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Repasamos la filmografía del actor cuando regresa a la comedia con "Ocho apellidos vascos".

Palmarés XXIII Premios de la Unión de Actores.

"Caníbal", de Manuel Martín Cuenca, una de las vencedoras con 2 premios.

17º Festival de Málaga. Cine Español.

La Sección Oficial está compuesta por 15 largometrajes muy esperados para este 2014.

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sábado, 4 de enero de 2014

Los Premios Gaudí sucumben a "Los últimos días", la gran favorita con 11 nominaciones.


La Academia del Cine Catalán dio a conocer ayer por la mañana los candidatos definitivos a la VI edición de sus Premios Gaudí, el máximo galardón que se concede a la producción catalana, y las sorpresas han sido múltiples. Los últimos días, la cinta apocalíptica de los hermanos Pastor, estrenada en el primer trimestre del año y que apenas suena en las quinielas a los próximos Premios Goya, se ha impuesto como la gran favorita al sumar el mayor número de nominaciones (11), entre ellas algunas de las más importantes, como mejor película en lengua no catalana, dirección o guión, junto a su presencia entre los finalistas a casi todas las categorías técnicas. Como ocurría el año pasado, cuando Lo imposible, de Juan Antonio Bayona, ganó 6 estatuillas, los Gaudí vuelven a ensalzar con este reconocimiento a Los últimos días a un cine industrialmente impecable y de buen acabado técnico, de exportación fácil, y de clara vocación comercial, por mucho que esto repercuta al nivel narrativo que, como en la cinta de los Pastor, cojeaba de forma alarmante.


Algo que evidencian también las 8 nominaciones logradas por Fill de Caín (Hijo de Caín), de Jesús Monllaó Plana, incluida la de mejor película, thriller muy bien armado en su aspecto formal que pecaba de un grave error de previsibilidad, lo que ponía de manifiesto la condición de novel de su director. No obstante, su presencia entre las favoritas para los académicos catalanes servirá para resarcir a sus responsables del injusto veto sufrido por la cinta en los Premios Goya, donde debido a un error de trámite en el momento de presentar sus candidaturas, la Academia dejó fuera de la competición a Hijo de Caín por incumplimiento de las bases de participación.


En el mismo saco podríamos incluir las 6 nominaciones conseguidas por Grand piano, de Eugenio Mira, todas técnicas (salvo la de mejor película en lengua no catalana), que vienen a valorar muy positivamente la excelencia técnica de un producto excesivamente hueco en su base argumental y servicial a los cánones del cine de consumo; o las 3 anecdóticas alcanzadas por El cuerpo, de Oriol Paulo, thriller mejor construido que los anteriores y, por lo tanto, preferible a ellos, estrenado en diciembre del año pasado.


La otra gran favorita y que a todas luces se perfila como la cinta que más opciones posee para materializar sus candidaturas en premios, es Tots volem el millor per a ella (Todos queremos lo mejor para ella), de Mar Coll. Esta extraordinaria pieza, de corte intimista, ha obtenido el favor de la Academia también en 8 categorías, siendo una fuerte contendiente en las de mejor película, dirección, guión y, sobre todo, actriz protagonista, pues Nora Navas no sólo ganó la Espiga de Plata a la mejor actriz en el pasado Festival de Valladolid por esta película, sino que además se perfila como una de las máximas favoritas a figurar candidata también a los Premios Goya.


Favorita a figurar en los Goya en la categoría documental, La plaga, alabado y premiadísimo debut en la dirección de Neus Ballús, ha proporcionado las más entusiastas sorpresas de la lista de candidatos a estos Premios Gaudí, al sumar 5 candidaturas, colándose entre las finalistas a la mejor película, mejor dirección y mejor guión. También a 5 premios aspira otra de nuestras cintas imprescindibles del pasado año, La por (El miedo), de Jordi Cadena, ninguneada en la categoría reina, figura, no obstante, entre las candidatas a mejor dirección y mejor guión, amén de mejor actor secundario para el intachable trabajo realizado por Ramon Madaula, para el que ésta supone su primera nominación a estos galardones.


Son significativas también las 4 nominaciones recibidas por la personal Història de la meva mort (Historia de mi muerte), de Albert Serra, que aunque sólo figure candidata en apartados técnicos, hablan muy bien sobre los paradójicos gustos de unos académicos que tampoco han olvidado el auténtico sleeper del año, la colorista pero insustancial Barcelona, nit d'estiu (Barcelona, noche de verano), de Dani de la Orden, candidata en 3 categorías, siendo una de ellas la de mejor película del año.


En el capítulo específico de la interpretación, hay que reseñar los olvidos entre los finalistas de los otros intérpretes de El miedo, los sobresalientes Roser Camí y Igor Szpakowski, éste último especialmente reseñable cuando en su lugar figura candidato el también joven David Solans, por Hijo de Caín, en un trabajo más convencional y esquemático que el de Szpakowski. Junto a Solans, compiten al premio al mejor actor protagonista el ganador del Goya el año pasado, José Sacristán, por El muerto y ser feliz, y dos de los máximos favoritos a figurar candidatos a los Premios de la Academia este mismo año, Eduard Fernández, por Todas las mujeres, y Javier Cámara, por Ayer no termina nunca. Fernández se postula ya como el claro favorito, siendo más que probable que obtenga así su tercer Premio Gaudí en la que supone su cuarta nominación a estos premios.


A Navas, para quien éste podría ser su segundo Gaudí tras el obtenido por Pa negre (Pan negro) (2010), de Agustí Villaronga, le disputará el premio nada menos que Candela Peña, por Ayer no termina nunca, para quien ésta podría ser la única nominación importante que obtendrá este año al estar muy reñida la competición a los Goya. Significa su segunda candidatura a los Gaudí, justo un año después de ganarlo en la categoría secundaria por Una pistola en cada mano (2012), de Cesc Gay. Lo mismo con Vicky Peña, para quien esta nominación por Un berenar a Ginebra (Una merienda en Ginebra) supone su segunda vez tras obtenerlo como secundaria por Catalunya über alles (2011), de Ramon Térmens. Por su parte, Ingrid Rubio se estrena en los Gaudí por su espléndido protagonista en La Estrella, merecido reconocimiento a un trabajo que nos tememos pasará desapercibido en el resto de premios cinematográficos del año.


También por La Estrella ha logrado ser candidata en la categoría secundaria Carmen Machi, significando ésta una de sus primeras menciones para uno de los premios cinematográficos más importantes del país. No lo tendrá fácil, pues compite nada menos que con las actrices de Todos queremos lo mejor para ella: Àgata Roca, en su primera nominación, y Clara Segura, que obtiene aquí su tercera nominación a un premio que ya ganó por Les dues vides d'Andrés Rabadán (Las dos vidas de Andrés Rabadán) (2008), de Ventura Durall. La cuarta finalista no es otra que la última ganadora del Gaudí protagonista, María Molins, por Hijo de Caín, logrando también así su tercera nominación.


Como Madaula, sus compañeros en la liza al mejor secundario Jose Coronado y Pau Durà compiten por primera vez a los Gaudí, por Hijo de Caín y Todos queremos lo mejor para ella, respectivamente; siendo Sergi López el único de los contendientes con experiencia en estos galardones, pues ya había sido candidato, también como secundario, por Petit indi (2009), de Marc Recha. Su presente nominación, debida a su maravilloso trabajo en Ismael, supone una grata sorpresa no sólo por el merecimiento de la misma, sino porque muy probablemente sea una de las pocas recompensas que obtendrá un trabajo digno de los más grandes premios cinematográficos del año.


Por último, se hace obligado reseñar la nominación obtenida por una de las grandes favoritas a los Goya, La herida, de Fernando Franco, en la categoría de mejor película europea, junto a tres de las películas que más premios y menciones andan recibiendo en los últimos tiempos: la última ganadora del Oscar a la mejor película en lengua extranjera, Amour (Amor), de Michael Haneke, la ganadora de la Palma de Oro del último Festival de Cannes, La vie d'Adèle (La vida de Adèle), de Abdellatif Kechiche, y Hannah Arendt, de Margarethe von Trotta.



Mejor Película:

  • Barcelona, nit d'estiu (Barcelona, noche de verano), de Dani de la Orden.
  • Fill de Caín (Hijo de Caín), de Jesús Monllaó Plana.
  • La plaga, de Neus Ballús.
  • Tots volem el millor per a ella (Todos queremos lo mejor para ella), de Mar Coll.
Mejor Película en Lengua No Catalana:

  • El cuerpo, de Oriol Paulo.
  • El muerto y ser feliz, de Javier Rebollo.
  • Grand Piano, de Eugenio Mira.
  • Los últimos días, de Álex y David Pastor.
Mejor Director:

  • Neus Ballús, por La plaga.
  • Jordi Cadena, por La por (El miedo).
  • Mar Coll, por Todos queremos lo mejor para ella.
  • Álex y David Pastor, por Los últimos días.
Mejor Guión:

  • Neaus Ballús y Pau Subirós, por La plaga.
  • Jordi Cadena y Núria Villazán, por El miedo.
  • Mar Coll y Valentina Viso, por Todos queremos lo mejor para ella.
  • Álex y David Pastor, por Los últimos días.
Mejor Actriz Protagonista:

  • Nora Navas, por Todos queremos lo mejor para ella.
  • Candela Peña, por Ayer no termina nunca.
  • Vicky Peña, por Un berenar a Ginebra (Una merienda en Ginebra).
  • Ingrid Rubio, por La Estrella.
Mejor Actor Protagonista:

  • Javier Cámara, por Ayer no termina nunca.
  • Eduard Fernández, por Todas las mujeres.
  • José Sacristán, por El muerto y ser feliz.
  • David Solans, por Hijo de Caín.
Mejor Actriz Secundaria:
  • Carmen Machi, por La Estrella.
  • María Molins, por Hijo de Caín.
  • Àgata Roca, por Todos queremos lo mejor para ella.
  • Clara Segura, por Todos queremos lo mejor para ella.
Mejor Actor Secundario:

  • Jose Coronado, por Hijo de Caín.
  • Pau Durà, por Todos queremos lo mejor para ella.
  • Sergi López, por Ismael.
  • Ramon Madaula, por El miedo.
Mejor Dirección de Producción:

  • Josep Amorós, por Los últimos días.
  • Aritz Cirbián, por Otel·lo.
  • Oriol Maymó, por Món Petit (Mundo Pequeño).
  • Iván S. Mas, por Hijo de Caín.
Mejor Película Documental:
  • Bajarí, de Eva Vila.
  • Els records glaçats, de Albert Solé.
  • Mundo Pequeño, de Marcel Barrena.
  • Serrat y Sabina, el símbolo y el cuate, de Francesc Relea.
Mejor Dirección Artística:

  • Alain Bainée, por Mindscape.
  • Balter Gallart, por Los últimos días.
  • Sylvia Steinbrecht, por 3 bodas de más.
  • Sebastian Vogler y Mihnea Mihailescu, por Història de la meva mort (Historia de mi muerte).
Mejor Montaje:

  • Bernat Aragonès, por Hijo de Caín.
  • Neus Ballús y Domi Parra, por La plaga.
  • David Gallart, por El miedo.
  • Elena Ruiz y Albert Gutiérrez, por Barcelona, noche de verano.
Mejor Música Original:

  • Joan Dausà, por Barcelona, noche de verano.
  • Víctor Reyes, por Grand Piano.
  • Pau Vallvé, por Mundo Pequeño.
  • Fernando Velázquez, por Los últimos días.
Mejor Dirección de Fotografía:

  • Daniel Aranyó, por Los últimos días.
  • Diego Dussuel, por La plaga.
  • Sergi Gallardo, por El miedo.
  • Jimmy Gimferrer, por Historia de mi muerte.
Mejor Vestuario:

  • Núria Anglada, por Hijo de Caín.
  • Patricia Monné, por Grand Piano.
  • Lourdes Pérez y Rosa Tharrats, por Historia de mi muerte.
  • Olga Rodal, por Los últimos días.
Mejor Sonido:

  • Albert Manera, Isaac Bonfill, Oscar Grau y Marc Orts, por Hijo de Caín.
  • Albert Manera, James Muñoz y José A. Manovel, por Grand Piano.
  • Albert Manera, Oriol Tarragó y David Calleja, por El cuerpo.
  • Licio Marcos de Oliveira, Oriol Tarragó y David Calleja, por Los últimos días.
Mejores Efectos Especiales:

  • Lluís Castells (Fassman); Lluís Rivera (In Extremis Film Service); David Martí y Montse Ribé (DDT), por El cuerpo.
  • Lluís Rivera, Pablo Perona, Juanma Nogales, Jon Aguirre, Manuel Ramírez e Isidro Jiménez, por Los últimos días.
  • Àlex Villagrasa y Raúl Romanillos, por Grand Piano.
  • Mister X, Cúbica User T38, DDT (David Martí y Montse Ribé), por Mamá.
Mejor Maquillaje y Peluquería:

  • Laura Bruy y Txus González, por Todos queremos lo mejor para ella.
  • Ana López-Puigcerver y Belén López-Puigcerver, por Grand Piano.
  • Patricia Reyes, por Los últimos días.
  • Mariona Trias y Lluís Soriano, por Historia de mi muerte.
Mejor Película Europea:

  • Amour (Amor), de Michael Haneke.
  • Hannah Arendt, de Margarethe von Trotta.
  • La herida, de Fernando Franco.
  • La vie d'Adèle (La vida de Adèle), de Abdellatif Kechiche.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Quiniela a los Premios Goya 2014 (V): Mejor Actriz Secundaria.

Más que despejar las dudas, el anuncio de las nominaciones a los I Premios Feroz no ha hecho más que incentivar el desconcierto que despierta la categoría a la mejor actriz secundaria para esta próxima edición de los Premios Goya. Con solo una favorita realmente clara hasta la publicación de la lista de pre-candidatas confeccionada por los productores de cada cinta, cuando fue seleccionada como secundaria Maribel Verdú, en lugar de como principal, nuestra anterior quiniela para esta categoría se encuentra, a estas alturas, desfasada, mucho más con el visionado de la plana mayor de la producción nacional susceptible de nominación ya hecho. Todavía está por demostrar si los Premios Feroz funcionan como una verdadera y fiable antesala a los Premios Goya, algo que se pondrá de manifiesto en el modo en el que repercutan sus nominados en los finalmente escogidos por la Academia. Aún a riesgo de equivocarnos por completo, lanzamos nuestro último ránking a la mejor actriz secundaria, elaborado desde un subjetivo deseo personal, mezclado con una considerable intuición.

1. Susi Sánchez, por 10.000 noches en ninguna parte.
2. Terele Pávez, por Las brujas de Zugarramurdi.
3. Maribel Verdú, por 15 años y un día.
4. Rossy de Palma, por 3 bodas de más.
5. Petra Martínez, por Todas las mujeres.
6. Verónica Echegui, por La gran familia española.
7. Nathalie Poza, por Todas las mujeres.
8. Rosana Pastor, por La herida.
9. Marta Larralde, por Todas las mujeres.
10. Àgata Roca, por Todos queremos lo mejor para ella.
11. Valeria Bertuccelli, por Pensé que iba a haber fiesta.
12. Macarena Gómez, por Las brujas de Zugarramurdi.
13. Aura Garrido, por Los ilusos.
14. Geraldine Chaplin, por Memoria de mis putas tristes.
15. Clara Segura, por Todos queremos lo mejor para ella.
16. María Botto, por 3 bodas de más.
17. Carmen Machi, por La Estrella.


Reconozcámoslo, Susi Sánchez tiene pocas opciones de llegar a la final. Su trabajo en 15 años y un día, de Gracia Querejeta, ha quedado fuera de cualquier papeleta de voto al competir en su propia casa con el de su compañera en el filme Maribel Verdú. Y el de 10.000 noches en ninguna parte, de Ramón Salazar, tiene en contra la arriesgada naturaleza de la película, que tampoco parece muy bien situada de cara a recibir nominaciones este año. Una verdadera lástima. Desde aquí, lanzamos una baza a favor del trabajo de Sánchez en la película de Salazar, única e importante razón de peso para visionar 10.000 noches en ninguna parte, pues tan artificiosa película sirve una arriesgada y purgativa performance por parte de una excepcional y dolorosamente minuciosa Susi Sánchez, como la alcoholizada y decadente madre del protagonista, en un trabajo pormenorizadamente vívido, hiriente, de esos que traspasan la pantalla y se pegan al alma, congelándola. Sin dejar hueco para la compasión fácil, Susi Sánchez dota a su trabajo de una permanente hostilidad, mostrándose insoportablemente arisca en su insondable exhibición de amargura, logrando así dar cuerpo al carácter áspero y dolido de su personaje. Es mucha la competencia y su película, a buen seguro, no llamará la atención de los académicos, pero, lejos de toda duda, Susi Sánchez lleva a cabo uno de los trabajos secundarios femeninos más viscerales y complejos del año.



Un mes más, y con el aval que supone una más que cantada nominación a los Premios Feroz bajo el brazo, Terele Pávez sigue presidiendo el ránking de las favoritas en esta categoría. Álex de la Iglesia le ha brindado una más que golosa oportunidad para convencer a los académicos con su bruja vieja en Las brujas de Zugarramurdi, con la que pone en evidencia la maestría, el poderío y la grandiosidad de esta intérprete única, que vuelve a dejarnos alucinados dentro de ese registro malsano, sucio y déspota al que tan frecuente ha sido en sus trabajos para el cine, esta vez dándole una vuelta de tuerca y encarnando a una espeluznante malvada con una insondable ironía. Nadie debe poner en duda que es la favorita indiscutible al premio y, que de resultar finalmente nominada, el Goya a la mejor actriz secundaria debería ser para ella.


Como bien presuponíamos, los productores de 15 años y un día, de Gracia Querejeta, en base a la reñida competencia presente en la categoría principal, han optado por la vía fácil y asegurarse, como mínimo, la nominación de Maribel Verdú, aunque sea en la categoría secundaria. Actriz siempre susceptible de ser nominada, la que con toda seguridad sea la mayor estrella femenina del momento en nuestro cine, gana opciones en las quinielas gracias a que 15 años y un día sea la definitiva seleccionada por la Academia para representarnos a los Oscar. Sin embargo, su injusto olvido entre las finalistas a los Premios Feroz no resulta un dato demasiado halagüeño. Eso y que aún está muy reciente su segundo Goya. Tampoco en esta categoría, a pesar de su obvia condición de favorita, lo tendrá fácil la Verdú, aunque merecería llegar a la final por marcarse una interpretación como la que lleva a cabo en 15 años y un día, ajustadísima, de muchos matices, y apechugando con un arriesgado monólogo en un largo plano secuencia.


3 bodas de más, la comedia de Javier Ruiz Caldera, es una de las favoritas en los recién anunciados Premios Feroz. Atesora 7 nominaciones y una de ellas reconoce la fabulosa aportación que lleva a cabo Rossy de Palma como la madre de la protagonista, lo cual no hace más que confirmar las notables expectativas que había despertado el regreso al Cine Español de Rossy de Palma, cuyas cortas intervenciones se cuentan entre los grandes aciertos cómicos de la función y que, según glosan todas las quinielas, podrían regalarle a la actriz su tercera nominación al Goya, la primera lejos del universo Almodóvar. No sería nada descabellado, pues la desquiciada y altisonante ejecución que lleva a cabo la actriz de su personaje, pone en evidencia la retorcida y descomunal vis cómica de una intérprete altamente desaprovechada por nuestra industria. Puede jugar en contra de sus posibilidades la ligereza y escasa estructura dramática de su personaje, sobre todo en comparación con el de muchas de sus oponentes, pero otros empeños tan jocosamente livianos como el suyo ya se han colado entre las finalistas en ediciones anteriores.


De todas las actrices de Todas las mujeres, de Mariano Barroso, era a la que menos opciones le veíamos de llegar a la final por el Goya, hasta que la Asociación de Informadores del Cine reconoció su valía incluyéndola entre las finalistas en esta categoría a los Premios Feroz. Digno y merecido reconocimiento que nos predispone a pensar en las serias posibilidades de obtener el reconocimiento goyesco que lleva ya años mereciendo Petra Martínez, a la que la Academia ha llegado a olvidar en múltiples ocasiones, por trabajos que rozan la perfección y que se cuentan como los mejores ofrecidos por una actriz para nuestro cine en los últimos años (La soledad, Nacidas para sufrir, Mientras duermes). Su participación en Todas las mujeres no está a la altura de estos, pero sí destila mala uva con una clase y elegancia desbordantes, razones más que suficientes para que la Academia la incluya, de una vez por todas, entre las finalistas al Goya.


Ser la única protagonista femenina de un reparto coral como el de La gran familia española debe tener alguna ventaja. Y no es otra que el de lograr destacar de forma natural en cada secuencia que se te dedique. Pero no solo eso, porque Verónica Echegui vuelve a dar una lección de naturalidad y frescura con su papel en la película de Daniel Sánchez Arévalo, demostrando que merece ser considerada, con toda justicia, una de las mejores y más preparadas actrices de su generación. A pesar de ello, había perdido fuerza en nuestros anteriores ránkings y sus opciones pasaban más porque la cinta arrasase en el reparto de candidaturas que porque su trabajo llegase a destacar por méritos propios. La competencia es dura y este año no parecía ser el de Verónica Echegui hasta que La gran familia española se ha impuesto como una de las grandes favoritas a los recién creados Premios Feroz, con 6 candidaturas, una de ellas para Echegui, que vuelve a dar alas a sus posibilidades de cara a los Goya.

Todas las mujeres, de Mariano Barroso, posee notables argumentos para rascar, por lo menos, una nominación en esta categoría. Tras la nominación a los Feroz de Petra Martínez, del ramillete de actrices que secundan a Eduard Fernández, quizás sea Natahalie Poza la segunda que parta con mayor ventaja, al resultar su intervención absolutamente impagable, mostrándose la intérprete excelsa como esa psicóloga desconcertada ante la historia del protagonista. Con una estimulante entereza y no poca ironía, Poza se vuelve inolvidable en la película y no resultaría nada desproporcionado verla figurar entre las cuatro finalistas.


Poco le permite La herida, de Fernando Franco, lucirse a la estupenda Rosana Pastor, que ejecuta con emotiva y cauta precisión su papel de madre desorientada, que no alcanza a comprender la actitud de una hija con la que parece no tener nada en común. Pocas dosis de lucimiento, como decíamos, que podrían no ser impedimento para que la actriz sumase su cuarta nominación al Goya, sobre todo cuando se ha demostrado la predilección que siente la Academia hacia su persona, habiéndola nominado con anterioridad por empeños, a priori, tan notorios como el que aquí desempeña.

Detrás de Poza, la que mayores parabienes anda recibiendo desde el estreno de Todas las mujeres está siendo Marta Larralde, actriz a la que le ha costado hacerse notar dentro de la industria, pero que hace tiempo viene mereciendo una justa revaloración a todos los niveles. Una nominación al Goya en esta categoría podría ser un buen comienzo, sobre todo por la agradecida naturalidad con la que lleva a cabo toda su intervención en la película, haciendo con su trabajo que lo impostado de algunos momentos en los que participa, resulte siempre cargado de verosimilitud.


Aunque podría haber sido seleccionada como revelación, la productora de Todos queremos lo mejor para ella ha lanzado la candidatura de Àgata Roca como secundaria, lo que hace aún más difícil su presencia entre las cuatro finalistas. Lo que sí debe quedar claro es que las opciones de la intérprete descansan en ofrecer un trabajo que ha sido alabado incluso por la crítica especializada, algo no muy frecuente tratándose de un empeño tan reducido, que pone en evidencia el desperdicio cinematográfico al que se encuentra sometida, dada la agudísima y soterrada vis cómica con la que afronta la práctica totalidad de su participación en la piel de esa neurótica hermana.


Siendo sinceros, pocas posibilidades le vemos a la argentina Valeria Bertuccelli de llegar a la final por el Goya y más por una cinta como Pensé que iba a haber fiesta, de Victoria Galardi, co-producción con Argentina que todavía no ha llegado si quiera a las salas comerciales. De todos modos, no desmerecería de tal pues vuelve a demostrar lo bien que se le da componer el carácter interno de un personaje mientras en su superficie exhibe su extraordinaria capacidad para la verborrea ligera, construyendo con mucho menos tiempo en pantalla que su compañera (Elena Anaya), un rol de primeras adusto y agrio, pero en el fondo amable y hermosamente honesto. De su actuación apenas podría decirse que supera una exquisita corrección, si no fuera por el despliegue que se le permite en la recta final, donde Bertuccelli brilla por la naturalizada exposición que lleva a cabo de las oscilaciones emocionales de su personaje.


Divertido y resuelto trabajo el desempeñado por Macarena Gómez en Las brujas de Zugarramurdi, por la que lleva ya unas semanas sonando fuerte en las quinielas. Lo tendrá difícil al coincidir con su compañera de reparto, la favorita indiscutible, Terele Pávez. Y porque, además, su trabajo, lejos del disfrute que puede ocasionar visionarla en su registro más desquiciado, poco más ofrece que sea digno de mención, sobre todo comparado con la abultada competencia que la precede en este ránking. Una nominación a los Premios Feroz hubiera servido de empuje a sus opciones, pero esto, lamentablemente, no ha sucedido.


En nuestra primera quiniela para esta categoría, Aura Garrido se imponía como la única opción viable para componer la lista de nominadas. El tiempo ha pasado, pero su trabajo en Los ilusos, de Jonás Trueba, sólo ha perdido opciones al Goya precisamente por encontrarse en un film distribuido solamente a través de canales de arte y ensayo. Por lo demás, seguimos recordando con no poca admiración el honesto y sencillo trabajo desempeñado por la actriz, sin duda, la presencia más luminosa y magnífica de una de las, seguramente, mejores películas del año. Su aparición en Los ilusos se produce para generar poesía visual dentro de la película y la actriz, rebosante de naturalidad, se hace inolvidable. No obstante, está claro que sus verdaderas opciones a los Goya de este año se encuentran en la categoría principal.


Tampoco parece muy bien posicionado el trabajo de la gran Geraldine Chaplin en la insípida Memoria de mis putas tristes, en un papel que, eso sí, se ajusta a su medida, como esa envejecida e incapacitada madame, que la intérprete acomete con endiablada desfachatez, convirtiendo sus frecuentes secuencias en verdaderos deleites para cualquier aficionado. Demostrando, de paso, con tremendo y espléndido despliegue, derrochando una energía y un ritmo deslumbrantes y convirtiéndose en lo mejor de la función, la capacidad y el talento inherentes a las grandes intérpretes cinematográficas, capaces, como Chaplin en Memoria de mis putas tristes, de vencer y anular las limitaciones de un pobre y mal dibujado personaje. Una intérprete de su categoría siempre resulta una incontestable candidata, a pesar de que la película en la que intervenga desmerezca recibir nominaciones a los Goya (como es el caso).


Clara Segura es otra de esas intérpretes cuyo nombre lleva sonando en las quinielas a los Premios Goya desde hace varias ediciones sin obtener resultado. Este año no parece que vaya a ser diferente, pero su trabajo en Todos queremos lo mejor para ella, de Mar Coll, bien merece contarse en este ránking, pues la actriz exhibe en él su talento sin complejos, llegando incluso a resultar deseable tras esa apariencia de madre de familia distendida.


Aunque nos alegremos enormemente de la ladina y venenosamente feliz recuperación para el cine de María Botto producida en la comedia 3 bodas de más, de Ruiz Caldera, nos tememos que el personaje de esa falsamente adorable jefa de la protagonista, una arpía de la peor calaña, que la actriz hace francamente inolvidable gracias a su irresistible dominio del ritmo y la cadencia veladamente cómica de su seductora sonrisa; no será el papel por el que la Botto volverá a lidiar por un Goya que, ciertamente, viene mereciendo hace tiempo.


Por último, reseñar a una de las habituales en todas las quinielas que, como viene siendo habitual también (por desgracia), probablemente tendrá que esperar a futuras ocasiones para conseguir una más que merecida nominación al Goya. Hablamos de Carmen Machi, quien en La Estrella, de Alberto Aranda, se involucra con sobriedad en la piel de su ama de casa maltratada y sortea con éxito el cliché inherente a su personaje y, al mismo tiempo, logra desprenderse moderadamente del personaje televisivo que la hizo famosa y en cuyos brazos podría haber sido fácil caer en determinados pasajes. Dar vida en la pantalla a una mujer víctima de la violencia de género puede sumar puntos a su favor, pero el alcance mediático y comercial de la película fue tan reducido que, nos tememos, Machi no figurará entre las finalistas.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Quiniela a los Premios Goya 2014 (IV): Mejor Actriz Secundaria.

Con solo una favorita realmente clara, la categoría a la mejor actriz secundaria va a ser hasta el último momento una de las más difíciles de predecir, entre otras cosas porque estamos ante una categoría en la que el "todo vale" se ha impuesto siempre en la selección de los trabajos finalistas. Razón por la que siempre, en ediciones anteriores, se ha echado en falta la nominación de algunos trabajos interpretativos injustamente olvidados. Los recientes estrenos de octubre, sobre todo de Todas las mujeres y Todos queremos lo mejor para ella, nos ofrecen varias candidatas muy potentes a tener en cuenta, aunque no lo suficiente como para aventurarnos a apostar cien por cien por sus posibilidades. 

1. Terele Pávez, por Las brujas de Zugarramurdi.
2. Valeria Bertuccelli, por Todos queremos lo mejor para ella.
3. Susi Sánchez, por 15 años y un día.
4. Nathalie Poza, por Todas las mujeres.
5. Rosana Pastor, por La herida.
6. Marta Larralde, por Todas las mujeres.
7. Petra Martínez, por Todas las mujeres.
8. Verónica Echegui, por La gran familia española.
9. Belén López, por 15 años y un día.
10. Àgata Roca, por Todos queremos lo mejor para ella.
11. Susi Sánchez, por La fotógrafa.
12. Macarena Gómez, por Las brujas de Zugarramurdi.
13. Aura Garrido, por Los ilusos.
14. Clara Segura, por Todos queremos lo mejor para ella.
15. María Molins, por Hijo de Caín.
16. Carmen Machi, por La Estrella.



Un mes más, Terele Pávez sigue presidiendo el ránking de las favoritas en esta categoría. Álex de la Iglesia le ha brindado una más que golosa oportunidad para convencer a los académicos con su bruja en Las brujas de Zugarramurdi, con la que pone en evidencia la maestría, el poderío y la grandiosidad de esta intérprete única, que vuelve a dejarnos alucinados dentro de ese registro malsano, sucio y déspota al que tan frecuente ha sido en sus trabajos para el cine, esta vez dándole una vuelta de tuerca y encarnando a una espeluznante malvada con una insondable ironía. Nadie debe poner en duda que es la favorita indiscutible al premio y, que de resultar finalmente nominada, el Goya a la mejor actriz secundaria debería ser para ella.



Desde una práctica y cómoda sencillez, Valeria Bertuccelli arroja luz al cómputo global de Todos queremos lo mejor para ella, de Mar Coll, erigiéndose con su desinhibida y cálida creación en el bálsamo equivocadamente utópico de la protagonista. Si el mundo fuera justo, la estrella argentina debería colarse entre las cuatro finalistas al premio, pero todo hace pensar que la joya de Mar Coll apenas recibirá nominaciones para su actriz protagonista y su directora.


Conforme va pasando el tiempo, las opciones de la gran Susi Sánchez de lograr su primera nominación al Goya se van reduciendo y solo el hecho de que 15 años y un día, de Gracia Querejeta, haya sido la cinta escogida por la Academia para luchar por el Oscar sigue manteniendo vivas sus posibilidades. La actriz, que se pasea estoica y confiada por la puesta en escena de la película, robando planos sin parar, hasta el emocionante y sensible clímax que supone su enfrentamiento cara a cara con su ex-marido, personaje que interpreta Fernando Valverde, ha brindado este año otro trabajo maravilloso en la invisible La fotógrafa (ver más abajo), por el que sí que merecería quedar finalista al Goya.

Todas las mujeres, de Mariano Barroso, posee notables argumentos para rascar, por lo menos, una nominación en esta categoría. Quizás, del ramillete de actrices que secundan a Eduard Fernández, sea Natahalie Poza la que parta con mayor ventaja, al resultar su intervención absolutamente impagable, mostrándose la intérprete excelsa como esa psicóloga desconcertada ante la historia del protagonista. Con una estimulante entereza y no poca ironía, Poza se vuelve inolvidable en la película y no resultaría nada desproporcionado verla figurar entre las cuatro finalistas.


Poco le permite La herida, de Fernando Franco, lucirse a la estupenda Rosana Pastor, que ejecuta con emotiva y cauta precisión su papel de madre desorientada, que no alcanza a comprender la actitud de una hija con la que parece no tener nada en común. Pocas dosis de lucimiento, como decíamos, que podrían no ser impedimento para que la actriz sumase su cuarta nominación al Goya, sobre todo cuando se ha demostrado la predilección que siente la Academia hacia su persona, habiéndola nominado con anterioridad por empeños, a priori, tan notorios como el que aquí desempeña.

Junto con Poza, la que mayores parabienes anda recibiendo desde el estreno de Todas las mujeres está siendo Marta Larralde, actriz a la que le ha costado hacerse notar dentro de la industria, pero que hace tiempo viene mereciendo una justa revaloración a todos los niveles. Una nominación al Goya en esta categoría podría ser un buen comienzo, sobre todo por la agradecida naturalidad con la que lleva a cabo toda su intervención en la película, haciendo con su trabajo que lo impostado de algunos momentos en los que participa, resulte siempre cargado de verosimilitud.


Reconocimiento goyesco lleva ya años mereciendo Petra Martínez, a la que la Academia ha llegado a olvidar en múltiples ocasiones por trabajos que rozan la perfección y que se cuentan como los mejores ofrecidos por una actriz para nuestro cine en los últimos años (La soledad, Nacidas para sufrir, Mientras duermes). Su participación en Todas las mujeres no está a la altura de estos, pero sí destila mala uva con una clase y elegancia desbordantes, razones más que suficientes para que la Academia la incluya, de una vez por todas, entre las finalistas al Goya.


Ser la única protagonista femenina de un reparto coral como el de La gran familia española debe tener alguna ventaja. Y no es otra que el de lograr destacar de forma natural en cada secuencia que se te dedique. Pero no solo eso, porque Verónica Echegui vuelve a dar una lección de naturalidad y frescura con su papel en la película de Daniel Sánchez Arévalo, demostrando que merece ser considerada, con toda justicia, una de las mejores y más preparadas actrices de su generación, el problema es que a día de hoy sus opciones pasan más porque la cinta arrase en el reparto de candidaturas que porque su trabajo destaque por méritos propios. La competencia es dura y este año no parece ser el de Verónica Echegui.


Figurar en el reparto de la película seleccionada para los Oscar ha reforzado las opciones de Belén López de cara a los Goya. Como con Echegui, las opciones de Belén López de resultar finalmente nominada dependen de si 15 años y un día se posiciona como una de las películas más nominadas, lo que sin duda la beneficiaría. Apechugando con el personaje menos descrito de toda la función, la sevillana se impone pronto en uno de los motores de la misma, inyectando a sus intervenciones un hálito de vida indispensable para sacar al personaje del plano lineal en el que podría haber quedado e insuflarle un emotivo y sensible subtexto que refuerzan y justifican el carácter distante y varonil de su rol. Recordemos que aún sigue en el aire si los productores de la cinta, en una pirueta para no perder votos, decidirán proponer su candidatura en la categoría revelación.


También la productora de Todos queremos lo mejor para ella podría lanzar la candidatura de Àgata Roca como revelación, debido al tenue eco suscitado por la actriz en toda su trayectoria, al menos a nivel nacional. Ante esta incógnita, lo que debe quedar claro es que las opciones de la intérprete son fuertes, sobre todo por ofrecer un trabajo que ha sido alabado incluso por la crítica especializada, algo no muy frecuente tratándose de un empeño tan reducido, que pone en evidencia el desperdicio cinematográfico al que se encuentra sometida, dada la agudísima y soterrada vis cómica con la que afronta la práctica totalidad de su participación en la piel de esa neurótica hermana.


Ya lo dijimos en su correspondiente crítica y llega el momento de repetirse. Susi Sánchez merece aspirar al Goya a la mejor actriz secundaria este año, sobre todo, por el fabuloso trabajo que llevaba a cabo en La fotógrafa, de Fernando Baños Fidalgo. Y es que sólo su presencia caldea en muy poco tiempo el nivel empático de la cinta, logrando además, con pocas pero decisivas escenas, componer un personaje de lo más potente, una mujer herida que busca venganza en su inefable verdugo, a través de un matizadísimo y ejemplar trabajo de exposición interpretativa, sin artificios, sobrio y contenido y que permanece en todo momento feliz y sentidamente apegado a una radiante naturalidad. Lejos de toda duda, el mejor y más premiable trabajo cinematográfico que este servidor le ha visto a la actriz hasta la fecha.


Divertido y resuelto trabajo el desempeñado por Macarena Gómez en Las brujas de Zugarramurdi, por la que lleva ya unas semanas sonando fuerte en las quinielas. Lo tendrá difícil al coincidir con su compañera de reparto, la favorita indiscutible, Terele Pávez. Y porque, además, su trabajo, lejos del disfrute que puede ocasionar visionarla en su registro más desquiciado, poco más ofrece que sea digno de mención, sobre todo comparado con la abultada competencia que la precede en este ránking.


En nuestra primera quiniela para esta categoría, Aura Garrido se imponía como la única opción viable para componer la lista de nominadas. El tiempo ha pasado, pero su trabajo en Los ilusos, de Jonás Trueba, sólo ha perdido opciones al Goya precisamente por encontrarse en un film distribuido solamente a través de canales de arte y ensayo. Por lo demás, seguimos recordando con no poca admiración el honesto y sencillo trabajo desempeñado por la actriz, sin duda, la presencia más luminosa y magnífica de una de las, seguramente, mejores películas del año. Su aparición en Los ilusos se produce para generar poesía visual dentro de la película y la actriz, rebosante de naturalidad, se hace inolvidable. No obstante, está claro que sus verdaderas opciones a los Goya de este año se encuentran en la categoría principal.


Clara Segura es otra de esas intérpretes cuyo nombre lleva sonando en las quinielas a los Premios Goya desde hace varias ediciones sin obtener resultado. Este año no parece que vaya a ser diferente, pero su trabajo en Todos queremos lo mejor para ella, de Mar Coll, bien merece contarse en este ránking, pues la actriz exhibe en él su talento sin complejos, llegando incluso a resultar deseable tras esa apariencia de madre de familia distendida.


Es poco probable que a estas alturas del año (y con todo lo que hemos comentado más arriba) el trabajo de María Molins escale posiciones que la beneficien de cara a una nominación al Goya gracias a Hijo de Caín, de Jesús Monllaó. No obstante, no queremos dejar pasar la oportunidad de recordar lo formidable de su presencia en la cinta, en un estupendo y matizadísimo empeño, tremendamente empático siempre, añadiendo a su participación una formidable carga dramática.


Por último, reseñar a una de las habituales en todas las quinielas que, como viene siendo habitual también (por desgracia), probablemente tendrá que esperar a futuras ocasiones para conseguir una más que merecida nominación al Goya. Hablamos de Carmen Machi, quien en La Estrella, de Alberto Aranda, se involucra con sobriedad en la piel de su ama de casa maltratada y sortea con éxito el cliché inherente a su personaje y, al mismo tiempo, logra desprenderse moderadamente del personaje televisivo que la hizo famosa y en cuyos brazos podría haber sido fácil caer en determinados pasajes. Dar vida en la pantalla a una mujer víctima de la violencia de género puede sumar puntos a su favor, pero el alcance mediático y comercial de la película fue tan reducido que, nos tememos, Machi no figurará entre las finalistas.

ATENTOS A:


Este mismo viernes aterriza en la cartelera la cinta de bajo presupuesto Temporal, de José Luis López "Catxo", que ofrece la posibilidad a la televisiva Melani Olivares de efectuar un, a priori, sorprendente y dramático cambio de registro, lo que podría hacerla figurar entre las favoritas a la categoría.


Tres bodas de más, la comedia de Javier Ruiz Caldera, tras su paso triunfal por el Festival de Sevilla ha despertado notables expectativas por el regreso al Cine Español de Rossy de Palma, cuyas cortas intervenciones se cuentan entre los grandes aciertos cómicos de la función y que podrían regalarle a la actriz su tercera nominación al Goya, la primera lejos del universo Almodóvar..

lunes, 28 de octubre de 2013

"Todos queremos lo mejor para ella" porque es una de las mejores películas del año.


Con un trabajo presentación tan respetable como fue Tres dies amb la família (Tres días con la familia) (2009), Mar Coll no las tenía todas consigo para su siguiente paso tras las cámaras: la presión podía ser alta y las expectativas mucho más. No obstante, a tenor de lo hecho con Tots volem el millor per a ella (Todos queremos lo mejor para ella), la joven directora catalana puede dormir tranquila. No solo porque ha firmado una pieza cinematográfica de exquisita y espléndida construcción, sino porque además ha logrado lo que muchos otros jóvenes directores no consiguen con su segunda obra: fomentar, ahondar, en definitiva, patentar las bases de un estilo propio, colmado de referencias (obviamente, y a cada cual más sugerente), pero de una integridad y honestidad inauditas en otros aventurados cineastas recién llegados, manteniendo de forma completamente rigurosa una fidelidad consigo misma, con las reflexiones que quiere generar con sus imágenes y con la forma en que estas traspasen la pantalla. Si no fuera porque aún resulta precipitado, podríamos comenzar a referirnos a Mar Coll en términos de autora y no tanto de realizadora.


Como en su ópera prima, en Todos queremos lo mejor para ella Coll vuelve a fijar su mirada en el seno de una familia disfuncional dentro de la acomodada burguesía catalana para, a través de la perspectiva de uno de sus miembros, desentrañar ante el espectador la precariedad emocional, la ambivalencia afectiva y, sobre todo, la mascarada despreocupada tras la que todos ellos se esconden. Con mayor sutileza que en la anterior, Mar Coll y su coguionista habitual, Valentina Viso, han rebajado el tono analítico de Tres días con la familia y, en una opción que las honra, han optado por escribir una historia en la que cada personaje posee aire a su alrededor para exponerse, donde ninguno de ellos se halla constringido ni por la acción ni mucho menos por un discurso que brilla por su ausencia. Y este es uno de los grandes aciertos del inteligentísimo guión de la película, que el texto jamás tomará partido por ninguno de los polos expuestos alrededor del personaje central y, gracias a esto, tampoco el espectador se verá obligado a posicionarse ni a favor ni en contra. Lo único que se pretende es el, por otro lado, doloroso ejercicio de observación sobre el comportamiento de una mujer que trata de dilucidar qué lugar ocupa en la pequeña parcela del mundo en la que le ha tocado vivir, mientras intenta superar el duro golpe que significó un (casi) accidente mortal un año antes y cuyas secuelas (físicas, pero también psíquicas y emocionales) aún colean en su universo.


Para ello, Coll pega su cámara a la nuca de su protagonista y, a través de una planificación invisible, que rezuma elegancia y buen gusto en cada encuadre, en cada leve movimiento, nos estampa la experiencia vital de una mujer que se halla completamente fuera de lugar, sobrepasada por la impotencia de no encontrar el punto de rotura a partir del cual todo comenzó a desquebrajarse. En esto, resulta vital el trabajo de su actriz, una Nora Navas en absoluto estado de gracia, sobre la que la directora hace recaer todo el peso de una película que, ciertamente, no sería lo mismo sin ella. Ya en la primera secuencia, con su cojera perfecta y el tartamudeo oportuno, la intérprete nos bosqueja un aplicado y preciso retrato de su personaje, que a lo largo de los siguientes minutos logrará desarrollar y desplegar ante la cámara con absoluta libertad, haciendo fácil lo difícil, logrando que las rarezas de su comportamiento nazcan y se expongan ante nosotros con pasmosa naturalidad, no siendo capaces en ningún momento de advertir de qué mecanismos o de qué métodos surge tal prodigio interpretativo, llegando incluso a brindarnos de manera magistral la exposición escrupulosa, medida y esmerada del desconcierto que embarga a su personaje, no por nada El desconcierto era el título que manejaba la película durante su rodaje. Es tan sublime el grado de perfección alcanzado por la actriz, que incluso hay momentos del filme en el que el cambio de registro ambiental, del drama a la comedia o viceversa (pues la cinta coquetea con ambos por igual), lo marca el propio trabajo de Nora Navas.


Es ella la que, principalmente, nos conduce por la vía emocional a lo largo de una puesta en escena que, a pesar de su acertada concepción formal, jamás se caldea por dentro, dando como resultado una película quizás algo más fría de lo que hubiera sido necesario. Menos mal que el pertinaz y brillante empleo de la música extradiegética logra rebajar notablemente el grado de amargura y tragedia interior que llegan a alcanzar las imágenes por momentos. Por último, pero no menos importante, cabe hablar de la labor del resto del elenco que secundan (y de qué manera) el modélico empeño de la protagonista. Clara Segura exhibe su talento sin complejos, llegando incluso a resultar deseable tras esa apariencia de madre de familia distendida; Àgata Roca pone en evidencia el desperdicio cinematográfico al que se encuentra sometida, dada la agudísima y soterrada vis cómica con la que afronta la práctica totalidad de su participación en la piel de esa neurótica hermana; Pau Durà consigue que el espectador comprenda e, incluso, comparta la posición de su personaje, a través de un cuidado humanismo y no poca ternura, así como también se atreve a exponer el miedo a afrontar cambios que se desmarquen de lo establecido que padece su rol y que degenerará en una incómoda violencia temperamental. Finalmente, Valeria Bertuccelli, desde una práctica y cómoda sencillez, arroja luz al cómputo global del filme, erigiéndose con su desinhibida y cálida creación en el bálsamo equivocadamente utópico de la protagonista. En suma, una colección de virtudes que convierten a Todos queremos lo mejor para ella en uno de los títulos clave del año en el cine español y erige a su creadora en una de las más destacadas figuras creativas del relevo generacional que está viviendo nuestra cinematografía.


Puntos fuertes a los Goya 2014:
- Mejor Película.
- Mejor Dirección: Mar Coll.
- Mejor Guión Original: Mar Coll y Valentina Viso.
- Mejor Actriz: Nora Navas.
- Mejor Actor Secundario: Pau Durà.
- Mejor Actriz Secundaria: Valeria Bertuccelli.
- Mejor Actriz Secundaria: Àgata Roca.
- Mejor Actriz Secundaria: Clara Segura.
- Mejor Música Original: Maik Maier.
- Mejor Dirección de Fotografía: Neus Ollé-Soronellas.
- Mejor Dirección Artística: Xènia Besora.
- Mejor Montaje: Aina Calleja.