lunes, 25 de noviembre de 2013

Jordi Cadena nos golpea con "El miedo" a flor de piel.


Calificar a La por (El miedo) como un título más sobre la violencia de género es hacerle un flaco favor al nuevo trabajo tras la cámara del veterano realizador catalán Jordi Cadena, adaptación del cuento "M", de Lolita Bosch. Porque aún reconociendo que sí, que La por fija su objetivo en un estigma social firmemente arraigado en nuestra población, también es cierto que tal denominación conlleva connotaciones hasta cierto punto peyorativas sobre la calidad última de un filme adscrito a esta temática. Las necesarias campañas de concienciación ciudadana, unidas al estereotipo al que ha recurrido muchas veces el cine a la hora de abordar el tema, han dado de sí una generalizada reserva por parte del público hacia las cintas que osen hablar del asunto. Lo que podría repercutir en que más gente de la debida termine por no interesarse por un título como La por, absolutamente necesario por lo que denuncia y del todo imprescindible por cómo se aparta de los usos habituales para contarnos lo que otros muchos ya han hecho, pero desde una óptica radicalmente distinta, demoledoramente efectiva, tanto como lo era la anterior película del director, Elisa K, co-dirigida junto a Judith Collel, sobre otro tema también áspero como la pederastia; conformando entre las dos obras un díptico ejemplar que invitan a hablar de Cadena como de uno de los autores más sugestivos y turbadores del Cine Español moderno.


Porque en La por no vamos a asistir a la exhibición explícita del mal trato, de esa violencia doméstica que, por desgracia, ocupa los titulares de la prensa día sí y día también, a veces más por la escabrosidad y la truculencia que tal hecho lleva consigo. La por prefiere optar por centrar su objetivo en eso que no trasciende en los periódicos: el miedo enfermizo y paralizante de las víctimas a lo largo de una única jornada absolutamente rutinaria. Ese miedo que obliga a abrir los ojos en la oscuridad de la habitación y a atender con oídos expectantes a todos los insignificantes ruidos que el monstruo en cuestión pueda generar de forma ordinaria en su proceder matutino. El inicio de la película no puede ser más contundente: Cadena no precisa mostrar al 'malo' para lograr con pocos elementos (un montaje sumamente ilustrativo y el magnífico empleo del sonido dentro y fuera de campo), infundirnos esa descorazonadora sensación de pavor que recorre las imágenes. Es tanta la efectividad instantánea que se logra tras la apertura del filme que incluso podríamos hablar de él como de uno de los más logrados e inclasificables ejercicios de terror vistos en una gran pantalla.


La economía, en todos los sentidos, viene a ser una de las mayores virtudes de un filme que, por ejemplo, apenas supera la hora y cuarto de metraje. En tan poco tiempo, Cadena consigue, con escasos pero eficaces recursos, construir una de las películas más desalentadoramente incómodas de visionar del cine actual. La asepsia y distanciamiento con el que la cámara asiste al devenir de los tres personajes protagonistas duele por la sensación de impotencia que genera la sobria y elegante planificación de Cadena, así como también el hábil manejo de ciertos procedimientos (los desenfocados, el magnífico y terrorífico empleo del fuera de campo, los planos fijos mantenidos por largo tiempo y que infunden una considerable tensión), que logran zarandearnos hacia una perturbadora implicación no exenta de recelo. Lástima, como único pero achacable a un título que roza la perfección, la inclusión en mitad de la función de esos preciosistas flash fowards que anticipan de modo molesto el final de la película, lo que resta impacto a un desenlace de no poca conmoción, que puede pecar tal vez de excesivamente precipitado, pero que se nos antoja del todo coherente como conclusión a una trama minada de una atmósfera tan malsana como claustrofóbica.


Dura, implacable y devastadora película que ofrece, en su campo interpretativo, varios favoritos a figurar entre los próximos candidatos a los Premios Goya: un ajustadísimo y matizadísimo Igor Szpakowski que, a pesar de su juventud, se marca un trabajo cargado de una madurez incuestionable, como ese adolescente lleno de rabia, impotencia y miedo, que intenta refugiarse en sí mismo, sin conseguirlo del todo, mientras trata de encontrar, dentro del mismo infierno, una solución que, en absoluto, se encuentra a su alcance. La mirada del actor, oscilante entre la perplejidad y la rebeldía, se torna pronto en el doloroso narrador involuntario de la película y todo lo que acontece interiormente a su personaje nos llega de forma nítida gracias al vínculo robusto que La por establece entre el espectador y el detallado trabajo de Szpakowski. También duele mirar el trabajo de Roser Camí como esa madre literalmente anulada que ha asumido, con no poco estoicismo, la presencia en su cuerpo de los moratones, que se resiste a rebelarse y se conforma con seguir viviendo por inercia. En su piel, Camí ejemplifica el absentismo de voluntad propia en su rol, ejecutando con notable delicadeza el ensimismado automatismo de su personaje, dando de sí un trabajo riguroso y templado, que termina por romperse en un convulsivo y desgarrador clímax dramático. Por último, intachable resulta la labor de Ramón Madaula, quien apenas necesita levantar la voz para transmitir y justificar toda la aprensión que destila la película. Rotundo y circunspecto, el trabajo de Madaula inserta incluso amargos apuntes que nos hablan incluso de ese otro 'miedo', el que padece el maltratador a quedarse irremediablemente solo, y que lanzan a La por, con su desenlace, hacia otro grado de reflexión, hasta el momento inaudito dentro del audiovisual español sobre la violencia de género.


Puntos fuertes al Goya 2014:
- Mejor Película.
- Mejor Director: Jordi Cadena.
- Mejor Guión Adaptado: Jordi Cadena y Núria Villazán.
- Mejor Actor Secundario: Ramón Madaula.
- Mejor Actor Revelación: Igor Szpakowski.
- Mejor Actriz Revelación: Roser Camí.
- Mejor Dirección de Fotografía: Sergi Gallardo.
- Mejor Dirección Artística: Eva Torres.
- Mejor Maquillaje y Peluquería: Maru Errando.
- Mejor Montaje: David Gallart.
- Mejor Sonido: Biel Cabré (montaje), Daniel Fontrodona (directo) y Albert Manera (mezclas).

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