Karra Elejalde regresa el viernes a los cines.

Repasamos la filmografía del actor cuando regresa a la comedia con "Ocho apellidos vascos".

Palmarés XXIII Premios de la Unión de Actores.

"Caníbal", de Manuel Martín Cuenca, una de las vencedoras con 2 premios.

17º Festival de Málaga. Cine Español.

La Sección Oficial está compuesta por 15 largometrajes muy esperados para este 2014.

17º Festival de Málaga. Cine Español.

Seis títulos integran la sección paralela, competitiva, Zonazine, el espacio independiente.

17º Festival de Málaga. Cine Español.

Málaga Premiere y Estrenos Especiales completan la oferta de novedades del certamen.

martes, 2 de abril de 2013

The show must go on: "Los últimos días".


Barcelona. Año de un futuro indeterminado pero no muy distinto al presente actual. La Humanidad, tal y como la conocemos, ha dejado de existir. Una epidemia o pandemia ha enclaustrado en los edificios a la raza humana. Las calles las pueblan cadáveres y animales. El aire resulta perjudicial y provoca la muerte. La vida se atrinchera en las alcantarillas y los códigos y principios que la regían ya no son válidos. El Hombre lucha por su supervivencia apartado de su gran creación: la ciudad. He aquí el interesante y desconcertante punto de partida que da origen a Los últimos días, segundo largo de los hermanos Álex y David Pastor, sin lugar a dudas uno de los títulos más destacados del presente curso cinematográfico en el cine español y que, digámoslo sin preámbulos, acaba decepcionando las expectativas generadas por una contundente y efectiva campaña promocional.


Lo que de interesante y desconcertante poseía la premisa argumental, acaba diluyéndose en el transcurso de la trama gracias a un desarrollo en exceso convencional y poco trabajado, que reduce la inhóspita búsqueda del protagonista a una gincana subterránea donde ni los peligros que le acechan son tan temibles ni los obstáculos que se encuentra lo son tanto. De este modo, una vez concluido el planteamiento inicial de la película, cuando debe comenzar su desarrollo y la más que anhelada aventura, ésta transcurre de manera acomodaticia y servicial a los pilares del género, sin llegar a despegar nunca de una trivialidad ciertamente tópica. No hay en Los últimos días mensaje alguno en el fondo, ni siquiera existe o se percibe cierta intencionalidad al respecto por parte de sus directores, por ello chirría tanto un epílogo y un final que, desde cierta óptica, pueden encerrar no poca moralina. Pero en todo lo demás, sólo existe el afán de poner en pie un producto sólido y eficaz que funcione para entretener en todo momento al espectador. Y, en eso, la película funciona. Porque a pesar del trillado viaje a través de túneles de metro y alcantarillas de la pareja protagonista, el ritmo de la cinta no decae en ningún momento y logra mantenerse todo el metraje sobre un confortable nivel medio, aunque las sorpresas y giros de guión no obtengan en nosotros el efecto premeditado, algo que tampoco disuade el ánimo pues aceptamos que son marcas necesarias en el género. 


El mérito de ese logrado y satisfactorio tempo es de sus directores, que saben mover la cámara y encuadrar los planos para que, aún no estando ocurriendo nada verdaderamente interesante o primordial, lograr mantener intacta la atención del respetable. Y esto a pesar de insertar en demasía largos y explicativos flash backs que lastran y ponen en riesgo la impecable atmósfera mantenida en la narración en presente. Algo a lo que aporta un gran granito de arena una factura técnica (casi) irreprochable. Es éste uno de los puntos fuertes de la película y donde cobra especial importancia la fotografía creada por Daniel Aranyó, que constriñe a los personajes incluso en los pocos y abiertos exteriores en los que se les filma, aportando una suciedad inhóspita a ese Apocalipsis. En el terreno de los tan publicitados efectos especiales, la película funciona más y mejor cuando la cámara se mantiene cerca de los personajes, dentro de las profundidades de la Tierra, y no tanto cuando las miras de los directores van más allá y tratan de dar empaque a secuencias y situaciones que, en el apartado técnico, hubieran necesitado de un presupuesto algo más holgado. Salvando algunos amenabarismos (ese plano ascendente que termina en cenital sobre uno de los personajes, que le hace parecer prácticamente colgado sobre la ciudad), la mayoría de los recursos utilizados por la pareja de directores para conferir a su película ese efectista y sugestivo empaque visual resultan verdaderamente funcionales, aunque nunca lleguen a entusiasmar, precisamente por su falta de originalidad.


Los últimos días, cinta honesta donde las haya, pues literalmente ofrece lo que da (cine espectáculo, entretenimiento para nada sesudo y, con sus asumidas limitaciones, pirotecnia visual), más que una película apocalíptica o de aventuras, deviene a ser una muestra más de buddy movie a la española, porque es en la relación que entablan los dos personajes protagonistas en su particular odisea de supervivencia, donde se encuentra el verdadero motor que salva a la historia de la insignificancia más endeble a la que la hubiera podido condenar un guión falto, en exceso, de garra y de enjundia, que atesora unas cuantas inversimilitudes de más. Y no es que el dibujo de los dos protagonistas sea algo especialmente conseguido, sino que la pareja de intérpretes encargados de darles vida, literalmente: les dan vida. Quim Gutiérrez cumple con corrección con su rol de héroe que no sabe que lo es, infundiendo calor a las motivaciones emocionales de su personaje, afrontándolo por ello desde un punto de partida eminentemente humano, aunque no pueda sortear por completo el enorme cliché del que partía. Algo similar le sucede a Jose Coronado, que parece entablar una lucha entre el esquematismo de su rol y la imagen cinematográfica que tan buenos resultados le ha venido dando en los últimos tiempos. Ante esta dualidad, Coronado responde con prestancia y no poco entusiasmo, imbuido por la seguridad aplastante que le proporcionan tantos años delante de una cámara y su presencia llega a erigirse en poco tiempo como lo mejor de una función que termina dominando en el diálogo frente a la hoguera en el interior de la iglesia, cuando con pocas y escuetas palabras, la estrella logra conmovernos el doble que todas las imágenes juntas que, con semejante intención, salpican la trama en su recta final. La excelente y vibrante química establecida entre Gutiérrez y Coronado resulta tan palpable como la inabarcable naturalidad y frescura de una Marta Etura ejerciendo nuevamente de 'chica de la peli' y confirmando de este modo el desaprovechamiento artístico que padece dentro de la industria.



Puntos fuertes para los Goya 2014:
- Mejor Actor Secundario: Jose Coronado.
- Mejor Dirección de Fotografía: Daniel Aranyó.
- Mejor Música Original: Fernando Velázquez.
- Mejor Dirección Artística: Balter Gallart.
- Mejor Maquillaje y Peluquería: Patricia Reyes.
- Mejor Montaje: Martí Roca.
- Mejor Sonido: Licio Marcos de Oliveira, Oriol Tarragó y David Calleja.
- Mejores Efectos Especiales: Ramón Cervera, Ramón Daza, Daniel de Madrid y Antonio J. Jiménez.

lunes, 1 de abril de 2013

El gran Fernando Fernán Gómez, histórico primer Goya al mejor actor


Regresamos momentáneamente al año 1986, concretamente a aquella primera edición de los Premios Goya. Le toca el turno ahora a los intérpretes protagonistas, una categoría (la de mejor actor principal) que conjugó a la perfección la juventud y la frescura de un actor adolescente y la veteranía y naturalidad de uno de los astros indiscutibles de la cinematografía patria, a los que acompañó un trabajo interpretativo técnicamente irreprochable cuya presencia entre los finalistas hacía cumplir a rajatabla la norma (no establecida) de que dar vida en la pantalla a un personaje histórico y relevante sería garantía nominación al Goya.


El papel que Fernando Trueba le confío del adolescente protagonista que va perdiendo la inocencia en la posguerra de El año de las luces, no sólo supuso para Jorge Sanz un premio al mejor actor en el Festival de Nîmes, sino que le reportó con apenas 17 años su primera nominación al Goya en calidad de protagonista. El mejor actor infantil surgido en el cine español en los 80 tenía a sus espaldas trece películas que le habían consolidado y no es extraño que el intérprete demostrase en su primer encuentro con Trueba una desenvoltura dramática impensable en un joven de su edad. Daba vida a Manolo, un adolescente de 15 años que es enviado junto con su hermano pequeño a un preventorio durante la posguerra española y cuya existencia parece basarse únicamente en el descubrimiento sexual por el que comienza a sentir una irrefrenable curiosidad. De este modo, Sanz fundamenta su actuación en la constante e impaciente búsqueda curiosa del sexo, permaneciendo durante todo el metraje en un extenuante estado de alerta por exigencias del guión, ante lo que el joven intérprete respondía con la naturalidad que garantizan los años pasados ante las cámaras y con la convicción y la dosis de 'verdad' que aporta el dar forma en la ficción a emociones y estados de ánimo que todos hemos vivido alguna vez en la vida. Más inteligente que otros niños prodigio, Sanz había conseguido dar el difícil salto de niño a adolescente en pantalla con evidente fortuna, no sólo gracias a papeles cómo éste, sino, sobre todo, a la sabia utilización de una mirada enormemente expresiva, con la que el actor juega para delatar los pensamientos internos que envuelven a su personaje y el sufrimiento que le acarrea la imposibilidad de hacer realidad sus deseos, estableciendo muy pronto una pragmática complicidad con el espectador. Con una mirada semejante, un arma que sobre todo en el cine adquiere una importancia capital debido a las marcaciones técnicas que coartan el acto creador del actor, carecen de importancia ciertos defectos de vocalización y que no empañan el talento de un joven actor al que ya se le aventuraba un exitoso futuro.


Sin ser todavía considerado el gran maestro que hoy es, Juan Diego figuró ese año entre los candidatos a la mejor actuación protagonista (hecho curioso, pues su personaje no supera los cuarenta minutos del total de duración de la cinta) por el inteligente y mimético retrato, aunque carente de vísceras, del general Franco que ofreció en Dragón rapide, de Jaime Camino. Pero es que interpretar al mismísimo Franco no es moco de pavo. Un trabajo como ese siempre es garantía de premios y el actor se entregó a fondo para dar la imagen del general en todos sus aspectos. La composición de Juan Diego es inteligente, como hemos dicho, y está profundamente estudiada hasta en el más insignificante de sus detalles: la postura corporal, la rigidez de su actitud, la voz tan característica, esa mirada inquisidora... Externamente, el futuro dictador que observamos en la pantalla resulta del todo reconocible, pero al personaje le acaba pasando lo que a la película: el vacío se adueña del aspecto interno. Tan preocupado está el actor de la mímesis que acaba olvidando el bagaje interior que lleva consigo todo personaje, logrando una caracterización ejemplar del dictador, sí, pero elevando a categoría de mito lo que pedía a gritos una humanización absolutamente radical. Estamos de acuerdo en que Dragón rapide no es un film biográfico, pero tampoco debería haberse quedado en una ilustración tópica de unos hechos y un personaje que merecían, a todas luces, un tratamiento más cercano, no para engrandecerlos, sino para intentar esclarecer todas las aristas de tales hechos y personaje tan importantes y a la vez tan sugestivos y estremecedores.


No admite discusión alguna entonces que la primera edición de los Premios Goya condecorase con todos los honores como la gran triunfadora del año la enorme categoría interpretativa y artística de Fernando Fernán Gómez. Se entiende que acaparara todos los Goya a los que estaba designado en esta primera edición por El viaje a ninguna parte, su mejor película en muchos años, como los relativos al mejor director y al mejor guión. Lo que resulta más discutible es el Goya al mejor actor concedido por su creación protagonista en Mambrú se fue a la guerra, por la que además había sido galardonado en los festivales de Figueira da Foz y Cartagena de Indias. Y es que su trabajo, sin ser desdeñable en absoluto pues la sabiduría del genio así lo impide, adolece de cierta despreocupación emocional. En el retrato de ese Emiliano atónito vuelto a la vida en un mundo que no comprende y rechaza hay demasiada rabia embrutecida, excesiva ligereza expositiva y poca manifestación emocional de base que sustente la odisea del protagonista. Así, el trabajo de Fernán Gómez en Mambrú resulta ser una interpretación vistosa, sí, y contundente en su aparato formal, pero carente de la “vida” necesaria como para alejar la mirada del espectador del reloj de su muñeca, alzándose así en un vehículo en cierto modo aparatoso para premiar en su justa medida el talento y la grandeza de semejante intérprete en aquella primera edición goyesca.

Los Olvidados.


A este fin hubiera respondido mucho mejor el trabajo desempeñado por Fernán Gómez a las órdenes de Manuel Gutiérrez Aragón en la mágica La mitad del cielo, otra de las grandes cintas estrenadas aquél 1986. Supeditado al protagonismo de Ángela Molina, Fernán Gómez se marca una de sus míticas actuaciones desde que entra en escena, borracho, hasta el final, marcada por un tierno romanticismo digno del mejor y más apuesto galán. Sobrio, parco en gestos y siempre muy sereno, el trabajo de Fernán Gómez en La mitad del cielo hubiera sido un digno vencedor de ese Goya al mejor actor.


Sin embargo, cuando echamos la vista atrás y evaluamos aquel 1986, rápidamente nos surge el nombre de José Sacristán como el gran ignorado por la Academia a la hora de componer la lista de nominados al mejor actor principal. Y es que volvió a dar muestras irrefutables de su buen saber hacer de nuevo a las órdenes de Fernán Gómez, que le escogió para dar vida al protagonista de El viaje a ninguna parte, obra capital de su autor y de la década, ganadora de 3 Premios Goya. Una auténtica conmoción el que no figurara entre los candidatos últimos a ese primer Goya si atendemos al extraordinario empaque emotivo que circula por toda su actuación, llena de cariño y verdad hacia ese Carlos Galván, cómico de la legua que sueña con triunfar en el cine y en el teatro de la capital. Un pobre diablo, muerto de hambre, ávido de ilusiones y amor a una profesión que lleva en los genes, romántico y mentiroso. Tanto en su parte joven como ya de mayor, cuando rememora sus inicios frente a su psiquiatra, Sacristán aporta un hondo calor a su personaje, lo que se convierte en un motor esencial para seguir sin pestañear toda la peripecia triste de este claro homenaje a una profesión sacrificada como ninguna otra. El punto álgido se encuentra en el monólogo que protagoniza frente a los pueblerinos ante la llegada de los cineastas, de texto arrebatador y que Sacristán convierte en conmovedor por la manera en que lo lanza a modo de petición irrefutable de derechos humanos. Definitivamente, clama al cielo que un trabajo de tal envergadura quedara fuera de aquella primera lucha por el Goya.


Casi en los mismos términos podríamos hablar del caso de Alfredo Landa y su maravilloso protagonismo en Tata mía, de José Luis Borau, que le hizo ganador del premio al mejor actor de reparto en el Festival de Cine de Cartagena de Indias. Con esta película, la estrella más importante de nuestro cine en las últimas décadas se erigió en otro gran olvidado sin discusión. Su Teo podía resultar, sobre el papel, un personaje antipático y desagradable, pues se caracteriza por un acusado complejo de Peter Pan y por una afición un tanto obsesiva por las enfermeras con uniforme. Pero un personaje así, con el rostro de Alfredo Landa, no puede caer mal a nadie y menos aún, cuando el actor lo afronta con una ironía muy acusada y una falta de prejuicios admirable. Su creación para Borau se convierte así en un trabajo antológico, de una inteligencia abrumadora y de una complaciente sensibilidad. Teo se transforma gracias a Alfredo en un personaje tierno, casi infantil de puro inocente. La química establecida entre el actor y sus dos oponentes femeninas está patente en cada plano y contribuye a esa sensación de deseable realidad que inunda todo el film. En suma, su protagonismo en Tata mía constituye uno de los mejores trabajos de Landa ante las cámaras, merecedor de mayores glorias de las que recibió.


En menor medida, también destaca el trabajo llevado a cabo por Imanol Arias en Tiempo de silencio, donde brinda una muestra indudable de la categoría dramática que iba adquiriendo en aquel entonces gracias a su primer protagonismo a las órdenes del director que más y mejor supo extraerle ante una cámara, Vicente Aranda. Para él, Imanol Arias dio vida a ese joven médico e investigador, algo bohemio, al que acusan injustamente de un asesinato en la estupenda adaptación al cine de la novela de Luis Martín Santos y logra un trabajo decididamente bueno, echando mano de ese estilo lánguido suyo, como de señorito de provincias, para sobre él edificar la amargura, confusión y, en última instancia, el miedo que van invadiendo a su personaje a lo largo y ancho del metraje. Olvidado al Goya, había ganado aún así el premio del Festival de Varna.


A Francisco Rabal no sólo le olvidaron en la categoría secundaria, sino que su trabajo casi protagónico en El hermano bastardo de Dios, debut en la dirección de su hijo Benito Rabal, bien podría haberle proporcionado su primera nominación al Goya. Ese abuelo severo y austero del niño protagonista que a la mínima le suelta una hostia para reprenderlo es también un personaje cercano y fácilmente reconocible en su tierna humanidad gracias al trabajo realizado por el gran Rabal y, aunque sale menos de lo que nos gustaría, bien es cierto que cuando lo hace la historia, la película y hasta sus compañeros de reparto se vienen arriba en un tirón de calidad que dota a la ópera prima de su hijo de una consideración más alta de la que, tal vez sin su presencia, no tendría.


Por último, nos gustaría destacar también la actuación que Eusebio Poncela llevó a cabo en la simbolista adaptación del clásico de Goethe, Werther, de Pilar Miró, donde la imagen ambigua del intérprete casaba a la perfección con el halo romántico y melancólico del protagonista, dotando a su interpretación de ciertos matices que convierten este trabajo de Poncela en lo mejor de una función que no puede (o no quiere) evitar hacer caer en el tedio al respetable a mitad del metraje. Su directora, asombrosamente, aspiró a un Goya inmerecido y Poncela se quedó fuera cuando aporta hondura y sensibilidad a una película que peca, primordialmente, de excesivo apego a una intelectualidad abstracta y fría.

Lluvia de estrellas este abril de 2013

Comenzamos el mes de abril, un mes durante el cual vamos a hablar y mucho sobre cine español y es que el próximo día 20 dará comienzo oficialmente una nueva edición del Festival de Málaga, donde podrán verse algunos de los títulos más esperados del presente curso cinematográfico, así como (esperamos) alguna que otra joya sorpresa. A la espera de que la organización del certamen confirme de una vez la lista de títulos que participarán en la Sección Oficial, la cartelera de abril se verá inundada por la llegada de algunas de las más rutilantes estrellas de nuestra cinematografía, entre las que brillarán de manera especial dos de nuestros más prometedores actores jóvenes del momento: Alberto Ammann y Álex González, ambos con dos cintas a punto de aterrizar.


Ammann será el primero en asomarse a la cartelera y lo hace esta misma semana, ya que este viernes 5 llega a las salas el esperado thriller Tesis sobre un homicidio, de Hernán A. Golfrid, co-producción entre Argentina y España que viene precedida de una recaudación espectacular en su país mayoritario, con 4,7 millones de euros en taquilla. Su buena acogida crítica tampoco nos pasa desapercibida, como el hecho de que a Ammann le acompañe en la cabeza de cartel la estrella indiscutible del cine argentino del momento, el gran Ricardo Darín. Así, a priori, Tesis sobre un homicidio posee muchos puntos a su favor para no pasar desapercibida en nuestro país y convertirse en uno de los títulos imprescindibles de este nuevo mes de abril de 2013.



Una semana después le tocará el turno a Álex González, puesto que el 12 de abril se estrena una de las apuestas españolas del año: Alacrán enamorado, de Santiago A. Zannou, un drama romántico al estilo de "Romeo y Julieta", enmarcado en un ambiente pugilístico, basado en la novela homónima de Carlos Bardem, también presente en un reparto en el que también destacan Miguel Ángel Silvestre y Judith Diakhate, aunque, por encima de todos ellos, prácticamente toda la atención mediática se la vaya a llevar el regreso de Javier Bardem a la cinematografía patria, en un papel de colaboración que figura entre los favoritos al Goya del próximo año. A pesar de su discutible y convencional cartel promocional, esperemos que la cinta responda a las altas expectativas generadas y logre funcionar bien a su paso por la taquilla, aunque sólo sea para verle el palmito al guapo de González.



El duelo definitivo entre ambas estrellas culminará a final de mes, el 26 de abril, cuando llegue a las salas (tras su paso por la Sección Oficial del Festival de Málaga), Combustión, lo último de un hiperactivo Daniel Calparsoro (hace muy pocos meses se estrenaba su anterior película, Invasor), donde estos dos guapos de nuestro cine se medirán las caras en una trama que promete mucha acción y emociones fuertes y donde, como siempre, habrá una chica de por medio: la guapa Adriana Ugarte, para la ocasión. La película, que contará con una fuerte campaña promocional gracias a estar producida por Antena 3 Films, lo tiene todo para convertirse en uno de los títulos más taquilleros del año (caras guapas, trama facilona, imágenes potentes), un poco al estilo de las recientes Tres metros sobre el cielo (2010) y Tengo ganas de ti (2012), de Fernando González Molina. Pero ni González ni Ammann poseen la abultada lista de admiradoras de Mario Casas, ni la película llega avalada por un original literario de tanto éxito como las antes mencionadas, así que cabe la posibilidad que Combustión acabe engrosando la lista de los grandes fiascos del año.



Pero no sólo de caras nuevas y guapas vivirá el cine español este próximo mes de abril. Hace tan sólo unos días, se confirmaba la llegada a las salas, para el día 19, de La venta del paraíso (2012), de Emilio Ruiz Barrachina. Película, basada en la propia novela del director publicada en el 2006, que cuenta la historia de una inmigrante mexicana en nuestro país, a través de un reparto coral que encabeza la guapa Ana Claudia Talancón (El crimen del padre Amaro (2002), de Carlos Carrera), a la que secundan un nutrido grupo de característicos españoles a cada cual más dispar: William Miller, Carlos Iglesias, Juanjo Puigcorbé, Lola Marceli, María Garralón, Txema Blasco o Mariví Bilbao. Vista en el pasado Festival de Gijón, la película presenta una apariencia realmente extraña dentro de la producción nacional, lo cual aparte de resultar hasta cierto punto sugestivo, tampoco permite aventurar grandes esperanzas en su carrera comercial.



Por último, para el mismo día 26, tiene prevista su llegada a los cines Ayer no termina nunca, lo último de la catalana Isabel Coixet, sin lugar a dudas, el plato fuerte del mes en lo que a estrenos españoles se refiere. Inaugurará el Festival de Málaga, fuera de concurso, y nos ofrecerá el que a todas luces se vislumbra ya como uno de los duelos interpretativos del año, a cargo de dos de nuestras más experimentadas y laureadas estrellas: Javier Cámara y Candela Peña. La directora tiene un público que le es fiel desde hace mucho tiempo y gracias al que logrará hacerse un hueco en la cartelera española, donde su película aguantará en las marquesinas de salas pequeñas e independientes durante el tiempo suficiente como para que Ayer no termina nunca alcance cerca del millón de euros de recaudación.


Un mes de abril cargadito, como vemos, y tras el que comenzarán a afianzarse algunos trabajos interpretativos en la aún tenue carrera a los Premios Goya 2014. Pero tras el que y gracias a lo visto en Málaga, nos podremos hacer una idea aproximada de la producción nacional para el próximo cuatrimestre.

domingo, 31 de marzo de 2013

La madurez de Jorge Sanz pasó de largo.


Perdido en un mar de protagonistas sin sustancia en productos infames que no le merecían, el cambio de siglo amenazaba con recluir indefinidamente a una de las principales estrellas cinematográficas de principios de los noventa en agradecidos roles de carácter a través de los cuales pudiera seguir aflorando el enorme talento demostrado por Jorge Sanz en los grandes trabajos cinematográficos que le convirtieron en el actor joven más importante del cine español. Parecía que su momento ya había pasado, que a partir de ahora sus mayores triunfos como actor los conocería sobre las tablas, medio al que acudió para poder seguir incorporando el tipo de personajes para los que ya no se le tenía en cuenta en las agendas de los productores cinematográficos. 


En esas llegó Pedro Olea con un cometido realmente jugoso, el de un dibujante violento y posesivo con graves problemas con las drogas al que el abandono de su mujer conducirá casi hasta las puertas de la muerte, en ese elegante y conseguido drama a cuatro bandas que fue Tiempo de tormenta (2003). Sin la responsabilidad y la presión que conlleva ser el único protagonista del filme, Sanz se echa encima el personaje más complejo y, por ello, más rico de toda la función, y con una enorme sensibilidad, tan grande que se hace insoportable por humano según el momento, el intérprete calló de un manotazo a todos sus detractores, consiguiendo estar sencillamente formidable en toda su intervención. 


Aparentemente desalmado y laxo durante toda la primera parte del filme, el intérprete encarna los desfases de su personaje con pasmosa verosimilitud, llegando a extremos de realidad tales que contemplarle, por ejemplo, en esa escena en la que conversa telefónicamente con su madre absolutamente enajenado, supone un duro trago para cualquier paladar. La crudeza descarnada de su actuación va cediendo poco a poco ante una reposada sencillez y frescura, que son las que dominan su trabajo en la segunda parte, cuando su rol ya ha pasado por la clínica de desintoxicación y parece curado. Pero aún nos queda más, pues pronto vuelve la tormenta a nublar esa poderosa mirada y se apodera del intérprete una súbita contención, una pavorosa sobriedad, que impregnan cada una de sus frases, incluso en esa hermosa y desoladora secuencia compartida con María Barranco bajo la tempestad.


Cuando ya se pensaba que Jorge Sanz estaba acabado, cinematográficamente hablando, llegó esta Tiempo de tormenta para estamparnos en la cara una enorme composición, de apabullante madurez, digna de un intérprete con mucho oficio a sus espaldas y también de un indiscutible talento, pulido con tesón y esfuerzo. Lástima que, a pesar de las buenas críticas recibidas tras su estreno, a la otrora estrella no le lloviesen más trabajos como éste, y hayamos tenido que asistir a la triste y prematura decadencia fílmica de una de las grandes figuras de nuestro cine en los noventa.

sábado, 30 de marzo de 2013

La estrella de Tony Leblanc volverá a brillar en pantalla grande


El próximo 7 de mayo hubiera cumplido 91 años si un fallo cardiaco no nos lo hubiera arrebatado el pasado 24 de noviembre de 2012. La muerte del gran Tony Leblanc fue una de las más sentidas en el mundo de la profesión en un año en el que la interpretación española ha perdido a muchos de sus estandartes. Ante la muerte, siempre nos quedará el recuerdo y ante la pérdida de un intérprete, siempre nos quedarán sus películas. Por esa razón, la Filmoteca Española dedicará un ciclo este próximo mes de abril a la inigualable figura del actor madrileño, incluyendo en la programación del Ciné Doré, la proyección de algunos de los títulos que hicieron de Leblanc un mito de nuestra cinematografía.

Así que, tanto para los nostálgicos, como para los no iniciados en la trayectoria de este insólito e inigualable actor de nuestro cine, no hay excusa alguna para no acercaros por la calle Santa Isabel y pasar por taquilla, además a un precio de lo más alarmante (¡¡¡2,50€ por entrada!!!). Entre el generoso repertorio seleccionado para recordar a la figura de tan insigne intérprete, desde actoresSinVergüenza os queremos recomendar unos cuantos títulos cuyo pase en pantalla grande no deberíais dejar escapar.


  • Historias de la radio (1955), de José Luis Sáenz de Heredia. Viernes 5, 19:40h.
  • Los tramposos (1959), de Pedro Lazaga. Domingo 7, 20:15h.
  • El tigre de Chamberí (1957), de Pedro Luis Ramírez. Martes 9, 17:30h.
  • Don Lucio y el hermano Pío (1960), de José Antonio Nieves Conde. Miércoles 17, 17:30h.
  • 091, policía al habla (1960), de José María Forqué. Jueves 18, 17:30h.
  • El hombre que se quiso matar (1970), de Rafael J. Salvia. Martes 23, 22:00h.
  • El astronauta (1970), de Javier Aguirre. Sábado 27, 19:30h.
  • Torrente, el brazo tonto de la ley (1998), de Santiago Segura. Martes 30, 17:30h.

jueves, 28 de marzo de 2013

Elena Anaya ha finalizado "Todos están muertos"


El pasado 16 de marzo finalizó el rodaje de la esperada primera película de la cortometrajista Beatriz Sanchís, que llevará por título Todos están muertos. Co-producida entre España (a través de Avalon P.C.), Alemania (Integral Films) y México (Animal de Luz), la película nos contará la historia de Lupe y su madre mexicana Paquita. La primera, una treintañera con un hijo adolescente que ha dado la espalda a un pasado de gloria y lucha desde casa contra su agorafobia. La segunda, una mujer supersticiosa a la que acaban de pronosticar su muerte en poco tiempo, lo que la lleva a intentar arreglar a su familia para cuando ella no esté.


Esta comedia dramática, cuyo rodaje se ha llevado a cabo durante cinco intensas semanas en Madrid, aspira a ser uno de los platos fuertes del cine español de final de año gracias al protagonismo absoluto de la ganadora del Goya Elena Anaya, que bien podría gracias a esta cinta colarse en las quinielas para los próximos Premios Goya. A Anaya le acompaña en el reparto la veterana actriz mexicana Angélica Aragón, que dará vida a Paquita. Junto a ellas, destaca la participación de la reciente ganadora del Goya a la mejor actriz revelación Macarena García.


Según informa Avalon, la película ha pasado ya a su fase de postproducción, de la que se ocupará durante los próximos dos meses el importante montador español Nacho Ruiz Capillas y se anda trabajando ya en la banda sonora original. Todo parece indicar que Todos están muertos quedará lista para estrenarse en el último cuatrimestre de 2013. ¡Ojalá!

El Primer Goya a la Mejor Actriz Secundaria fue el Primer Goya de Verónica Forqué


Regresamos al año 1986 y echando un vistazo a la producción nacional nos damos cuenta de que sí, las tres finalistas al Goya a la mejor actriz secundaria fueron verdaderamente acertadas, pero que también hubo otros trabajos destacados que pasaron sin pena ni gloria por aquella Primera Edición de los luego tan importantes galardones. Ha llegado la hora de sacar del olvido no sólo los tres trabajos interpretativos que lucharon por aquél primer Goya, sino también a algunos de los que, para nada, hubiesen desmerecido tal honor. Repasamos las mejores actrices de reparto de 1986:


Y comenzamos por la intérprete que terminó triunfando en aquella primera entrega de premios, una joven Verónica Forqué, que ya ganaba su primer Goya en la edición inaugural gracias a El año de las luces, su segundo encuentro con Fernando Trueba, donde el director se sirvió del significativo timbre de voz de la actriz y de su sonrisa inocente y llena de ilusiones para crear de la nada a una enfermera jefe obligada, por los principios del régimen y los ideales que ella comparte, a ejercer una especie de sacerdocio en un preventorio para niños menores de 12 años, mientras la consumen por dentro unas fuerzas descomunales que le aprietan el vientre y le ahogan la garganta, ante las cuales reacciona a través de un hermetismo agrio y cortante, como tratando con ello de erradicar el latente pecado que amenaza con desestabilizar su apacible existencia. Los ojos acuosos de la Forqué se esmeraron al exponer generosamente y sin ningún tipo de tabú la represión sexual de esta mujer, visible sobre todo cuando mira a sus interlocutores varones con un fulgor erótico difícil de pasar por alto incluso detrás de esa pose gélida y autoritaria que caracteriza a su personaje a lo largo de toda su intervención. Es la de Verónica Forqué una composición realmente admirable, sobre todo por la valentía demostrada por la actriz al asumir el riesgo que suponía incorporar un personaje que podía ser fácilmente incomprendido y mal juzgado. Expuestos sin fisuras todos los recovecos que hacen de su Irene un personaje tan atractivo ya en la primera escena en la que aparece, debido al matizado retrato que ofrece de ella la intérprete, Verónica se limita desde entonces dejarse llevar por las líneas marcadas desde el guión, que la obliga a seguir fingiendo con autoritaria y distante curiosidad ante el resto de personajes mientras cae rendida en la desoladora verdad que esconde en su interior cuando queda a solas. En estos pocos, pero valiosos momentos, Trueba otorga a la Forqué sus mejores ocasiones de lucimiento, exhibiendo la actriz una vena dramática llena de una apacible emotividad que surge de la cercanía con la que está construido todo el personaje. El llanto desconsolado sobre la cama se convierte en una escena impagable debido a la desbordante desnudez con la que la actriz se adueña de ese momento privado y evoluciona corroída por la angustia y la desesperación que se han adueñado del alma de Irene. Esta presencia secundaria adquiere así una categoría superior dentro de la película, tanto que permanece en la memoria mucho tiempo después del visionado de la cinta. Es mérito absoluto de la estudiada candidez con la que la Forqué se adentró en los pormenores de su pequeño rol y nos los descubrió de par en par, con una fe ciega depositada tanto sobre su director como sobre sí misma y su enorme talento de actriz. El primer Goya a la mejor actriz de reparto de la historia cayó, merecidamente (¡qué duda cabe!), en sus manos y abrió las puertas de la cinematografía nacional a una Verónica Forqué que no tardaría mucho en consolidarse como una de las primeras figuras femeninas del cuadro interpretativo español de finales de los ochenta.


El año de las luces logró aquel primer año goyesco algo que, más tarde, llegaría a ser habitual en estos premios: dos actrices de reparto nominadas por la misma película. A Verónica Forqué, la acompañó en tremenda lid nada menos que Chus Lampreave, a la que Trueba también supo sacarle una interpretación de gran altura, incorporando a una maestra beata, autoritaria y fascista, de primario e intratable carácter, que reacciona ante cualquier tipo de provocación hecha una auténtica fiera, con impetuoso temperamento, dejando constancia de un mal íntimo y secreto guardado en su interior, que bien podría ser algún tipo de represión de índole sexual. Lampreave aparece agria, irracionalmente severa y hasta cierto punto castradora, dando forma a un personaje estereotipado que en sus manos adquiere la frescura y la garra de la que carecía sobre el papel: no hay ninguna intención por parte del guión en alcanzar una posible y necesaria humanización de su rol, pues siempre nos la muestran respondiendo al arquetipo que la ha visto nacer. Con tan poco material, no es de extrañar que el trabajo de la actriz caiga por momentos en una acusada sobreactuación, ya que lo único que parece interesar al realizador es mostrar la ignorante y ridícula crueldad del tipo de personaje al que representa su maestra Tránsito. Pero Lampreave ya era más lista que el hambre y dejó que en esos puntuales momentos de descontrol aflorara la maravillosa vis cómica que siempre le ha caracterizado, transformando sus escasas intervenciones en los momentos más altamente disfrutables, por divertidos, de la película. Así, se hace imposible pensar en otra actriz capaz de arrancar una carcajada mayor de la que ella consigue por sí sola al gritar "¡Esto es un motín!" o al forzar inesperadamente a todos a bailar una jota en mitad del campo para evitar que se siga bailando agarrados. La actriz hace del desmadre su arma arrojadiza para quedar impresa en nuestra memoria y utiliza la estricta rigidez que pedía a gritos su Tránsito para desplegar un registro abrupto y tajante, visiblemente impostado y a veces caricaturesco, sí, pero que nos daba una idea del inmenso repertorio dramático que llevaba consigo la gran Chus Lampreave. Que perdiera el primer cabezón de la historia en favor de su compañera de reparto poco importó al cabo del tiempo, pues logró asentarse con pies de plomo como una de las más populares y carismáticas actrices de reparto de nuestra industria.


La tercera en discordia vino a ser una de las más grandes y consagradas intérpretes de nuestro teatro y nuestro cine: la gran María Luisa Ponte, que participaba además en tres de las cintas nominadas. Su candidatura la ganó gracias a El hermano bastardo de Dios, de Benito Rabal, donde la portentosa intérprete ejecutaba con sobriedad y con no poca entereza las escasas escenas que protagonizaba, desplegando una arrolladora energía en la primera parte de su intervención para, inesperadamente, encogernos el alma con la sobrecogedora reacción de su personaje ante la terrible noticia que contiene una de las cartas que recibe del frente de batalla. Inesperadamente porque, teniendo en cuenta lo previsible que resulta tal hecho dentro del argumento, María Luisa logra con su trabajo superponerse al texto y marcarse todo un recital en poco menos de un minuto. Inmensa es la palabra. Teniendo en cuenta el triunfo final (3 Goyas) de El viaje a ninguna parte, de Fernando Fernán Gómez, en la que también participaba con un pequeño (injustamente pequeño) papel, resulta extraño que la Academia no eligiese esta actuación para incluirla como una de las tres finalistas al premio a la mejor actriz secundaria y sí seleccionase a tal efecto su trabajo en El hermano bastardo de Dios, quizás también quedaron fuertemente impresionados por esa trágica y dolorosa escena que antes mencionábamos.

Las Olvidadas.


Entre los olvidos más flagrantes de aquél año se encuentra el de la veterana actriz de culto, musa de Luis Buñuel, Margarita Lozano, a la que tras varios años alejada de nuestra cinematografía, recuperó Manuel Gutiérrez Aragón en La mitad del cielo, donde encarnaba a esa abuela vigorosa y sumamente tierna, con no pocos poderes mágicos, que se convierte en un pilar esencial dentro del argumento de la película, sin lugar a dudas uno de los elementos esenciales de la misma. En su piel, Margarita Lozano realizaba un trabajo sereno y deslumbrante, dotado de una magia y un encanto inolvidables, y lograba que todas sus escenas se erigieran en algunos de los momentos más bonitos y hermosos de La mitad del cielo. Con sabiduría y sin alardes de ningún tipo, la Lozano se comía la pantalla ella solita, logrando que lo estrambótico y surrealista de su personaje pasase por resultar fascinante y conmovedor y que el espectador sintiese desconsolado la pena inmensa de su desaparición a poco más de la mitad de la película. Un auténtico regalo de esta diva al cine español que los responsables del film se encargaron de “ensuciar” al doblar la voz (bronca y de timbre característico) de la intérprete, razón que quizás justifique su ausencia dentro del grupo de actrices nominadas al Goya a la mejor interpretación femenina de reparto. Un “crimen” doble que a pesar de todo no afecta a la enorme consideración debida a esta actriz ni tampoco al sublime trabajo logrado en La mitad del cielo.


Pero Lozano no fue la única gran actriz olvidada aquél año. Es obligado acordarse también de Rafaela Aparicio. Su participación en el film de Trueba se quedó en muy poca cosa debido al esquemático dibujo que presentaba su personaje ya en el libreto original y, claro está, por las escasas ocasiones de lucimiento de las que disponía. No obstante, la actriz, fiel a su estilo, supo aprovechar la ocasión y robar para sí unos cuantos planos en la piel de esa vieja gruñona, cocinera del preventorio, esposa del conserje al que da vida Manuel Alexandre, cuya relación es lo más destacado de su intervención en la cinta, ya que entre los dos nos proporcionan un delicioso espectáculo de hiriente y amoroso sentido del humor, beneficiado por la adorable compenetración existente entre la pareja de intérpretes, que ya quisieran para sí otras parejas 'de hecho' más jóvenes del cine español. A diferencia de Emilio, el rol de Rafaela queda en mera comparsa de su marido, objeto constante de las burlas de éste ante las que la Aparicio siempre reacciona refunfuñona, llamándole "mamarracho", en un recurso cómico que por reiteración acaba funcionando perfectamente siempre. La hondura, así como la gracia y el desparpajo otorgados por la Aparicio a sus cortas intervenciones sacan al personaje del segundo plano invisible en el que se habría quedado en manos de otra actriz. Una nominación al Goya como actriz de reparto por El año de las luces para una intérprete de su valía no habría estado nada mal y mucho menos si se debe a un trabajo cómo este.


Vicky Peña llevaba cinco años alejada de las cámaras cinematográficas cuando el director Jaime Camino la llamó para dar vida a la mismísima Carmen Polo de Franco en Dragón rapide, película en la que, figurando en los créditos con su nombre aún sin abreviar, la actriz logró una convincente creación de la esposa del futuro dictador español, a pesar de contar con pocos minutos para el lucimiento. Quizás fuese ésta la razón por la que su contenida, aplicada y estudiada interpretación fue pasada por alto por la Academia. Con su cuello de jirafa, su boca grande y su cabeza pequeña, Vicky Peña demostró aquí que se encontraba perfectamente dotada para iniciar un seguro y exitoso porvenir cinematográfico como actriz de carácter, después de foguearse su trayectoria en todo tipo de roles en el marco televisivo. En Dragón rapide conseguía, con muy pocos elementos, reflejar la comprensión, el cariño y el conocimiento exhaustivo que profesa su personaje hacia su marido y del que carecía el film mismo. Carmen Polo fue probablemente la persona que mejor conoció al dictador y la química que la actriz establece con Juan Diego, su oponente en pantalla, evidencia una relación afectiva basada más en la lealtad a unos votos matrimoniales que al amor romántico, aportando ese pequeño toque de humanidad que a todas luces pedía una historia como Dragón rapide.


Es justo recordar en este apartado el primer encuentro de una de las actrices de teatro más importantes de nuestro país con el director Vicente Aranda. Hablamos de Margarita Calahorra, que debutaba con Aranda aquel 1986 con una pequeña pero lucida intervención en Tiempo de silencio, como la madre iletrada de la joven gitana muerta tras practicársele un aborto en pésimas condiciones. Su personaje, la Ricarda, se pasea durante todo el film detrás del cuerpo de su hija, al que desea dar tierra como Dios manda cuanto antes, así llora y se lamenta desconsoladamente no sólo en el lúgubre velatorio, sino también junto a la puerta del tanatorio donde han trasladado el cadáver para practicarle una autopsia. Es tan desangelado ese llanto y tanto dolor expresa, que la Calahorra convierte a su personaje en uno de los puntos clave de la película de Aranda, cobrando vital importancia al final, cuando retenida en la comisaria, su testimonio libera al protagonista de la prisión. Hay que alabar la decisión de Aranda de otorgarle a ella este trágico y bonito personaje, que bien podría haberla llevado a luchar por el Goya a la mejor actriz de reparto.


Y si pudieron competir dos actrices por El año de las luces, también la crónica sobre la Guerra Civil a través de la mirada de un niño que fue El hermano bastardo de Dios podía haber obtenido una doble nominación en esta categoría y es que, con muy pocas escenas a su favor, Terele Pávez supo apoderarse de ellas y resultar de lo mejor de una película en la que daba vida a un personaje harapiento y enloquecido, una mujer borracha que vagabundea por las calles maldiciendo y blasfemando y que, para salir del apuro económico en el que se encuentra, no tiene reparos en vender a uno de sus hijos a una familia pudiente. Le ofrecían poca cancha para poderse lucir en la piel de Ramona, pero la Pávez supo hacerse notar en la única escena importante que protagoniza: en la tienda de alimentación, cuando con el dinero que ha sacado de la venta de su hijo puede por fin saldar la deuda que allí tiene. Con lo dada que sería posteriormente la Academia a nominar en la categoría secundaria a intérpretes con empeños tan o más pequeños que el suyo en El hermano bastardo de Dios, bien hubiese podido la Pávez ser una de las primeras finalistas en la categoría en la edición inaugural de los Premios Goya.


Como también podría haberlo sido Julieta Serrano. Y es que aquél año Pedro Almodóvar volvió a ficharla para otro papel secundario en su descompensada película Matador, donde la actriz demostró lo bien que casaba dentro del universo personal del director manchego, de nuevo en un registro de mujer madura, fría y cruel, con notables desequilibrios interiores, que los ojos perspicaces de la actriz lograron exponer sin titubeos de ninguna clase, comiéndole la película a los verdaderos protagonistas. No fue nominada al Goya pero ganó, no obstante, el premio a la mejor actriz en el Festival de Cine Fantástico de Oporto, a pesar de la escasa extensión de su participación en la película.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Belén Rueda y Mario Casas, abuela y padre gracias a Piñeyro


Justo ayer presentaban a los medios el rodaje de Ismael, cuando llevan rodando más de un mes en localizaciones de Barcelona. Se trata del nuevo proyecto del argentino Marcelo Piñeyro, muy admirado en nuestro cine por aquella excelente adaptación al cine de la obra de Jordi Galcerán, El método (2005). Ahora vuelve a nuestra cinematografía para contarnos la historia de Ismael, un niño de color, que tras escaparse de casa y coger un tren en Atocha, llega a Barcelona y llama a la puerta de Nora (50 años, madrileña, residente en Barcelona desde hace 35) diciendo que es su nieto. Los dos van en busca del padre del niño, Félix (el hijo de Nora), un joven educador social, embarcándose en un viaje en el que todos los personajes tratarán de saldar cuentas con el pasado.


Lo sorprendente del proyecto es el cambio de roles que va a suponer para su pareja protagonista, a la que dan vida Belén Rueda y Mario Casas. Para Rueda, que hereda un papel que hasta hace bien poco iba a protagonizar la gran Victoria Abril, barajándose luego también el nombre de Cecilia Roth, significa su acceso a papeles de mujeres de su edad, alejándose así del habitual registro casi de madura y atractiva femme fatale al que parecía predestinada tras su último film: El cuerpo (2012), de Oriol Paulo, y el regreso a un cine intimista y realista, alejado de los productos meramente de género que ha venido protagonizando hasta ahora. Para Casas, Ismael representa la oportunidad perfecta para convencer con un personaje descrito como un ser difícil y complejo, lejos de su habitual registro de 'chico guapo y rebelde'. Que Piñeyro ande detrás de las cámaras es, a priori, garantía de éxito para ambos, pues de sobra es conocida su buena mano con los actores.


El reparto de este drama que cuenta en la producción con el aval publicitario que supone estar respaldado por Antena 3 Films, se completa además con las estimulantes presencias de dos veteranos de la categoría de Sergi López y Juan Diego Botto, además de los desconocidos Ella Kweku y el niño Larsson do Amaral.

El vuelo de "Los amantes pasajeros" desciende, pero no tanto.

Según leemos hoy en la web BoxOffice España, Los amantes pasajeros han frenado su descenso en la taquilla este último fin de semana con respecto al anterior, cayendo sólo un 48% y recaudando cerca de los 456.000€ en su tercera semana de carrera comercial. Presente aún en 308 salas, la película de Pedro Almodóvar se ha visto afectada por las malas críticas obtenidas (entre las que estamos nosotros) y el más que definitorio boca-oreja, que transmite la sensación de que la película no gustado del todo. Es posible, que la llegada de las vacaciones relaje aún más esta tendencia a la baja en la taquilla por ofrecer la posibilidad de verla a todos aquéllos que (por tiempo) aún no lo hayan hecho. Es sólo una conjetura, lo que es lamentablemente cierto es que la película se encuentra ya en un terreno claramente desfavorecido en lo que a remontada se refiere. El acumulado de recaudación, que alcanza los 3,93 millones de euros, todavía hace estimar a los más optimistas que la película podría obtener un dato final entre los 5,2 y los 5,5 millones.


La buena noticia es que, mientras en nuestro país ha descendido a la sexta posición del ránking de las más vistas, en Italia, donde se estrenó el fin de semana pasado, ha entrado directamente al cuarto lugar de la tabla, con una recaudación estimada en cerca de los 900.000€, casi a 3.285€ por sala. Una pequeña buena noticia para su productora, El Deseo, pues se pronostica ya una recaudación total en Italia de casi 3 millones. La próxima semana comprobaremos si las vacaciones en España le sientan bien a estos amantes y consiguen salvar definitivamente la histórica caída libre que venían padeciendo en nuestro box office.

"Los últimos días" vs "G.I. Joe". ¿Duelo mortal?

¡¡Ya es viernes!! Ya, ya sé que no es viernes, pero para muchos como si lo fuera porque hoy comienzan un larguísimo puente una serie de (muchos) afortunados (entre los que no me encuentro, como hace tanto tiempo me viene pasando, con la fe y la devoción que me embargan a mí en estas fechas...). Por ello, como muchos españolitos hoy disfrutan de unas ¿merecidas? vacaciones, es lógico que la industria del cine adelante los estrenos de la semana al miércoles, que hay que lavarle la cara a las marquesinas y ofrecer novedades cinematográficas como premio a tan ansiado descanso laboral. Y, sobre todo, hay que aprovechar que estando todo el maldito país desplazado, al boca-oreja le costará esta semana más que ninguna antes cumplir su decisiva misión. De todos modos, no son muchos los estrenos que aterrizan esta semana de vacaciones en las carteleras nacionales y es que algunos de ellos ya se adelantaron al viernes pasado, aunque hay que felicitarse por la llegada a las salas de una de las películas españolas más esperadas del año.

La peli del (largo) finde.


Ya está aquí. Tras unos largos meses de pre-campaña (recuerdo haber visto por primera vez el tráiler en una sala de cine en un pase de El artista y la modelo, de Fernando Trueba, allá por el pasado noviembre de 2012), llega a las salas comerciales Los últimos días, el regreso a nuestra cinematografía de los hermanos Álex y David Pastor, tras su debut en el largometraje en USA (avalados por la todopoderosa compañía de los Weinstein) Carriers (Infectados) (2009). Como en aquella, Los últimos días vuelve a navegar por un futuro (o presente) apocalíptico, donde una misteriosa epidemia, parecida a la agorafobia pero con resultado mortal, se extiende a nivel mundial, haciendo que las personas no puedan salir al exterior, viéndose obligados a refugiarse en los edificios y demás sitios cerrados. Marc un informático atrapado en su empresa tratará de encontrarse con su chica a través de la línea del metro y túneles improvisados bajo una inhóspita Barcelona. De entrada, hay que congratularse de que el género de ciencia-ficción parezca empezar a arraigarse en nuestra cinematografía, donde el cine de género en general (salvo el fantástico, con más larga tradición) ha sido siempre terreno vetado a nuestros cineastas, algo que la nueva hornada de realizadores (con una cultura audiovisual eminentemente influenciada por la industria americana) parece querer desterrar para siempre. ¡Bienvenidos sean! Claro, que para hacer buen cine de género (y no serie B o Z) hay que contar con los medios suficientes, algo que a tenor de las imágenes con las que nos han bombardeado, Los últimos días parece cumplir, aunque ya se haya alzado alguna que otra voz que nos haga pensar lo contrario. A la espera de que se hagan públicas las opiniones de los expertos en los medios oficiales, los que ya la han visto coinciden en que estamos ante un producto de estupenda y admirable factura, con una premisa argumental ciertamente atrayente y cuyo interés no decae a lo largo de un metraje gozoso y pleno de aciertos, valgan como ejemplos las opiniones publicadas ya en la Revista Acción o en la web La noche amercina. Para actoresSinVergüenza, aparte de que como amantes del cine patrio que somos, ardemos en deseos de visionar el que parece estar llamado a ser uno de los títulos del año por excelencia (con unos más que previsibles buenos resultados en taquilla y, también, posibles candidaturas a los próximos Premios Goya), nuestros grandes ganchos para ir al cine son un atractivo reparto, que encabeza nuestra estrella de la semana, el aspirante a estrella indiscutible del año, Quim Gutiérrez, cuyo trabajo en la cinta de los Pastor ha obtenido (hasta el momento) notables adeptos, aunque la opinión generalizada es que la película pertenece indiscutiblemente al gran Jose Coronado, que parece sacarse de la manga otro de esos anti-héroes de vuelta de todo que tan bien le salen y con cuyo concurso en Los últimos días se erige en el intérprete abanderado de la nueva ola del cine de género en nuestro país, pues no olvidemos que ganó el Goya gracias a una de las mejores muestras recientes de thriller, No habrá paz para los malvados (2011), de Enrique Urbizu, y justo hace unos meses estrenaba otro ejemplo más, El cuerpo (2012), de Oriol Paulo. Junto a ellos, colorean esta lucha por la supervivencia dos de las mejores (y más desaprovechadas) actrices jóvenes del panorama actual, aunque parece ser que en roles poco desarrollados que les proporcionan escaso o nulo lucimiento: Marta Etura (¿eterna chica de la película/novia del protagonista? Productores españoles, ¡hagan algo ya!) y Leticia Dolera (confiamos que tras el éxito de Rec3, Génesis (2012), de Paco Plaza, despegue de una vez su filmografía y este sea sólo el primer y tímido primer paso).

¿Bienvenido, Mr. Marshall?


Como viene siendo habitual, no, desde luego. Y es que una vez pasada la euforia de la intensa campaña de premios (Oscar en cabeza), comienzan a llegar a nuestras salas todos aquéllos títulos desechables y execrables procedentes de USA, además con un número inalcanzable de copias, copando absolutamente todas y cada una de las salas españolas, impidiendo una competencia justa para otras cinematografías (la nuestra, sin ir más lejos). Por ello, se estrena ahora G.I. Joe: Retaliaton (G.I. Joe: La venganza), de Jon Chu, temible, innecesaria y convencional secuela que sólo sirve para recordarnos lo tan acabado que anda ya el mito de Bruce Willis (aquél que muchos veneramos tras Pulp Fiction), ahora al servicio del vil metal secundando a una pandilla de mediocres y asesinables intérpretes de la talla de Channing Tatum o Dwayne 'The Rock' Johnson. Efectivamente, G.I. Joe tiene su público bien predefinido, lo que esperamos es que su abultada llegada a las salas no colapse la taquilla y nuestra apuesta para este fin de semana, Los últimos días, logre aventajar a tan todopoderoso blockbuster en rendimiento por copia.

Si hace unas semanas teníamos que hablar de un innecesario acercamiento a la creación literaria con el estreno de Anna Karenina, ésta retomamos el tema de las oportunistas revisiones de grandes clásicos de la literatura con la llegada a los cines de Great Expectations (Grandes esperanzas), con la que Mike Newell vuelve a llevar a las pantallas la inmortal novela de Charles Dickens. En estilo, forma y espíritu, esta nueva versión parece ganarle por goleada a la última, falsamente moderna e insoportablemente apastelada revisión que llevó a cabo con notable laxitud el mexicano Alfonso Cuarón allá por el año 1998, con una pareja protagonista de lo más sosa: Ethan Hawke y Gwyneth Paltrow. Pero esta mera comparación no hace de la cinta de Newell una gran película, pues toda la brillantez formal de la cinta sólo sirve para considerarla una adaptación muy correcta y estimable que no resiste un envite comparativo con la que sigue siendo la mejor adaptación cinematográfica de esta historia: Cadenas rotas (1946), del imprescindible David Lean. El único punto de interés, por tanto, lo ofrecen las colaboraciones de dos intérpretes británicos de alta categoría: Ralph Fiennes y Helena Bonham Carter, que muy probablemente se comerán con patatas a la joven y casi desconocida pareja de (guapos) protagonistas.

El último de los títulos que accede hoy a las carteleras lo hace con nada menos que tres años de retraso y se trata de otra adaptación literaria, esta vez debida a Italia, dispuesta a exportar sus éxitos culturales a toda costa. Ahora le ha tocado el turno a otro famoso best-seller procedente del país de la bota, La solitudine dei numeri primi (La soledad de los números primos), de cuya adaptación se ha encargado Saverio Costanzo. Echando un vistazo a las críticas vertidas por la prensa especializada, esta puesta en imágenes de la novela de Paolo Giordano, ya que ha tardado tres años en llegar a nuestras pantallas, bien podrían haberse ahorrado los trámites y los papeleos. Según opiniones recogidas en Filmaffinity, Carlos Boyero, de El País, habla de ella en los siguientes términos: "Un relato caótico y desprovisto de la menor capacidad de emoción (...) sucesión de dislates tan retorcidos como pobremente expresados". Y Luis Martínez, de El Mundo, dice: "Una bobería. (...) Si la novela ha convencido a tantos es, sin duda, por su habilidad para, hablando de alguien ajeno, en realidad, ocuparse del que lee. Como tantas. Pero no hay ni rastro de esto tan básico sobre la superficie de la pantalla.". Pues eso, sólo recomendable para fans acérrimos de la novela original (entre los que no me encuentro).

Hasta aquí nuestro repaso a los estrenos en este inicio de puente. ¡Qué disfrutéis todos mucho (malditos) de estos días de descanso yendo mucho al cine! Yo no sé si podré si quiera, aunque de hacerlo, mi apuesta es clara: cae fijo Los últimos días. ¿Y vosotros, cuál vais a ver? Recordar: mejor la VOSE.

¡¡Un saludo Sinvergüenzas!!