagonistas que dan vida a los jóvenes enamorados. Frente a ellos, a Sancho Gracia le basta con muy poco para comerse por completo la pantalla, fundando terror y congoja con el empleo de una fría y odiosa mirada al mismo tiempo que se gana el beneplácito del espectador en su encuentro con la matriarca de los Tarantos, interpretada con ahínco racial por la bailaora Cristina Hoyos, en el que el intérprete incorpora a su trabajo un palpable dolor y la manifestación de un orgullo herido, lo que desvela la dosis necesaria que nos hace intuir el pasado sentimental que une trágicamente a ambos personajes. En definitiva, una buena y consistente actuación que, por qué no, hubiera podido meterlo en la lucha por un correspondiente Goya.


Un año más (e iban cuatro consecutivos) resulta obligado hablar de Eusebio Poncela en esta lista de olvidados y es que este 1989 gozó de un sobrado protagonismo en la oscura y curiosa ópera prima de Xavier Villaverde, Continental, un intento de cine negro con desafortunada herencia publicitaria, muy bien planificado pero finalmente artificioso, en el que Poncela encarnaba a ese capo de la mafia llamado Otálora, asesino de su predecesor y rival por el control de la prostitución y el contrabando de su antiguo amigo Ventura, encarnado por el actor francés Féodor Atkine. Con su acostumbrada sobriedad y llevando a cabo un eficaz uso de esa mirada suya tan característica, enigmática y penetrante, Eusebio Poncela lograba un trabajo preciso y calculado, sin desmarcarse en ningún momento y por ningún aspecto de las directrices marcadas por la Historia del Cine para este tipo de personaje, de gran repercusión dentro del género. En definitiva, un trabajo idóneo para las características interpretativas de las que había venido haciendo gala el intérprete y que, a pesar de la relativa sencillez del mismo, permite incluirle una vez en la lista de intérpretes olvidados al Goya gracias a la frívola maldad y a la despótica crueldad que el actor logra insinuar tras sus sinuosos y seductores ademanes.

viernes, 7 de junio de 2013

La Verdú y Querejeta aterrizan en la cartelera por "15 años y un día".

¡¡¡Ya es viernes!!! Y cuando todavía no parece que vayamos a ver primavera alguna por este país, la cartelera se renueva con la esperanza de dar alas al consumidor y hacerle pasar por taquilla. La cosa está muy mal, pero la nueva oferta que llega hoy a las salas no podía ser más dispar, más 'para todos los gustos'. El cine español lanza al ruedo uno de los títulos más esperados del año con el propósito de hacernos olvidar los pobres resultados que han venido obteniendo en la taquilla los diferentes títulos de nuestra cinematografía estrenados recientemente.

La(s) peli(s) del finde.


Gracia Querejeta vuelve a su particular universo temático centrado en las relaciones familiares con 15 años y un día, drama en el que a Jon, un adolescente rebelde y conflictivo que ha sido expulsado del colegio, lo envía su madre a vivir con su abuelo Max, un militar retirado que estuvo en Mostar, en la guerra de Bosnia, y que ahora vive en un pueblo de la Costa de la Luz. Max tendrá a su cargo la difícil tarea de meter en cintura al adolescente, algo que no le resultará del todo fácil por la afición de Jon a bordear el peligro. El choque entre ambos caracteres será, al final, difícil de sortear. Semejante sinopsis es el eje sobre el que se sustenta una de las películas más esperadas del presente curso cinematográfico. Por varias razones: la primera, su reciente éxito en la 16ª edición del Festival de Málaga, de donde la película salió victoriosa con cuatro galardones, los correspondientes a la mejor película, al mejor guión, a la mejor música y el premio especial de la crítica. La siguiente y la más obvia, es el reencuentro que este filme supone entre la realizadora y su máxima estrella femenina, Maribel Verdú, en lo que promete deparar un nuevo y delicado trabajo interpretativo de ésta (atención a las palabras que en su crítica a la película le dedica Carlos Boyero en El País), en consonancia con el previo a las órdenes de Querejeta en la estupenda Siete mesas de billar francés (2007), a la sazón el primer Goya de la Verdú. Pero también, 15 años y un día supone la vuelta a la gran pantalla de uno de nuestros característicos más eficaces y menos valorados, un Fernando Valverde que suena indiscutiblemente favorito en todas las quinielas para la próxima temporada de premios. Junto a ellos, el protagonismo de la película recae en el joven Arón Piper, bastante bien secundado por las estupendas Susi Sánchez y Belén López. Todo esto y la inteligente y sentida mano de la directora para afrontar historias íntimas y cercanas de las que construir películas cálidas y profundamente emotivas. Si el recibimiento entusiasta otorgado a la película en Málaga se repite también entre sus espectadores potenciales es posible que estemos hablando de uno de los pocos títulos rentables en el cine español del momento. Su distribuidora, de momento, la saca con 125 copias y se estima que podría superar holgadamente los 300.000€ de recaudación en su primer fin de semana.

El otro título nacional que llega hoy a las pantallas, con dos años de retraso, es la ópera prima de su Pepe Carbajo, habitual productor televisivo, y que lleva por título Clara no es nombre de mujer. Su trama gira en torno a Jorge, un boticario atractivo que ya ha cumplido los cuarenta y lleva una vida que él considera válida y cómoda, pero que, en realidad, resulta mucho más cómoda y menos válida de lo que él había pensado. Está casado desde hace años con Ruth, su novia de la Facultad, pero ella no le quiere como se merece, por lo que Jorge se refugia en sus amigos y en su querida moto. Por su parte, Juan, sobrino de Jorge, mantiene una relación con Ana y ambos planean su viaje de fin de curso a Cuba. Sin embargo, existe una persona cuya razón de ser en este mundo es evitar a toda costa que Ana y Juan estén juntos, por lo que urde un plan para que la relación de ambos se rompa antes de que llegue el fin del curso escolar y todos partan hacia Cuba de viaje. Encuentros y desencuentros entre Madrid y La Habana para una comedia que, ya en su tráiler, acusa demasiado su referente televisivo y un humor, desgraciadamente, bacuo y superficial, lo que le resta bastantes puntos para una carrera comercial de cierta dignidad, salvo que llegue a venderse convenientemente ante su público potencial. Así, de entrada, parece una desgraciada vuelta a la comedia casposa y casi de subproducto a la que fue tan asidua nuestra cinematografía durante la década de los noventa. Para rizar el rizo del despropósito, la película supone un nuevo protagonismo del todo desmerecedor de la otrora estrella Jorge Sanz, secundado para la ocasión por un retablo de pintorescos y televisivos secundarios "de lujo" como Jorge Perugorría, Míriam Díaz-Aroca, Enrique Villén, la veterana María José Alfonso, Goyo Jiménez y los televisivos cómicos Juan Muñoz y Pepe Carabias, dando la alternativa a los jóvenes Juan Dorá, Miriam Benoit y Esmeralda Moya. Con semejantes ingredientes y con tan sólo 32 copias en circulación, Clara no es nombre de mujer pinta que pasará bastante desapercibida a su paso por la taquilla nacional.

¿Bienvenido Mr. Marshall?

Si nos referimos a lo que Hollywood nos obsequia este finde, no. Y es que, por mucho que intentemos hacer caso omiso a nuestros prejuicios, el que llegue a las carteleras una película cuyo gancho comercial más relevante es el protagonismo de un "actor" de la talla (extragrande) de Dwayne Johnson, alias The Rock, invita, como mínimo, a salir corriendo despavoridos en dirección contraria al cine. Lo sorprendente de Snitch (El mensajero), de Ric Roman Waugh, no es ni su trama (Un padre -Johnson- recibe un duro golpe cuando condenan a su hijo adolescente a una pena de treinta años de cárcel por un delito relacionado con el narcotráfico. Para conseguir que reduzcan su condena, intenta ponerse en contacto con un importante traficante) ni su puesta en imágenes, es decir, su estilo visual. Lo sorprendente es que en su reparto figure una actriz como la copa de un pino y del prestigio de Susan Sarandon. Una de dos: o las estrellas también tienen que comer o El mensajero no es otra película de acción convencional al uso con las que tanto disfrutan desde Hollywood bombardeándonos. Las críticas desde Estados Unidos no han sido, aún más sorprendente, tan demoledoras como cabría esperar, valgan de ejemplo las publicadas en el San Francisco Chronicle o en el New York Times. Con todas nuestras reservas puestas sobre la mesa, nosotros nos quedamos con la crítica de uno de nuestros críticos de cabecera, Jordi Costa, en El País.

Por suerte, el cine en habla inglesa nos presenta este fin de semana el estreno de la comedia independiente procedente del Reino Unido Sightseers (Turistas), tercer largometraje de Ben Wheatly, en la que se nos cuenta como Chris (Steve Oram) quiere mostrarle a su introvertida novia Tina (Alice Lowe) su mundo por medio de un viaje por las Islas Británicas en su querida caravana Abbey Oxford. Pero, lo que empiezan siendo unas idílicas vacaciones, acaban convirtiéndose en una divertida y perturbadora odisea. Saludada como un verdadero soplo de aire fresco en el panorama de estrenos del momento, Turistas viene de ganar los premios relativos al mejor guión y a la mejor actriz en el pasado Festival de Sitges 2012 y de conquistar irremisiblemente a la crítica a través de su irreverencia manifiesta, ahí quedan los artículos publicados en el Hollywood Reporter o en la británica Empire. Parece contener todos los ingredientes para convertirse en el auténtico sleeper de la taquilla de este verano en nuestro país y, si no, atentos al tráiler, que de tan divertido que es ya dan ganas de verla.


Ganadora del Premio FIPRESCI en la sección Panorama en el Festival de Berlín, Inch'Allah (2012), de Anaïs Barbeau-Lavalette, es una co-producción entre Canadá y Francia que aborda el conflicto árabe-israelí que se vive en la franja de Cisjordania y en la que, en un campo de refugiados palestino de Cisjordania, Chloé, una joven canadiense, cuida a mujeres embarazadas. Su relación con personas que se hallan a ambos lados de los muros y puntos de control del campo, hará cambiar sus creencias y convicciones. Se trata de un drama recibido con sumo respeto por la prensa especializada, como leemos también en El País y que su distribuidora, Golem, la sitúa en 30 salas en nuestro país, seis de las cuales la ofrecerán en su versión original.


También de Francia nos llega hoy a las salas Populaire (Popular) (2012), de Régis Roinsard. Ambientada en la primavera de 1958, la película nos cuenta cómo la joven Rose Pamphyle vive con su padre, un viudo cascarrabias que dirige la tienda del pueblo. Comprometida con el hijo del mecánico local, parece destinada a la vida tranquila y monótona de un ama de casa. Pero no es eso lo que ella desea. Cuando viaja a Lisieaux, en Normandía, para una entrevista de trabajo en una agencia de seguros, el resultado es desastroso. Pero Rose tiene un don especial, puede mecanografiar a una velocidad endiablada. Nominada a en cinco categorías a los últimos Premios César, entre ellas la de mejor ópera prima, Popular es uno de los últimos acontecimientos cinematográficos producidos en el cine francés del pasado año, con cerca de casi diez millones de dólares recaudados en su país. En el nuestro, su distribuidora, Vértigo, la trata con precaución y la coloca en 68 salas y es que el éxito de la película no la ha acompañado en su carrera internacional. De hecho, su recepción crítica fuera de las fronteras galas ha sido bastante tibia e irregular, como leemos en Hollywood Reporter o en El País. En su reparto, una auténtica estrella del cine galo como Romain Duris, la fresca presencia protagonista de Déborah François y la participación de la nominada al Oscar y reciente ganadora del Premio a la mejor actriz en el Festival de Cannes 2013 Bérénice Bejo.

El último de los estrenos del fin de semana es un título destinado claramente al público infantil, la alemana Fünz Freunde (Las aventuras de los cinco), de Mike Marzuk. ¿Alguien recuerda aquella serie británica de finales de los setenta en la que un grupo de dos chicas y dos chicos, en compañía de un perro, ejercen como detectives ante numerosas situaciones de misterio y aventura y que a su vez estaba basada en una colección de libros publicados por la escritora inglesa Enid Blyton, aquellos míticos libros que poblaron nuestra (al menos la mía sí) imaginación infantil y nos alejaron del rumor de los juegos en las calles para vivir fantásticas aventuras impresas sobre el papel? Bueno, pues Las aventuras de los cinco pretende, desde Alemania, apelar a la nostalgia del mundo adulto y, al mismo tiempo, también dar a conocer al público infantil aquélla mítica colección de libros de aventura que tanto nos hicieron soñar mucho antes del fatal golpe de realidad que acontece siempre en la adolescencia. Para la ocasión, la película cuenta cómo se conocen los cinco protagonistas (Julian, George, Dick, Anne y Timmy) durante unas vacaciones de verano y cómo se ven envueltos en una peligrosa intriga internacional en la que varios bandos luchan por hacerse con una novedosa fuente de energía que ha descubierto el Tío Quentin (padre de George y tío de Julian, Dick y Anne). Obviamente, prescindible para los que ya tenemos cierta edad.

Hasta aquí este (retrasado) repaso a los estrenos de un fin de semana que, además, amenaza tormenta (literalmente) y no hay mejor sitio para refugiarse de la lluvia que una buena, confortable y plácida sala oscura de tu cine habitual. Si es en versión original (subtitulada) mucho mejor.

¡¡Un saludos, Sinvergüenzas!!

sábado, 1 de junio de 2013

Estrellones para un junio cargado de títulos muy esperados.

Estrenamos mes (junio) y nos disponemos a disfrutar, por todo lo alto, de la llegada de numerosas estrellas de nuestro firmamento cinematográfico (si es que podemos hablar de uno) gracias al aterrizaje en salas de nada menos que siete títulos, tres de ellos co-producciones con otros países. Las buenas sensaciones dejadas en el pasado Festival de Málaga por algunos de los títulos de próximo estreno este mes medirán sus fuerzas con su poder de convocatoria en una taquilla en francas horas bajas, muy necesitada de títulos importantes y con fuerte presencia en los medios de comunicación. A priori, algunos de los estrenos este mes, reúnen cualidades suficientes como para hacer el necesario ruido para remover el panorama cinematográfico actual antes de la inminente y aletargada época estival.

15 años y un día, de Gracia Querejeta.

La directora madrileña vuelve a su particular universo temático centrado en las relaciones familiares con este drama en el que a Jon, un adolescente rebelde y conflictivo que ha sido expulsado del colegio, lo envía su madre a vivir con su abuelo Max, un militar retirado que estuvo en Mostar, en la guerra de Bosnia, y que ahora vive en un pueblo de la Costa de la Luz. Max tendrá a su cargo la difícil tarea de meter en cintura al adolescente, algo que no le resultará del todo fácil por la afición de Jon a bordear el peligro. El choque entre ambos caracteres será, al final, difícil de sortear. Semejante sinopsis es el eje sobre el que se sustenta una de las películas más esperadas del presente curso cinematográfico. Por varias razones: la primera, su reciente éxito en la 16ª edición del Festival de Málaga, de donde la película salió victoriosa con cuatro galardones, los correspondientes a la mejor película, al mejor guión, a la mejor música y el premio especial de la crítica. La siguiente y la más obvia, es el reencuentro que este filme supone entre la realizadora y su máxima estrella femenina, Maribel Verdú, en lo que promete deparar un nuevo y delicado trabajo interpretativo de ésta, en consonancia con el previo a las órdenes de Querejeta en la estupenda Siete mesas de billar francés (2007), a la sazón el primer Goya de la Verdú. Pero también, 15 años y un día supone la vuelta a la gran pantalla de uno de nuestros característicos más eficaces y menos valorados, un Fernando Valverde que suena indiscutiblemente favorito en todas las quinielas para la próxima temporada de premios. Junto a ellos, el protagonismo de la película recae en el joven Arón Piper, bastante bien secundado por las estupendas Susi Sánchez y Belén López. Todo esto y la inteligente y sentida mano de la directora para afrontar historias íntimas y cercanas de las que construir películas cálidas y profundamente emotivas. Si el recibimiento entusiasta otorgado a la película en Málaga se repite también entre sus espectadores potenciales a su llegada a las salas el próximo viernes día 7, es posible que estemos hablando de uno de los pocos títulos rentables en el cine español del momento.


Clara no es nombre de mujer, de Pepe Carbajo.

El mismo día 7 de junio, con dos años de retraso, verá la luz esta cinta, ópera prima de su realizador, habitual productor televisivo, cuya trama gira en torno a Jorge, un boticario atractivo que ya ha cumplido los cuarenta y lleva una vida que él considera válida y cómoda, pero que, en realidad, resulta mucho más cómoda y menos válida de lo que él había pensado. Está casado desde hace años con Ruth, su novia de la Facultad, pero ella no le quiere como se merece, por lo que Jorge se refugia en sus amigos y en su querida moto. Por su parte, Juan, sobrino de Jorge, mantiene una relación con Ana y ambos planean su viaje de fin de curso a Cuba. Sin embargo, existe una persona cuya razón de ser en este mundo es evitar a toda costa que Ana y Juan estén juntos, por lo que urde un plan para que la relación de ambos se rompa antes de que llegue el fin del curso escolar y todos partan hacia Cuba de viaje. Encuentros y desencuentros entre Madrid y La Habana para una comedia que, ya en su tráiler, acusa demasiado su referente televisivo y un humor, desgraciadamente, bacuo y superficial, lo que le resta bastantes puntos para una carrera comercial de cierta dignidad, salvo que llegue a venderse convenientemente ante su público potencial. Para rizar el rizo del despropósito, la película supone un nuevo protagonismo del todo desmerecedor de la otrora estrella Jorge Sanz, secundado para la ocasión por un retablo de pintorescos y televisivos secundarios "de lujo" como Jorge PerugorríaMíriam Díaz-Aroca, Enrique Villén, María José AlfonsoGoyo Jiménez y los cómicos Juan Muñoz y Pepe Carabias, dando la alternativa a los jóvenes Juan Dorá, Miriam Benoit y Esmeralda Moya.


Insensibles, de Juan Carlos Medina.

Otra ópera prima, esta vez debida a un experimentado cortometrajista, en la que tras un fatídico accidente de coche, un brillante neurocirujano es sometido a una serie de pruebas que revelan que tiene cáncer y que necesita un trasplante de médula. Cuando decide pedir ayuda a sus padres, la respuesta de éstos sacará a la luz una misteriosa historia del pasado. El protagonista emprende entonces una investigación que le permite averiguar que, durante la Guerra Civil, un grupo de niños nació con una extraña peculiaridad: la insensibilidad ante el dolor físico. Sugerente y conseguida atmósfera que la emparenta con la buena salud que vive el cine fantástico en nuestro país, Insensibles se ganó buenos comentarios a su paso por el pasado Festival de Sitges 2012, donde compitió sin éxito en la Sección Oficial a concurso. Llegará, por fin, a las salas el próximo 14 de junio, aunque en Madrid podrá verse una semana antes, concretamente el día 6 dentro de la Sección Oficial del Nocturna Film Festival, el Festival Internacional de Cine Fantástico de la ciudad, que se celebrará del 3 al 9 de junio en los Cines Palafox. En el campo interpretativo, Insensibles ofrece la oportunidad de ver de nuevo a Àlex Brendemühl en un género en el que es todo un experto, para la ocasión, secundado por el gran Juan Diego y, en papeles más pequeños, Félix Gómez, Bea Segura y, en una colaboración bastante significativa, la guapa Irene Montalà.


Somos gente honrada, de Alejandro Marzoa.

El Terrat, la productora de contenidos televisivos de Andreu Buenafuente y José Corbacho, vuelve a la producción para cine con esta comedia negra, ópera prima presente también en la Sección Oficial del Festival de Málaga, de donde salió sin ningún premio del palmarés, pero dejando bastante buen sabor de boca entre los aficionados. En ella se nos cuenta como Suso y Manuel, dos padres de familia y amigos de toda la vida, con los cincuenta años ya cumplidos y sin trabajo, mientras están pescando un buen día, encuentran un paquete con diez kilos de cocaína. Estamos ante uno de los estrenos más atractivos del mes, que llega a las salas en un buen momento para un género siempre tan agradecido por el público como es la comedia. Al frente del reparto encontramos a los televisivos Paco Tous y Miguel de Lira, parece ser que en papeles (por fin) a su medida, secundados por un reparto realmente atractivo: Manuela Vellés, Marisol Membrillo, Manuel Lozano y Unax Ugalde. Llegará a los cines el próximo día 14 de junio.


Menú degustación, de Roger Gual.

Roger Gual, uno de nuestros cineastas jóvenes más prometedores (ahí están para corroborarlo sus anteriores Smoking Room (2002), dirigida junto a Julio D. Wallovits, o Remake (2006), regresa tras una larga ausencia con esta comedia coral en la que se nos cuenta las distintas experiencias que vivirán una galería de personajes a lo largo de la última velada de uno de los mejores restaurantes del mundo, situado en un paradisíaco rincón de la Costa Brava. Vista dentro la sección paralela no competitiva del Festival de Málaga, Málaga Premiere, Menú degustación está rodada en español, catalán e inglés y significará la confirmación de las esperanzas depositadas en su director tras sus trabajos previos. En su reparto encontramos actores tan conocidos como Jan Cornet, Santi Millán, Marta Torné o Vicenta N'Dongo, junto a internacionales de la talla de Stephen Rea, Fionnula Flannagan y Timothy Gibbs o la revelación de Clàudia Bassols. Se estrenará también el 14 de junio y, probablemente, llamará la atención únicamente de los incondicionales, responsables últimos de una eficiente carrera comercial a través del tan valioso boca-oreja.


Sola contigo, de Alberto Lecchi.

María, una mujer alcohólica de 45 años que vive en España, ha perdido la custodia de sus hijas. Esa es la razón por la que viaja a Argentina, país en el que sus hijas viven con su ex marido, del que se divorció después de un tempestuoso matrimonio. De pronto, recibe una llamada misteriosa que la amenaza de muerte. El acosador parece ser alguien especial, que conoce bien su historia personal y la obliga a pedir perdón a las personas a quien ha hecho daño y a visitar lugares que fueron escenario de sus pesadillas. Tal es la sinopsis del regreso a los cines del argentino Alberto Lecchi, interesante director de estimable trayectoria que vuelve a dirigir a una de nuestras actrices más importantes, Ariadna Gil, quien conseguiría el Cóndor de Plata a la mejor actriz en Argentina por su anterior trabajo juntos, Nueces para el amor (2001). Visto también en la Sección Oficial del Festival de Málaga, estamos ante un thriller con tintes de melodrama hecho a la medida del talento de una actriz que, parece, vuelve a dar muestras de su enorme categoría interpretativa. Sólo por asistir a la vuelta de Ariadna Gil a la gran pantalla con un personaje netamente protagonista ya merece la pena detenerse un poco a visionar Sola contigo. A la catalana la acompaña en esta co-producción entre España y Argentina un actor de la talla de Leonardo Sbaraglia. Juntos suponen un tándem de jugoso atractivo de cara a una carrera comercial que dará comienzo a partir del día 14 de junio. Les secundan Sabrina Garciarena, a la que todos recordamos por su protagonismo en Pagafantas (2009), de Borja Cobeaga, y los más desconocidos por estos lares Gonzalo Valenzuela y Antonio Birabent.


Colosio: el asesinato, de Carlos Bolado.

Presente también en el Festival de Málaga, aunque dentro de la sección paralela competitiva Territorio Latinoamericano, en donde ganó el premio relativo al mejor actor para Daniel Giménez Cacho, esta co-producción entre México, España, Francia y Colombia ha sido una de las triunfadoras en la reciente edición de los Premios Ariel (los Goya mexicanos) al obtener dos de los cuatro premios a los que figuraba nominada: actor secundario (Giménez Cacho) y maquillaje. Se trata de un thriller que aborda la historia ficticia de una investigación policíaca acerca de un hecho histórico real en México: el asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta, un importante político del partido en el gobierno, después de un mitin en Lomas Taurinas, Tijuana, en el estado de Baja California en 1994. El país está consternado. Nadie sabe quién está detrás, todo apunta a una conspiración. Andrés Vázquez, un sabueso, un policía federal miembro del Cisen y experto en investigaciones y espionaje, es comisionado a llevar a cabo una investigación secreta y paralela a la investigación oficial. Sin embargo, otro experto agente, El Seco, ha recibido la orden de eliminar a todos los testigos y hacer desaparecer las evidencias del asesinato del candidato. Conforme ordena las piezas del intrincado rompecabezas, Andrés se va acercando a la verdad pero también va poniendo cada vez más en peligro su vida y la de sus seres queridos. Junto al galardonado Giménez Cacho, encontramos un nutrido reparto de actores mexicanos, de entre los cuales ya conocemos a José María Yazpik y también a Odiseo Bichir, el tercer hermano de la importante saga familiar mexicana. Aterrizará en los cines españoles el próximo 21 de junio respaldada por un importante eco crítico en los medios de su país.