martes, 30 de abril de 2013

Buen arranque para (de)caer en la fórmula de siempre.


El recurso a la cámara subjetiva como instrumento para conferir horror a unas imágenes anodinas y cotidianas se ha convertido en algo absolutamente devaluado tras haberse convertido en una constante más del género, en un rasgo definitorio más que una simple característica, de muchos de los títulos adscritos a un género, en verdad, muy carente de ideas innovadoras. La cámara subjetiva fue una de ellas a principios de este siglo gracias al impacto comercial (que no crítico) protagonizado por The Blair Witch Project (El proyecto de la bruja de Blair) (1999), de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez. Un recurso que perfeccionó, confiriéndole un tono más hiperrealista en clave de telerreportaje, la saga [·REC], puesta en pie en el 2007 por Jaume Balagueró y Paco Plaza, pero que devaluó hasta convertirlo en mera atracción de feria, en un elemento decorativo que no aportaba ya nada a la narración, la cansina saga Paranormal Activity, inaugurada también en 2007 por Oren Peli. Con semejantes referentes, y con una quinta entrega de Paranormal Activity a punto de aterrizar en las salas, se hace obligado preguntarse la causa de la existencia de una película como Emergo (2011), debut en la dirección del prometedor cortometrajista Carles Torrens.


Si obviamos tales referentes y, tratando de no referirnos a ella como la "paranormal activity española", hay que reconocer en esta cinta no poca inteligencia argumental, pues esta propuesta que podría fácilmente quedarse encasillada en "otra película más de casa encantada narrada a través de cámara subjetiva", revela pronto una entusiasta capacidad para traspasar los clichés y los lugares comunes inherentes al género y edificar un desasosegante drama de atmósfera turbia y enraizante en sus primeros minutos, a través de una especialización altamente depurada en parapsicología, tomando como excusa la visita de tres expertos a un piso privado con el fin de esclarecer los extraños sucesos que afectan a sus habitantes: un padre viudo, su hija adolescente y su hijo de cuatro años. Mientras el espectador asiste intrigado a la explicación de numerosos tecnicismos por parte de los expertos en la materia, el guión (escrito por Rodrigo Cortés, de ahí su buena dosificación y eficacia) se va deshilvanando de forma ambigua, acercándose por momentos al análisis de la psicología de esa familia desestructurada, a veces tanto que parece olvidar su natural condición de "película de terror" para erigirse en un contundente, desolador y áspero drama sobre la culpa y la pérdida.


He aquí donde encierra Emergo su gran virtud, ésa que la distingue para bien del grueso de la producción de género actual. Porque al mismo tiempo que se van desmoronando los pilares que sustentan esa unidad familiar, Torrens acierta en pleno al insertar momentáneos, puntuales y pormenorizados golpes de efecto (sonoros y visuales) que fomentan el estado de malestar en los personajes, cada vez más puestos al límite, y en el espectador, cada vez más incómodo ante el discurrir de los acontecimientos. Este milimétrico y ajustado racionamiento de los elementos de terror, a lo que ayuda el sabio uso de los formatos y texturas obtenidos por las diferentes cámaras de filmación, pierde eficacia hacia el último tercio de la cinta, cuando la película desvela a las claras sus cartas y apuesta de frente por el efectismo radical, optando por mostrar todo lo que hasta entonces se había, convenientemente, sugerido y perdiendo, de este modo, el único rasgo diferenciador que la situaba por encima de la media.


Una verdadera lástima, pues en su recta final, Emergo se vuelve excesivamente explícita y el miedo y el estado de permanente alerta que nos había acompañado desde su inicio desaparecen para dar lugar a una mueca de estupor ante tamaño giro tonal, donde toda la atmósfera malsana creada en el interior de ese piso familiar es sustituida por artillería de manual con el único propósito de cerrar a lo grande un filme que, de haberse mantenido fiel a sus parámetros iniciales, quizás hoy contáramos entre los más destacados del género y no como una muestra más de las paranormal movies, ni mejor ni peor. Eso sí, contiene un verdadero tour de force del actor estadounidense, habitual secundón, Kai Lennox, aquí en el papel del padre protagonista, apechugando con un intenso y furioso monólogo de catártica ejecución y con breves intervenciones de los españoles Fermí Reixach y Francesc Garrido, ambos en realidad meramente correctos, como el resto del reparto, todos al servicio de una película lamentablemente decepcionante por su manifiesto y cabreante apego final a la fórmula conocida, en lugar de encarrilar el camino más vagamente sofisticado por el que había transitado en su primera parte.


Puntos fuertes a los Goya 2014*:
- Mejor Dirección Novel: Carles Torrens.
- Mejor Montaje: Rodrigo Cortés y José Tito.
- Mejores Efectos Especiales: Kike Blanco.

*La película, fechada en 2011, no ha figurado candidata previa en ninguna edición todavía.

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